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Lucho y el Polo

Lucho y el Polo
Domingo 16 de diciembre de 2007


- "El deslinde de Lucho se basa en buena parte en una apreciación distinta de la que tiene la izquierda radical con respecto a la situación del país y sobre los resultados de la gestión del Gobierno Nacional", manifiesta el columnista Alfredo Rangel.

- "... es necesario que dentro de la izquierda se profundice el deslinde entre pragmáticos y radicales, reformistas y revolucionarios. Esto para la izquierda puede tener un costo en lo inmediato, pero con seguridad que a largo plazo la ganancia podría ser mucho mayor. Por esto, por todo lo anterior y por su incuestionable liderazgo, en las próximas elecciones presidenciales más necesita el Polo a Lucho, que Lucho al Polo", asegura.

Para construir una Colombia más democrática y justa, es útil el aporte de una izquierda sensata y realista.

Lucho Garzón está animando de manera inusitada el cotarro político. Ha iniciado su campaña presidencial aun antes de despedirse de la Alcaldía de Bogotá y la manera como lo ha hecho anticipa que en él tendremos los próximos años a una de las figuras más importantes, punzantes y refrescantes de la política nacional.

Su estrategia se basa en provocar un nuevo deslinde en la izquierda colombiana, la cual, durante los últimos años, ha venido evolucionando gradualmente hacia posiciones políticas más realistas y pragmáticas, sin renunciar a sus principios y valores. Claro, no toda la izquierda, porque parte de ella continúa aferrada a visiones anacrónicas del Estado, la sociedad y la economía, incapaz de revisar sus viejas creencias para adaptarlas a las realidades cambiantes de los tiempos.

El deslinde de Lucho se basa en buena parte en una apreciación distinta de la que tiene la izquierda radical con respecto a la situación del país y sobre los resultados de la gestión del Gobierno Nacional. Lucho tiene el valor y la sensatez de reconocer los importantes logros alcanzados por el país durante los cinco años de gobierno de Uribe: alto crecimiento económico, más seguridad, menos desempleo, reducción de la pobreza, etc. Algo que es tan evidente y que, sin embargo, algunos de sus compañeros de viaje en el Polo niegan de plano, y cuando se ven abrumados por los hechos alegan que todos los datos y las cifras están manipulados por la propaganda oficial.

Cuando Lucho reconoce esos avances está reconociendo, al menos en parte, la bondad y la eficacia de las políticas gubernamentales que contribuyeron a lograrlos, y la conveniencia de algún grado de sano continuismo. Y esto para los radicales de izquierda es anatema. ¿Reconocerles éxitos a la seguridad democrática y a la política económica, o aceptar la necesidad del TLC? Nunca.

Lucho también plantea la conveniencia de invitar a un proyecto político amplio a personalidades del uribismo o del Partido Conservador, como, por ejemplo, Luis Alberto Moreno, gestor principal del Plan Colombia y promotor del libre comercio donde los haya. Esta actitud de apertura, este deslizamiento hacia el centro del espectro político es una blasfemia para la izquierda radical irredenta, que prefiere mantenerse en su pequeño gueto, impoluto y marginal, de los puros y los duros. En su visión mecanicista de la política, cualquier movimiento desde la izquierda hacia el centro es una capitulación ante la derecha.

Por supuesto que la izquierda tiene derecho a existir en Colombia. Pero nadie puede otorgarse su exclusividad, ni proclamar el inmovilismo como un principio. Es casi inevitable el surgimiento de varias izquierdas. Creo que aquí está a punto de suceder lo que en España, cuando el PSOE, tras una dura lucha interna, bajo la dirección de Felipe González, decidió abandonar el marxismo y la lucha de clases, impulsar el ingreso de España a la Otan, aceptar los principios de la economía de mercado e insertar su país en la Unión Europea. Eso les garantizó el favor de los españoles. Por su parte, rezagados, aislados y reducidos quedaron los izquierdistas radicales y fundamentalistas, hoy sobreviviendo en un partido minoritario y marginal llamado Izquierda Unida (IU). Creo que Lucho conoce esta historia y prefiere ser PSOE que IU.

Para construir una Colombia más democrática y justa es conveniente el aporte de una izquierda sensata y realista. Pero para ello es necesario que dentro de la izquierda se profundice el deslinde entre pragmáticos y radicales, reformistas y revolucionarios. Esto para la izquierda puede tener un costo en lo inmediato, pero con seguridad que a largo plazo la ganancia podría ser mucho mayor. Por esto, por todo lo anterior y por su incuestionable liderazgo, en las próximas elecciones presidenciales más necesita el Polo a Lucho, que Lucho al Polo.

* Tomado de eltiempo.com.co


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