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Ejemplo de resistencia civil a los grupos armados
“No vamos a obedecerle a nadie”: Guardia Indígena
Jueves 28 de abril de 2005


- Identidad, unidad, territorio y cultura, esos son los cuatro pilares básicos de la autodeterminación indígena.


- “No vamos a aceptar ese esquema de las Farc, de resolver los problemas con ‘ajusticiamientos’ Nosotros nos creemos en la pena de muerte”, dice la Guardia.

- “Gobierno y guerrilla no nos han entendido y nos quieren volver a someter”, añadieron los indígenas.

- Afirmaron que mientras los colombianos ignoren sus derechos y deberes será difícil que un ejemplo de resistencia civil se propague.

Por Carlos Fernando Álvarez C. / Colprensa

Bogotá.- Los indígenas de la Guardia de Cauca dicen que llevan resistiendo a los embates contra su cultura y su modo de vida desde octubre de 1492, y en territorio colombiano, desde la Conquista y Colonia, razón por la que aseguran no querer obedecerle a los grupos violentos ni a las imposiciones de un Estado que no los respeta.

Con esa claridad aseguran que durante las últimas semanas su actividad, que consideran estrictamente humanitaria, ha quedado en medio de dos fuegos, en un conflicto que califican de absurdo y que no entienden, a pesar de ser uno de los grupos más vulnerables a las balas de los violentos y del mismo Estado, en casos ventilados por la justicia civil y militar.

El último escenario de guerra ha sido el norte del Cauca, zona conflictiva y considerada como estratégica para el grupo armado ilegal Farc y el Ejército, por cuanto es un corredor que se puede utilizar para el bien o para el mal, bien sea para el paso ágil de ayuda humanitaria o para el movimiento de armas y droga, afirmaron especialistas consultados por Colprensa.

Toribío, Jambaló y Caldono soportan desde hace semanas una arremetida del grupo ilegal Farc, con armas no convencionales y con violaciones reiteradas al Derecho Internacional Humanitario, DIH, y al derecho humanitario, DH. Y este es el territorio ancestral de los indígenas paeces y Nasas que han defendido desde siempre y quieren seguirlo haciendo.

El ataque a Toribío que destruyó la mitad de la población llevó a la Guardia Indígena a afrontar la situación y utilizar el arma que dicen han tenido desde siempre: la resistencia civil.

El líder indígena Ezequiel Vitonás aseguró durante un encuentro con algunos medios de comunicación nacionales y todos los internacionales, y con el apoyo de las Naciones Unidas, que están muy preocupados por la falta de comprensión y el desconocimiento de los principios rectores de la resistencia civil que ellos han desplegado, tal vez como su única forma de enfrentar la fuerza de las balas, y que el gobierno y la sociedad entera aún ignoran.

“Identidad, unidad, territorio y cultura, esos son los cuatro pilares básicos de una palabra que está contemplada en la Constitución, pero que no se cumple: la autodeterminación de los pueblos aborígenes e indígenas” aseguró Vitonás.

Afirmó que la autodeterminación no ha querido significar neutralidad, porque para ellos, “ser neutro es quedarse quieto o ser movido para dónde lo empujan”. En cambio, autodeterminarse es concretar su modo de vida, sus tradiciones y subsistencia. Es desarrollarlo y defenderlo.

Agregó que su objetivo central es reconstruir sus proyectos de vida, interrumpidos desde la Colonia, pero en los últimos 20 años mucho más, por elementos impuestos, incluso como la educación, la salud y la cultura.

Pero Vitonás agregó que no se quedan en denunciar y quejarse, sino que están trabajando para continuar en la construcción de su proceso, que llamó lento, pero seguro.

“Nuestra propuesta al país es la apuesta por una etnoeducación, por la ecología, por la salud tradicional, por los valores humanos, por el respeto a la madre tierra y la convivencia del ser humano. No nos oponemos al desarrollo, pero que se respete la tierra y se piense en un sistema mixto de producción pero biotecnológica”, declaró.

Los líderes indígenas explicaron que ese plan de vida diseñado desde hace siglos, y mejorado con el tiempo nunca aceptará un discurso y una propuesta como la de lucha de clases y el uso de todos los medios para la misma, que despliegan las Farc.

“No vamos a aceptar ese esquema de las Farc, de resolver los problemas que tienen como es el de fusilar o ‘ajusticiar’ a las personas. Nosotros nos creemos en la pena de muerte”, dijo Vitonás.

Así mismo opinó Luis Alfredo Acosta, el coordinador de la Guardia Indígena, quien afirmó que la Guardia es el “kiwetense” o el ser que protege la cultura y la vida.

La palabra, como en un ritual, fue pasada a Alcibiades Escué, otro de los líderes indígenas del Cauca, y por quien la Guardia Indígena marchó a Bogotá y logró su liberación de la Fiscalía, que lo investigaba por supuesta desviación de recursos de la ARS que preside para los grupos ilegales. El proceso fue archivado.

