De los apartes conocidos de la versión libre rendida por Salvatore Mancuso ante la Fiscalía, se desprenden gravísimos cargos a preclaros dirigentes colombianos, tanto del sector público como del privado. Ante el hecho, no tan sorpresivo, no sólo los propios implicados sino algunas personas que hasta ayer clamaban por el conocimiento de la verdad plena, han esgrimido un trillado mecanismo de defensa: "¡Qué crédito pueden merecer las palabras de un criminal!".
Artículo de Carlos Gaviria Díaz, Presidente del Polo Democrático Alternativo.
Carlos Gaviria Díaz
Lunes 28 de mayo de 2007
De los apartes conocidos de la versión libre rendida por Salvatore Mancuso ante la Fiscalía, se desprenden gravísimos cargos a preclaros dirigentes colombianos, tanto del sector público como del privado. Ante el hecho, no tan sorpresivo, no sólo los propios implicados sino algunas personas que hasta ayer clamaban por el conocimiento de la verdad plena, han esgrimido un trillado mecanismo de defensa: "¡Qué crédito pueden merecer las palabras de un criminal!" Más despacio y con mejor letra, por favor. El que Mancuso haya cometido crímenes horrendos confesados por él mismo, no lo hace del todo inepto para decir verdades contrastables (también) por otros medios. Algo más: me aventuro a afirmar que Mancuso les ha hecho a sus antiguos amigos una exhortación con un fuerte ingrediente ético: "Yo he cometido crímenes de los que ustedes se han beneficiado, y estoy asumiendo la responsabilidad que me corresponde. Asuman ustedes la suya". Concluyente. Es una demanda de justicia y tiene todo el derecho de formularla. Porque si no actuó sólo y en su exclusivo provecho sino que en su azarosa empresa tuvo socios y beneficiarios, no es equitativo que sólo él asuma la carga punitiva y socialmente degradante. O sea que él, el criminal confeso, revela en este episodio un sentido ético (!) que sus presuntos cómplices soslayan.
Lo dicho hasta aquí, arroja un poco de luz sobre la bizarra propuesta del Presidente Uribe, de excarcelar (entre otros) a los congresistas inculpados por cargos como concierto para delinquir, en connivencia con paramilitares. Sin duda el señor Presidente responde de ese modo a un reclamo, por lo menos implícito, formulado por quienes han sido sus constantes aliados: "Hicimos lo que hicimos, en beneficio de su proyecto político. No puede usted ahora dejarnos de su mano".
Porque como observaba Lon L. Fuller, profesor de jurisprudencia en Harvard, aun en el mundo subterráneo de la ilegalidad y el delito existen lazos de lealtad y solidaridad que no pueden romperse impunemente. Y hasta se cultivan el orgullo y la altivez que nacen de no haber incurrido en conductas que en ese ámbito se juzgan más viles. Como dice Borges que decía Ernesto Poncio, prototipo del compadre arrabalero: "Ciertamente he estado once veces en la cárcel, pero creameló: siempre por homicidio".
Afiliaciones
Buscar
Herramientas
![]() |
En la sección Actualidad
Más artículos de: Carlos Gaviria Díaz