Igual de mezquino es no asistir a la marcha del 6 de marzo que a la del 4 de febrero. La marcha no debe excluir a quienes apoyan al Gobierno pero condenan toda clase de violencias y atrocidades.
Artículo de Oscar Collazos. Tomado de eltiempo.com
Jueves 14 de febrero de 2008
A la marcha del próximo 6 de marzo le salieron dos enemigos: José Obdulio Gaviria y las Farc. El primero la condena y los segundos la defienden. Así que lo que Salvatore Mancuso fue a la marcha del 4F, lo serán las Farc para la del 6M. ¿Dónde situar entonces a Gaviria?
Era comprensible que Mancuso se sumara a una convocatoria contra las Farc. Es la organización guerrillera que le sirvió de pretexto para la comisión de crímenes atroces. Su posición era consecuente con uno de los objetivos de las Auc: la guerra antisubversiva que libraba con la ayuda de agentes del Estado. Aun hoy, las acciones de esa guerra revelan un tejido de complicidades criminales que la Corte Suprema de Justicia trata de desenredar en medio de toda clase de obstrucciones externas. La confesión -hasta hoy- de más de 4.800 crímenes, justificaría por sí sola la razón de ser de esta marcha.
Pero si la posición de Mancuso era comprensible, lo es menos la del consejero presidencial. Estamos ante un hombre inteligente y bien preparado, formado en la Academia y deformado en la política. Nada, como no sea la tozudez propagandística, justifica que, para rechazar a las Farc, se oponga al acto de ofrecer solidaridad a las víctimas de atrocidades que repugnan a la ética de cualquier intelectual.
Es bastante extraño que uno y otro coincidan en el rechazo a la marcha por las víctimas de crímenes, desapariciones y desplazamientos forzados. Ambos creen que esta manifestación de solidaridad y de justicia, esencialmente simbólica, es promovida por las Farc. Lo que resulta paradójico es que, al ser defendida por esta guerrilla, la marcha del jueves 6 de marzo puede caer en el más imperdonable de los vicios: ser una manifestación proselitista.
Aunque no haya sido concebida como manifestación de ningún grupo político de izquierdas o de oposición, la marcha es aceptada por la oposición como una manifestación de solidaridad con las víctimas del paramilitarismo.
Debe ser, sin embargo, algo más importante e incluyente que esto. Si no lo es y se queda en una marcha de la oposición, su fuerza ética será también su mayor debilidad: excluiría a los colombianos que apoyan al gobierno Uribe pero condenan toda clase de violencias y atrocidades políticas.
Así como resultaba mezquino no asistir a la marcha del 4 de febrero porque el Gobierno, las grandes empresas de medios y la derecha habían puesto recursos para que fuera el éxito masivo que fue, igual de mezquino resulta arengar ahora contra la marcha del 6M porque la guerrilla está llamando a marchar contra los crímenes de los paramilitares, volviendo antagónicas y excluyentes las marchas de febrero y marzo.
En estas circunstancias es difícil pero no imposible poner en primer lugar el concepto de ciudadanía. Hay que empezar por aceptar que si se marcha en esa fecha no es porque las Farc estén pidiendo hacerlo o porque el consejero de marras pretenda torpedear esta iniciativa ciudadana. Ambos se amparan en la perversión moral del pragmatismo, la reducción de la verdad a un choque excluyente de contrarios.
Pienso que el sentido de la justicia y la solidaridad humana nos exige la responsabilidad de devolverle a cientos de miles de víctimas del paramilitarismo tantas o más razones morales que las que, desde experiencias dolorosas distintas, ofrecimos a las víctimas de los secuestros y crímenes de las Farc. Aunque resulte difícil ser solo y sencillamente ciudadano, se impone serlo por encima de las consideraciones estratégicas y propagandísticas de las fuerzas en conflicto.
Óscar Collazos
Afiliaciones
Buscar
Herramientas
![]() |
En la sección Actualidad