Para Escué la lucha entre subversión y fuerza pública además del control de un territorio estratégico pasa por la absorción de su cultura.

“Ellos no nos han entendido y nos quieren volver a someter. Como nos oponemos, matan a nuestros líderes. Son acciones que les convienen a ambos bandos porque retomarían el control del norte del departamento”, declaró.

Agregó que su labor ha recogido el reconocimiento nacional e internacional y que por eso la resistencia se basa en la actualidad también en cuatro puntos: la lucha ancestral y por las raíces, la reivindicación como pueblo, la autonomía consagrada en la Constitución y el elemento político.

“Ahora tenemos un discurso y una acción política que queremos desplegar y hacer llegar a otros sectores marginados del país. Por eso al Gobierno y a la subversión no les conviene dejar progresar esta idea política. Por eso nos matan”, dijo Escué.

Entre tanto Luis Alfredo Acosta manifestó que la estigmatización que ha sufrido el movimiento, por esa ignorancia de su lucha ancestral, los ha puesto también en la mira.

“Cuando comenzó el ataque a Toribío, en esta reciente toma los guerrilleros me decían comandante y la policía igual. Yo les respondí que los comandantes armados son ellos, y que la guardia es un organismo humanitario que acompaña a la población civil, porque en esta guerra nadie la protege. A ellos les interesa darse bala, sin importar nada más”, declaró.

Al ser interrogado que cuál es su postura entonces frente a las autoridades y a su presencia en los poblados indígenas, Acosta declaró que “deberían irse a un desierto y darse todo el plomo que quieran, pero que dejen a los civiles en paz”.

Acosta recordó que en el segundo ataque a Toribío hace 15 días, un grupo de subversivos y tropas del ejército se acantonaron a ambos lados de la escuela del pueblo, y sin importar que los niños estuvieran refugiados en ella se dispararon entre sí.

“A ambos bandos les dijimos que sus jueguitos de guerra se los pueden llevar a otra parte. Que después de que se den bala, hagan una evaluación para ver quién ganó y se darán cuenta que perdieron ambos. Esta es nuestra postura y por eso no le vamos a obedecer a nadie, ni a las Farc, pero tampoco a la red de informantes del presidente Uribe, que nos quiso involucrar en ella, y que de hacerlo violaríamos ese principio de autodeterminación”, declaró.

De inmediato retomó la palabra Vitonás, y mucho más moderado salió al paso de la pregunta sobre si ellos plantean un esquema similar al de las comunidades de paz, como la de San José de Apartadó, que no quieren la presencia estatal de la fuerza pública.

Agregó que los indígenas respetan a las autoridades y no quieren que abandonen los poblados, pero que se debata en el país y se defina, que los búnkers de las autoridades no pueden estar más en medio de escuelas, hospitales, resguardos y casas de habitación.

¿Entonces cuál sería la salida? Alcibiades Escué y Ezequiel Vitonás la resumieron en cinco palabras: diálogo y cese el fuego.

“La salida debe ser la negociación. Nosotros vivimos en la zona de conflicto, donde las Farc llevan 40 años y donde el Estado ha brillado por su ausencia. Las armas siguen entrando. A pesar de la presencia del Ejército, y no sabemos por dónde. También no es cierto que el Ejército avance y los saque, ni que la guerrilla se apoderó de la región. La ventaja de la fuerza pública sí es aérea, pero cuando ambos se estancan, duran meses sin hacerse nada y la población civil siempre en medio”, declaró Vitonás.

Ante las críticas del mismo presidente Uribe y del gobernador del Cauca, Juan José Mosquera Cháux, de la presencia guerrillera dentro de los resguardos y dentro de la Guardia y del movimiento indígena, los aborígenes lo negaron e insistieron en su propuesta pacífica pero activa.

“Vamos a insistir en convencer desde la acción a quienes no nos entienden, a los actores del conflicto, que la resistencia continuará. Es fácil hablar desde una oficina rodeado de escoltas, pero en el terreno la cosa es a otro precio. El proceso de construcción de nuestros ideales continuará y por eso no vamos a obedecer a ninguno de los dos con su salida bélica”, dijo Escué.

Añadieron que el mensaje para los colombianos, acerca del verdadero sentido de la resistencia, por ejemplo si la subversión atacara a algún pueblo en Tolima, Huila o Chocó, donde las imágenes mostraban a los subversivos a sus anchas violando todos y cada uno de los principios humanitarios fundamentales, es uno sólo: educación.

Manifestaron que mientras los colombianos no se pregunten y definan qué quieren, con qué sueñan y conozcan sus derechos y deberes, difícilmente el conflicto se solucionará y un ejemplo de resistencia civil pacífico se propague.

