Toda medicina que quiera curar un enfermo, debe ser el resultado de un diagnóstico acertado. Por eso, para alcanzar la paz debemos caracterizar correctamente la situación colombiana. En mi criterio, lo que tenemos es un conflicto histórico y rural.
Buenos Aires, 28 de febrero de 2004
Hace casi 56 años, el 9 de abril de 1948 una muerte cambió la historia de Colombia. Jorge Eliécer Gaitán, candidato liberal a la Presidencia de la República, fue baleado en una acera de Bogotá a las 11:42 de la mañana cuando salía de su oficina de abogado a cumplir una cita para almorzar. Su muerte desencadenó una insurrección popular conocida como el “Bogotazo”, la cual intentó sin éxito derrocar al gobierno conservador y dio comienzo al conflicto armado que aún no cesa.
Ese ya remoto origen explica mas que cualquier otro porqué mi país sigue padeciendo el anacronismo del alzamiento armado más antiguo de las Américas y uno de los viejos del mundo.
Toda medicina que quiera curar un enfermo, debe ser el resultado de un diagnóstico acertado. Por eso, para alcanzar la paz debemos caracterizar correctamente la situación colombiana. En mi criterio, lo que tenemos es un conflicto histórico y rural.
Conflicto histórico y rural En su larga existencia, nuestra violencia ha pasado por tres grandes períodos, a saber: 1. Período de la Violencia liberal-conservadora, entre 1948 y 1957. 2. Período del primer tramo del Frente Nacional entre 1958 y 1963. 3. Período desde 1966 hasta nuestros días.
No es objeto de esta charla hacer un análisis detallado de cada período. Me limitaré a presentar sus rasgos generales y haré énfasis solamente en lo que ha sucedido en los últimos diez años.
La Violencia liberal-conservadora. Colombia tiene dos partidos históricos que fueron fundados en 1850: el Liberal y el Conservador. El asesinato del candidato liberal en 1948 desencadenó un alzamiento armado de ese partido contra el gobierno conservador que duró nueve años. En ese período se reportan entre 100.000 y 300.000 mil muertos, aunque no existen estadísticas confiables. El conflicto rápidamente se movió de Bogotá hacia las áreas rurales montañosas del centro del país, donde se produjo un encarnizado enfrentamiento entre los dos partidos. Como consecuencia de él, los campesinos liberales y conservadores se acostumbraron a convivir con grupos armados ilegales que les servían de protección y defensa y actuaban contra el bando contrario. Esa tradición aún existe y explica porqué ha sido tan fácil organizar guerrillas o autodefensas en Colombia.
El final de ese período se produjo cuando los jefes históricos de los dos partidos firmaron unos acuerdos en 1957 para compartir el gobierno por 16 años y desmovilizar la policía política conservadora y las guerrillas (liberales en su gran mayoría). Ese acuerdo se llamó el Frente Nacional.
Primeros años del Frente Nacional. Durante los años 1958 y 1963 se produjo una casi total pacificación del país. El acuerdo puso fin al enfrentamiento entre los partidos históricos, no resolvió bien dos problemas.
Por una parte, no todas las guerrillas se desmovilizaron. Una fracción pequeña pero significativa de ellas pasaron de ser liberales a marxistas, por el influjo del partido comunista colombiano. El actual comandante de las FARC -Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-, el grupo más numeroso de los alzados en armas, estaba en las montañas desde 1948 como guerrillero liberal. Eso significa que el señor Marín, mejor conocido como Manuel Marulanda, es el jefe guerrillero más antiguo del mundo, con 56 años de lucha armada, inicialmente como liberal y desde los años sesenta como miembro del partido comunista.
El segundo problema no resuelto fue el de la marginalidad del campesino colombiano. Existe una gran concentración de la tierra rural en manos de terratenientes, que nunca se ha resuelto y al contrario, ha aumentado en los últimos años. Ella condujo a miles de campesinos a emigrar hacia las zonas marginales de la cuenca del Amazonas y otras áreas selváticas fuera de la frontera agrícola, donde inicialmente sembraron cultivos de supervivencia y en los últimos 25 años se han dedicado a los cultivos de coca. Allí está la base social fundamental de las actuales guerrillas.
