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Neo Frente Nacional
Tomado de El Espectador
Sábado 11 de marzo de 2006

Bogotá-. Corren vientos hacia la izquierda en América Latina. No son vendavales, pero sí brisas refrescantes que alientan otras utopías. Con excepción de Colombia y Paraguay, donde la derecha tiene sus nidos y pone sus huevos de muerte, el resto del continente busca una democracia real.

¿Cómo explicar nuestra singular desgracia? Hace pocos días, en el programa Hora Veinte, Néstor Morales hacía la siguiente pregunta a sus invitados: ¿A qué se debe la estabilidad política del país? “A que es una democracia madura, la más antigua de América del Sur”, respondía algún gallo de la derecha. “¿A que se sostiene con los 300.000 mil muertos de los años cincuenta y los que se han añadido en las décadas siguientes, incluyendo los tres mil y tantos asesinatos de militantes o simpatizantes de la Unión Patriótica?”, preguntaba irónico otro, no tan convencido de la explicación conservadora. Cualquiera de estas interpretaciones deja por fuera la reiterada fórmula de exclusión a la fuerza usada por caudillos y gamonales cuando el sistema se ve amenazado por los perjudicados. El penúltimo pacto se llamó Frente Nacional (1958-74); al último lo han bautizado Uribismo. Ambos nacen de una similar reacción contra la insubordinación política. El Frente Nacional fue en realidad un acuerdo para subir y no para bajar a Rojas Pinilla. Se pactó para tumbar a Laureano y de paso liquidar a la insurgencia que los gobiernos conservadores, por medio del chulavitismo, habían fortalecido. Uribe ha convocado a las élites con un objetivo similar: acabar con las guerrillas con la ayuda y dirección del gobierno de los EE.UU. En el fondo lo que se busca -en los dos casos- es conservar el monopolio del poder en cabeza de los beneficiados por el estado de cosas: banqueros, comerciantes, industriales, ganaderos, narcos, militares, políticos y tal cual obispo. Basta mirar los apellidos de los prohombres que sellan los pactos de poder, para convencerse de lo poco que ha cambiado el país en siete décadas: los mismos Lleras, los mismos Santos y los mismos Gómez. No en vano el Banco Mundial ha mostrado con números, como le gusta a don Alejandro Gaviria, que la distancia entre ricos y pobres se mantiene inmodificada en estos setenta años.

¿Y, entonces, Uribe qué representa? Pues simple: es la cabeza de la nueva alianza entre la vieja oligarquía y la nueva clase, nacida del narcotráfico, que tiene ejército propio, nuevas consignas y símbolos, y construye un partido político con conservadores y liberales. Una élite remozada que representa un poder económico enorme y que, por lo visto, tiene un horizonte ilimitado; controla la gran propiedad rural y urbana, interviene como gran accionista en el sector financiero -el mismo que el año pasado dejó utilidades por cinco billones y medio de pesos- y cuenta, para rematar, con el apoyo irrestricto de EE.UU. La vieja oligarquía abrió con asco sus clubes a los Don Berna, los Cuco Valoy, los Ernesto Báez y, aunque los abraza con asco, los corteja y necesita. Ha aceptado a regañadientes liquidar sus “partidos históricos” para fusionarse en uno nuevo con la condición, eso sí, de que las familias políticas sigan, por ahora, manejando el aparato. ¿Podría hacer otra cosa? El cuadro histórico se repite: López por fuera, la izquierda excluida y el “gringo ahí”, dándole manivela a la nueva alianza, marcada por un TLC con EE.UU. y el Plan Colombia de EE.UU. El Nuevo Frente Nacional necesita del respaldo militar gringo para sobrevivir y los EE.UU. de los tratados comerciales con todo el mundo para resolver sus problemas económicos y sociales internos. Y nuestro pueblo, amaestrado y obnubilado, se alista sin conciencia a respaldar semejante asociación y semejante proyecto político a cambio de las boronas que caen del banquete. No será por mucho tiempo. Hay sectores que ya no comen lo que les dan y, si no los matan, más temprano que tarde romperán el Neo Frente Nacional que hoy se monta a todo costo. El domingo es la oportunidad para que el Polo Democrático Alternativo dé el primer gran paso en firme contra la gran máquina de los Lleras, los Santos, los Gómez y los Uribe, que deberá responder en el futuro por el reguero de sangre, iniquidad y sufrimiento que deja cuando se echa a andar. Entonces, los vientos nos emparejarán con el resto de América Latina.



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