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Los gitanos colombianos: el pueblo invisible

Polo Democrático Alternativo
Martes 9 de octubre de 2007

Por: ANDRÉS GRILLO D.

Herederos de una larga tradición y víctimas de innumerables persecuciones étnicas, los miembros del pueblo Rom (Gitano) están empeñados en pasar inadvertidos. Esta semana llevaron a cabo una reunión nacional en Santander, pues aparte de recordar su pasado desean reflexionar sobre su futuro en Colombia. Esta es una crónica de un pueblo invisible.

[Girón, (Santander)]. Esta semana mientras el país se sacudía de extremo a extremo con el estruendo de las bombas y le fragor de los combates, en un rincón del municipio santandereano de Girón se llevó a cabo un encuentro que no puede ser calificado menos que de singular. Durante dos días representantes del pueblo Rom, mejor conocido por el resto de los colombianos como Gitanos, se reunieron para discutir, su presente y, sobre todo, su futuro en Colombia**.

La nostalgia

Aunque los Gitanos llevan más de cuatrocientos años recorriendo el continente americano, su presencia en el país puede rastrearse a través de su memoria oral sólo hasta unos ciento cincuenta o ciento sesenta años atrás. Ya es posible encontrar documentos de principios de este siglo, [XX], uno escrito y otro gráfico, que atestiguan su paso por el territorio colombiano.

El testimonio escrito es de un periódico bogotano que en mayo de 1913 da cuenta de la presencia de un campamento Gitano en un sitio a quince minutos del centro de la ciudad. El autor, que firma con el seudónimo de Tic-Tac, describió así el ambiente bajo los toldos:

“Hay un grupo de hombres que en cuclillas rodean una bandeja en donde humean pocillos de metal con café tinto. Parlan una jeringonza más ininteligible. El fotógrafo les pide la venia para tomarles un grupo. Ellos se niegan. No dan la razón. No cultivan relaciones con los lentes fotográficos”.

Más que con éstos de lo que preferían mantenerse alejados los Gitanos es de todo aquello que los hiciera visibles. No aparecer, no hacerse sentir, era su estrategia para vivir tranquilos. Así se ve un grupo de ellos en una foto tomada en 1924 en Suaita (Santander).

Bajo un toldo posan los hombres con las polainas distintivas de los que se dedican al comercio de caballos. Esta actividad y el trabajo en cobre son tradicionales de este pueblo. Las mujeres aparecen con vestidos largos, mostrar las piernas está mal visto, y pañoletas que identifican su condición de casadas.

La vida en carpas, hechas de lona arreglada con parafina para que no la traspasara el sol ni el agua, les duró a los Gitanos hasta que la violencia se los permitió. Aún hay quienes la añoran. Una Gitana madura, de pelo más bien corto e intensos ojos azules, que vivió veinticinco años de esta manera, no ha podido olvidar este tiempo.

Ella, que prefiere no identificarse, recuerda que “las carpas se instalaban como una casa, separados los espacios con cortinas. Como no había sillas se usaban colchones de plumas de ganso para sentarse. Éramos más unidos. Nadie tomaba el tinto solo. Vivíamos felices. La de carpa era una vida más linda”.

Minoría entre las minorías

Nadie sabe cuántos Gitanos viven hoy en Colombia. Los investigadores calculan que su número oscila entre dos mil y diez personas máximo. También es posible encontrar Gitanos colombianos en países como México, Panamá, Venezuela y Perú.

Los Rom de ahora ya no viven en carpas y se mueven mucho menos que sus antepasados. Están instalados en lo que ellos denominan kumpania, que son grupos de diverso tamaño, asentados en uno o varios barrios de una ciudad o población. En el país las más grandes son las de Cúcuta, Bogotá, D.C., Cali, Barranquilla, Cartagena y Girón. Las de Pereira y Medellín se acabaron porque sus miembros emigraron hacia otros lugares.

Al abandonar el nomadismo que siempre los caracterizó, los Gitanos tuvieron que transformarse. Sin embargo, muchas de sus tradiciones y costumbres se han mantenido.

El lenguaje, por ejemplo. Los Gitanos además del castellano hablan el romanó, la lengua Gitana universal. Aunque lo usan de manera habitual, según pudo constatar el historiador Juan Carlos Gamboa Martínez, no lo escriben y poco lo leen. Continúan siendo un pueblo oral.

