El director de Noticias UNO dice que no confía "en la mano del presidente Uribe ni en su política de seguridad democrática".
Coronell tuvo que salir del país con su familia por amenazas de muerte.
En entrevista con la revista Cambio, el comunicador asegura que las amenazas provinieron de personas cercanas al Jefe del Estado.
CAMBIO: ¿Usted salió del país hace dos años por amenazas. ¿Por qué regresó?
DANIEL CORONELL: Por la nostalgia del periodismo. En Estados Unidos tenía una vida mucho más tranquila, pero no tenía el trabajo periodístico diario y sin eso no somos capaces de vivir mi esposa María Cristina y yo. Vivir es hacer lo que te hace feliz y a María Cristina y a mí nos hace felices el periodismo.
¿Las amenazas en su contra ya pasaron?
Las últimas amenazas fueron en julio de 2005 pero siento que el peligro no ha cesado. Si embargo, no puedo imponerme una condena perpetua de destierro y además tengo una gran responsabilidad con la gente de Noticias Uno.
¿Dos años después, tiene certeza de quién lo amenazó?
Una parte de las amenazas sé quién las hacía y así lo denuncié. Lamentablemente, en Colombia las amenazas de muerte no son un delito e incluso las que están asociadas a terrorismo reciben penas irrisorias. Y si el que amenaza es rico y poderoso, la posibilidad de impunidad es mucho más alta. En Colombia no hay preso un solo autor intelectual del asesinato de un periodista.
’Noticias Uno’ es considerado como un noticiero de oposición.¿Seguirá en la misma línea?
No diría que es de oposición sino crítico. Fuimos críticos de Andrés Pastrana y de Ernesto Samper, pero nuestros problemas graves de seguridad comenzaron con Álvaro Uribe candidato y luego presidente.
¿Insinúa que el Presidente está detrás de las amenazas en su contra?
No el Presidente, pero sí gente cercana a él. A finales de 2006, invitado a un Comité Editorial de The Washington Post, cuando le preguntaron por mi caso, el Presidente se refirió a mí en términos despectivos. Dijo que me había ido del país por miedo y que si me daba miedo regresar él me mandaba sus escoltas. Eso no puedo interpretarlo como solidaridad de un jefe de Estado y menos cuando dice que Carlos Náder, quien me amenazó y es su amigo, es "simpático y gracioso". No confío en la mano del presidente Uribe ni en su política de seguridad democrática. Vengo a cumplir mi trabajo y para hacerlo estoy dispuesto a ofrecer mi vida.
¿Cómo ve el gobierno de Uribe?
Frente a todo lo que ha pasado en este gobierno, el Proceso 8.000 puede ser de menor envergadura. Lo que pasa es que Uribe tiene ventajas: existe el presidente Hugo Chávez, peligroso dentro de la visión geoestratégica de Estados Unidos, y una sociedad, cansada de los abusos de la guerrilla, que siente cierta simpatía por el paramilitarismo y que piensa que en función de la guerra es posible transgredir ciertas normas. Eso ha hecho que muchas cosas se vuelvan tolerables y que la gente siga viendo a Uribe como una esperanza.
¿Cómo explica la popularidad y el apoyo al Presidente?
Porque hoy la noticia no es lo que la gente quiere ver y por eso el ejercicio independiente del periodismo no es bien visto. Es increíble que ante las relaciones del Presidente con personajes cercanos a los paramilitares, el malvado sea el que las denuncie. El compromiso del periodista es con la verdad, no con la popularidad.
¿Le reconoce algo bueno al Gobierno de Uribe?
Ha logrado una recuperación importante de la seguridad en algunas zonas, y eso ha traído crecimiento económico. Pero los periodistas no estamos para hacer loas.
¿Qué piensa del ejercicio de la prensa frente al Gobierno?
Hay realidades estructurales que benefician a Uribe que no son culpa de él: cuando Samper era presidente había 12 noticieros y hoy hay dos canales privados y tres noticieros independientes; había dos diarios de circulación nacional y hoy solo queda El Tiempo. Antes, la prensa era más diversa, hoy, los dueños de los medios caben en una mesa de bridge. Para colmo de males, buena parte de esos medios no tienen al periodismo como su única base sino que poseen industrias que se benefician con decisiones del Gobierno. Para los canales las noticias perdieron importancia y pasaron a ser algo que sucede entre una telenovela y un reality.
¿Cómo ve a la oposición?
Hay mucha mediocridad y mucha inconsistencia. Admiro al senador Petro por su trabajo en el Congreso, pero encuentro inexplicable que después de denunciar a congresistas como Álvaro García Romero y Álvaro Araújo por sus nexos con el paramilitarismo, termine haciendo alianzas con sus grupos para escoger magistrados del Consejo Nacional Electoral. Manejando por el carril de la izquierda también uno ve prácticas politiqueras. Y al Partido Liberal lo veo confundido. A pesar de los errores, respeto a la oposición porque lo único peor que una oposición mediocre es no tener oposición.