No pongamos palos en la rueda
"... ya comenzaron a escucharse las voces destempladas y a leerse los editoriales aguafiestas de la gran prensa los cuales, en lugar de jalonar el proceso, lo desestimulan".
La periodista y escritora Patricia Lara le pide a los colombianos, pero en especial a los formadores de opinión, comprensión con el tema del intercambio humanitario y con un eventual inicio de diálogos de paz con la guerrilla de las Farc.
“No vamos a ponerle palos en la rueda” al encuentro de Chávez con las FARC, dijo el viernes el periodista Darío Arizmendi. Es un loable propósito que deberíamos hacernos todos, especialmente los formadores de opinión.
Ya el Presidente venezolano Hugo Chávez ha dicho que después de su encuentro con el guerrillero Iván Márquez es optimista en cuanto al progreso del intercambio humanitario y al comienzo de un nuevo proceso de paz en Colombia. Y la senadora Piedad Córdoba también ha manifestado que su optimismo llega al máximo. Sin embargo, en lugar de creerles a los dos que sí pueden tener razones para confiar en este proceso e irradiar el ambiente de energía positiva de modo que sea más factible conseguir que los secuestrados retornen a sus hogares y se abran las puertas de una paz duradera, ya comenzaron a escucharse las voces destempladas y a leerse los editoriales aguafiestas de la gran prensa los cuales, en lugar de jalonar el proceso, lo desestimulan.
A propósito de ese pesimismo que nos invade cada rato y de ese deber que tenemos los formadores de opinión de ayudar a aclimatar la paz, en vez de colaborar en la activación de los campos minados de guerra, quiero relatarles la experiencia que, el jueves pasado, tuvimos los asistentes a un diálogo de 11 horas sobre competitividad y prosperidad colectiva en Colombia, organizado por el Centro de Liderazgo y Gestión, en el que participamos 50 personas de todas las corrientes. Había miembros del gobierno, de la academia, del Congreso, de los partidos tradicionales, líderes del Polo Democrático, empresarios destacados, mamas indígenas, en fin, una gama variada de la dirigencia del país. La reunión estuvo facilitada por el canadiense Adam Kahane, quien de estudiar física y música pasó a convertirse en facilitador y jugó un papel destacado en el proceso de Suráfrica. Él fue quien guió, hace diez años, el llamado Proyecto Colombia que reunió en Quirama a dirigentes de todos los sectores y en el que se dialogó por radioteléfono, de modo permanente, durante los días del encuentro, con representantes de la guerrilla y de las autodefensas. De ese diálogo surgieron unos escenarios de la evolución de la situación colombiana, los cuales se han cumplido al pie de la letra.
Pues bien, a pesar del escepticismo y de la desconfianza que se respiraba en las primeras horas del encuentro del jueves, especialmente entre los miembros del Polo, logramos dialogar durante todo el día y llegar a unos acuerdos mínimos: que en Colombia debe haber una educación enfocada hacia el logro de la convivencia y de la felicidad, que debe construirse una nación próspera a partir de la diversidad de las regiones, que hay que aprender a valorar las diferencias y a utilizar un lenguaje respetuoso de los opuestos, que la sociedad debe ser incluyente, que hay que conocer y respetar las distintas concepciones del mundo cuyo desconocimiento ha llevado al conflicto, que deben fortalecerse las instituciones, que nos urge encontrar un propósito nacional para que caminemos todos hacia su logro, y que reuniones como esa pueden ser la semilla de la consecución de ese propósito. En resumen, que si nos lo proponemos, podemos llegar a acuerdos mínimos que nos permitan convivir en paz y aceptar las diferencias.
Propongámonos, pues, llenar ahora el ambiente de positivismo para que se inicie por fin el recorrido hacia la paz y, como dijo el jueves en el encuentro ese santo admirable que es el padre Pacho De Roux, quien vive para hacer el bien y se mueve sólo cuidado por Dios entre ese Magdalena Medio sembrado de FARC, de ELN, de paramilitares y de Ejército, seamos conscientes de que no hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance para hablarles claro a los actores del conflicto y convencerlos de que dejen de usar las armas de modo que podamos vivir y levantar a nuestros hijos en paz. Y hagámoslo.