Su historia se transmitía antes de padres a hijos gracias al espacio de comunicación que permitían los toldos. “Eso era antes de que apareciera la televisión”, dice Daysi, una bella Gitana de veinte años, estudiante de ingeniería química de la Universidad Industrial de Santander (UIS). La única que estudia de la kumpania de Girón.

En la actualidad lo único [sic] oral que les queda es la kriss o ley Gitana, aplicada por un consejo de ancianos de la comunidad que lleva el mismo nombre. Sobre este derecho es muy poco, por no decir nada, lo que saben los gadye, es decir, los no Gitanos.

La kriss es un motivo de orgullo para los Rom. Ellos dicen que es una ley justa ante todo, que soluciona los problemas sin violencia y está acorde con el espíritu pacifista que los caracteriza.

“La peor sanción que puede recibir un Gitano es la expulsión del grupo y su destierro, con lo que pierde todos sus derechos e incluso deja de ser considerado en su pertenencia étnica. Cuando un acusado ha sido reconocido inocente la kriss manda a celebrar un banquete de rehabilitación”, escribieron al respecto Juan Carlos Gamboa Martínez, Hugo Alejandro Paternina Espinosa y Venecer Gómez Fuentes, en un artículo inédito sobre los Gitanos.

Alegría ante todo

La fiesta es un evento fundamental en la vida de este pueblo. Las más importantes son las que se celebran para conmemorar el día de la Virgen del Carmen, el año nuevo, la pedida de mano de una joven, el matrimonio y la pérdida de la virginidad de la recién casada.

Para cada uno de estos momentos hay una celebración diferente. Antes, las reuniones de matrimonio podían durar tres o cuatro días y costar entre cuarenta y cincuenta millones de pesos. Hoy, debido a la situación general del país, las fiestas son más cortas y menos caras. Los tiempos han cambiado, dice un Gitano, “antes matábamos ocho o nueve cerdos diarios durante las fiestas. Ahora se sacrifican sólo hasta tres para cada día”.

Pero la alegría de los Gitanos se manifiesta también en sus vestidos, en especial en los de las mujeres. Éstas pueden ser, sin ánimo de exageración, unas de las mujeres más hermosas de Colombia. Son altas, espigadas y esbeltas, de pelo largo y sonrisa amplia. Ellas mismas diseñan sus vestidos que otra mujer de la familia o kumpania se encarga de coser. Al verlas se entiende el celo con que las cuidan y el empeño que puso su pueblo en pasar inadvertido, como si fueran invisibles sobre la tierra.

El futuro de los Rom

Por cuenta del viejo Melquíades, un hombre corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, los Gitanos fueron protagonistas de “Cien Años de Soledad”, la novela de Gabriel García Márquez que no necesita mayor presentación. Esta aparición fugaz los libró del olvido pero no los sacó de él.

Mientras quisieron permanecer en el anonimato esta situación no les importó. Pero el mundo cambió. Ahora sus formas tradicionales de ganarse el pan, el negocio de caballos y el comercio de artículos artesanales d cobre, no les dan para vivir y pueden desaparecer. Y la lectura de la bienaventuranza que realizan las mujeres es más el ejercicio de lo que consideran un don divino que una actividad rentable.

Las kumpeniyi lo saben, por eso se reunieron en Girón para buscar la manera de organizarse y lograr que el Estado los reconozca como una entidad tribal, lo cual les otorgaría ciertos beneficios similares a los que cobijan a los pueblos indígenas y Raizal y comunidades negras del país.

En este proceso han contado con el apoyo del Ministerio del Interior, el Ministerio de cultura, la Procuraduría General de la Nación y el senador indígena Francisco Rojas Birry. En la reunión de Girón hubo un avance y fue que lograron elegir un representante: Venecer Gómez Fuentes, un joven Gitano, estudiante de Derecho en la Universidad Industrial de Santander (UIS).

Gómez Fuentes ocupó el cuarto renglón de la lista de Rojas Birry en las elecciones al Senado y podría representar a su pueblo en la reunión de Gitanos de la Unión Europea que se llevará a cabo este semestre en España.

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