Desde 1964 hasta nuestros días. Este largo período de cuarenta años ha tenido diversas etapas y acontecimientos. Los más importantes de ellos incluyen la firma de acuerdos de paz con una parte importante de las guerrillas existentes, en 1990 (cuatro de los seis grupos entonces existentes), y la redacción de una nueva Constitución, en 1991, hechos en los cuales participé personalmente.
Sin embargo, las FARC y otro grupo guerrillero menos numeroso, el ELN ( Ejército de Liberación Nacional), se negaron en ese momento a tomar parte en las negociaciones de paz y continuaron el conflicto. Las palabras que siguen están dedicadas a este último lapso de diez años, que divido en tres etapas.
Los últimos diez años
Etapa de 1994 a 1998. Aprovechando la larga acumulación de fuerzas de su historia que los llevó a tener mas de 15.000 combatientes, la consolidación de su organización sustentada en los principios de la estructura de cuadros del leninismo y los enormes recursos provenientes de los cultivos de uso ilícito que les producen más de 200 millones de dólares al año, las FARC lanzaron a partir de 1994 una gran ofensiva contra el Ejército oficial. La situación se tornó tan difícil que el general Charles Wilhem, jefe del Comando Sur del ejército de Estados Unidos declaró -en el primer semestre de 1998- que si las cosas seguían como iban en Colombia una victoria de las FARC podría producirse en los siguientes cinco años. Creo que esas declaraciones eran ajustadas a la realidad. Esta primera etapa podemos llamarla de iniciativa militar de las FARC.
Etapa de 1999 a 2001. Para enfrentar el reto, entre fines de 1998 y principios de 2002 se produjo una profunda reestructuración de las Fuerzas Militares del Estado colombiano, con el apoyo de los Estados Unidos, mediante el llamado “Plan Colombia”.
Mientras se producía la transformación de las Fuerzas Militares del Estado colombiano, el anterior gobierno nacional encabezado por el presidente Andrés Pastrana intentó unas negociaciones de paz con las FARC. Desde enero de 1999 por exigencia de los rebeldes desmilitarizó 41.000 kilómetros cuadrados, una extensión que es el doble de la de El Salvador, para permitir que se realizaran unos diálogos entre gobierno e insurgencia. La guerrilla, que estaba en un muy favorable momento militar al comenzar los diálogos, se propuso concretar en la mesa de negociaciones los resultados que obtenía en el campo de combate. Para ello planteó que el comienzo era ser aceptada como “fuerza beligerante”, una especie de contraparte en equidad con el gobierno. El gobierno se negó a darle ese estatus.
La correlación de fuerzas militares cambió rápida y consistentemente en favor del gobierno, sin que las FARC modificara su pretensión en la negociación. Ello llevó al fracaso del intento de paz de Pastrana que duró tres años.
Esos tres años configuran una etapa de transición, al final de la cual el Estado había recuperado la iniciativa militar, obligando a las FARC a replegarse a su retaguardia en las montañas y también la iniciativa política, pues aunque el presidente Pastrana perdió casi todo el apoyo público por su insistencia en unas negociaciones que nunca avanzaron, en las elecciones de 2002 emergió la figura del actual presidente Uribe con una propuesta de mano dura que fue apoyada mayoritariamente por los votantes. La guerrilla por su parte cargó la culpa de no haber querido avanzar en la paz con la propuesta de Pastrana, vista como muy generosa por la opinión pública.
Etapa de 2002 a hoy. Aunque la situación militar favorable al Estado empezó a materializarse desde un año antes de su elección, el presidente Uribe ha capitalizado políticamente la nueva etapa del conflicto. Con la recuperación de la iniciativa militar y el repliegue guerrillero, ha vuelto a manos del Estado una buena parte del territorio que ésta controlaba. Un primer efecto es que existe una mejora sensible en la seguridad en las zonas más pobladas del país. Esa sola razón explica en buena parte el prestigio que mantiene el Presidente en la opinión pública, uno de los mas altos del continente, que las encuestas señalan superior al 70%.