“Nosotros llevamos en nuestra sangre nuestros principios. Soñamos con los espíritus. Luchar por esa claridad nos ha hecho sobrevivir, además del trabajo con talleres, diálogos y asambleas donde resolvemos nuestras diferencias. Eso no quiere decir que los indígenas somos puros o que vamos a imponer nuestro estilo de vida a otros, pero sí queremos que se respete nuestra determinación de pensamiento y de cultura”, declaró.

Finalmente y al responder la pregunta sobre qué pasaría si luego de exponer sus principios, los grupos ilegales y el Estado siguen en su misma postura de solucionar el conflicto por la fuerza, los líderes indígenas fueron más enfáticos todavía: “Entonces que hablen de ideología con las calaveras”, puntualizaron.

(RECUADRO 1)

LA GUARDIA

Luis Alfredo Acosta, coordinador de la Guardia Indígena relató que esta organización busca proteger y acompañar a la población civil del norte del Cauca está conformada por 3500 aborígenes, como grupo de base, pero cuando se hacen las mingas o las movilizaciones llega a doce mil.

Insistió en que no se trata de un ejército, sino que se limita al trabajo humanitario y ese acompañamiento en los momentos de alerta, antes, o durante y después de un ataque.

Relató que el tres de mayo de 2001, a raíz de la agudización del conflicto en el Cauca desde 2000, los gobernadores y autoridades indígenas ordenaron la conformación de la Guardia en forma permanente. Ya existía desde los setenta pero se convocaba por épocas o circunstancias especiales.

“Cuando se presenta el enfrentamiento entre los bandos la población civil queda muy indefensa. Los gobernadores también definieron que no nos íbamos de nuestros territorios, y eso implicó una estrategia humanitaria, y sin armas, que defienda a esos pobladores. También tenemos nuestros sitios de reunión, donde debatimos y adoptamos las medidas de acción”, declaró.

Dijo que si esta estrategia no se hubiese adoptado, la mayoría de los indígenas que habitan el norte del Cauca estaría desplazada en Cali o en Santander de Quilichao.

Manifestó que el ejemplo de resistencia que se les debe dar a los colombianos es el de conocimiento, el de superar la ignorancia sobre los derechos que se tiene como colombianos.

“No podemos dejarnos volver insensibles. Ese sentido de pertenencia, de ser colombiano, de buena energía no se puede perder. Y organizarnos desde los diferentes sectores para reclamar nuestros derechos, a partir del respeto al otro, con unidad y de forma conjunta. Hay que defender lo que tenemos y ejercer la verdadera democracia dentro de nosotros mismos y de defensa de nuestro país que se funda en el derecho. Desde el periodismo y los intelectuales hay que trabajar para solucionar este lío”, dijo Acosta.

El símbolo de la Guardia indígena es el bastón de mando, que representa la personalidad de la persona que crea la disciplina en la comunidad y que defiende la vida, la cultura y la educación.

Está hecho en madera de “chonta” y según Acosta el bastón es como si fuese una mujer, una persona con autoridad que está en contra de la violencia y de las armas. Cuenta con cintas de colores que representan a la Madre Tierra.

(RECUADRO 2)

DOCUMENTO ACNUR*

La Comisaría de Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, expidió hace días un documento que habla sobre el riesgo de desaparición en el que están los pueblos indígenas de Colombia, ante las agresiones de los violentos. Estos son algunos apartes:

“Los enfrentamientos entre el Ejército colombiano y guerrilleros de las Farc provocaron el desplazamiento interno de aproximadamente 3.500 personas del pueblo indígena Nasa, en la zona alrededor del pueblo de Toribío en el departamento del Cauca”, dice.

“Los Nasa, sin embargo, representan sólo uno de los muchos grupos indígenas que han sido afectados por más de cuatro décadas de conflicto en Colombia. Este año ha sido reportado un incremento en los ataques a las comunidades indígenas y sus líderes”, agrega.

“Incluso existe el temor de que, si la tendencia presente se mantiene, algunos de los grupos más pequeños y vulnerables y sus culturas, puedan desaparecer, en la medida que son forzados a abandonar sus tierras ancestrales y a dispersarse- posiblemente para nunca volver", señaló el portavoz del ACNUR Ron Redmond a periodistas reunidos en Ginebra, Suiza”, añade.

“En Colombia residen más de 80 grupos indígenas que suman cerca de un millón de personas. El desplazamiento forzado los ha afectado de un modo desproporcionado: aunque los pueblos indígenas constituyen entre el 2 y el 3 por ciento de la población del país, por lo menos un 8 por ciento de las personas desplazadas internas pertenecen a uno de los pueblos indígenas”, dice.

“Prácticamente todos los grupos indígenas en Colombia han sido víctimas del desplazamiento interno o se encuentran en riesgo inminente de ser expulsados de sus tierras ancestrales”, asegura.



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