Perfil
Domingo 13 de noviembre de 2005
Bogotá-. Hace 15 años Antonio Navarro incumplió un pacto. En Santo Domingo (Cauca), en los días previos a la desmovilización del M-19 acordó con su amigo Carlos Pizarro que si a uno de ellos lo mataban, el otro regresaría al monte.
Pero el 26 de abril del 90, cuando las balas acabaron con la vida de Pizarro, cambió de opinión. Ese día le falló, pero ratificó el deseo de ambos de buscar la paz.
Hoy, muchos le reconocen ese gesto. "Es un hombre de inmenso valor. Lo tuvo cuando tomó las armas para defender sus ideas, y lo tuvo para abandonarlas, cuando entendió que ese no era el camino", dijo Carlos Gaviria, el día en que Navarro fue escogido como candidato presidencial del Polo Democrático.
El camino no ha sido fácil para Navarro que hoy está embarcado en su tercer intento por llegar a la Presidencia. A los 57 años sigue luchando con el fantasma de su pasado que le dejó huellas imborrables. En mayo de 1985 fue víctima de un atentado que lo dejó sin una pierna y con dificultades para hablar.
Lo que no logra dejar atrás son las acciones militares del M-19. Unas, catalogadas de ingeniosas o cinematográficas como el robo de la espada de ‘El Libertador’ Simón Bolívar o el de las armas del Cantón Norte. Y otras trágicas como la toma del Palacio de Justicia, hace 20 años.
Aunque no participó en este hecho, por estos días ha tenido que asumir el costo político. El desaparecido periodista Alberto Giraldo también lo puso contra la pared con su libro Mi verdad, en el que relata que Navarro recibió dineros del cartel de Cali.
Navarro, un ingeniero Sanitario de la Universidad del Valle, nacido en Pasto se ha destacado en su trasegar político. Fue uno de los copresidentes de la Constituyente, alcalde de su ciudad natal.
Su polo a tierra, dicen, es su esposa Marcela Bustamente, con quien tiene dos hijos. Gabriel y Alejandro. Camilo, es fruto de otro romance.
El reto de Navarro es derrotar al presidente Uribe, una tarea de por sí dura, dados los altos índices de popularidad del mandatario.
Pero antes deberá medirse con Carlos Gaviria, el candidato de Alternativa Democrática y consolidar el proceso de unión de la izquierda democrática. Quince años después, Navarro no le cumplió el pacto a su amigo, pero intenta hacer realidad su sueño de paz.
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