El conflicto, sin embargo, está lejos de terminar. La ilusión de la posibilidad de una pronta victoria total sobre “el terrorismo”, como se llama a la guerrilla en el nuevo lenguaje después del 11 de septiembre, es eso: una ilusión. Basta con un par de indicadores para demostrarlo. Del llamado Estado Mayor Central de las FARC, compuesto por 27 miembros, ninguno ha sido detenido o muerto en estos tres años y ese grupo es el corazón de una fuerza que tiene en la organización su mayor fortaleza. Siguen así mismo secuestrados por las FARC centenares de colombianos, entre ellos, una excandidata presidencial, la señora Ingrid Betancur, sin que los esfuerzos del gobierno por liberarlos hayan sido exitosos. Las FARC están replegadas, pero bastante enteras al menos por ahora.
Los paramilitares No hay una visión completa del panorama sin decir algunas palabras acerca de los grupos paramilitares. Su origen es tan viejo como la guerrilla, pues nacieron para protegerse de ella.
En su versión actual han derivado en un numeroso ejército de entre 10 y 15 mil hombres, armados de fusiles y organizados en por lo menos cuatro grandes agrupaciones. Su objetivo es derrotar a las guerrillas, pero su papel preponderante es garantizar la seguridad en amplias áreas rurales donde tiene presencia. Su principal método de acción es la ejecución extrajudicial de personas. Controlan militar y políticamente un tercio del territorio mas poblado del país y se financian casi exclusivamente de las actividades asociadas al narcotráfico.
Sus principales jefes, los señores Castaño y Mancuso, han sido solicitados en extradición por la justicia de los Estados Unidos, que también ha conseguido la extradición de algunos miembros de las FARC. Al lado de las FARC y el ELN, han sido declaradas organizaciones terroristas por el estado norteamericano. Y junto a las FARC, también por la Unión Europea
El actual gobierno ha abierto un proceso de conversaciones con las agrupaciones paramilitares en busca de su desmovilización, pero aún falta un difícil trecho que recorrer para que se desarmen y desaparezcan de la vida nacional. Las dificultades de ese proceso pueden ser el talón de Aquiles del actual gobierno, que no ha sabido conducirlo con claridad hasta ahora.
Perspectivas actuales Vale la pena, para terminar, discutir brevemente las perspectivas actuales del conflicto. Lo haré, mediante la presentación de lo que podría llamar mitos y realidades acerca de la situación.
Mito 1. Si se acaba el narcotráfico, se acaba el conflicto. Este es el más extendido de los mitos sobre la situación colombiana, pero no es real al menos por dos razones:
1. Aunque el dinero del narcotráfico es la principal fuente de recursos del conflicto, ella no es la única fuente de financiación. En el caso de la guerrilla, casi la mitad de los recursos hoy provienen de otras fuentes, tales como el secuestro, la extorsión y los cobros forzosos. Aún en la eventualidad poco probable que desaparezcan los cultivos de uso ilícito, ello no garantiza la desfinanciación de las guerrillas. Los paramilitares dependen más de esas fuentes, pero los ganaderos los han financiado en el pasado.
2. Más importante que la razón anterior, es que obedece a una apreciación equivocada de las razones que explican la capacidad de resistencia de las FARC. El dinero que consiguen es significante, pero lo fundamental es su estructura de cuadros, que ellos cuidan con especial esmero.
Una equivocada apreciación sobre la situación lleva a plantear mal las prioridades y a diseñar estrategias equivocadas. Para usar términos militares, diría que es equivocado plantear que la dirección principal del esfuerzo sea quitar el dinero al conflicto. Ese debe ser una estrategia complementaria.
Mito 2. El conflicto es terrorista. Aunque los grupos al margen de la ley realizan actos de terror sigue predominando la lucha guerrillera. Como ya lo planteé, es un conflicto político-militar de carácter histórico y rural, con actos terroristas debido a su degradación. Su solución requiere acciones políticas y militares por parte del Estado.
Para mi gusto, esa combinación de lo político y lo militar por parte del Estado no se está produciendo adecuadamente, en gran medida, porque la simplificación de la llamada lucha contra el terrorismo no deja ver la importancia de la política sino que promueve una aproximación a él que podría llamar “bismarckiana”. Así es la nueva política de los Estados Unidos después del 11 de septiembre, al estilo de la Prusia de Bismarck de fines del siglo XIX, poniendo un énfasis exagerado en el despliegue militar como corazón de la estrategia. Ese enfoque ha contagiado al gobierno colombiano.
Mito 3. La guerrilla será derrotada inexorablemente si se continúa con la estrategia actual. La aproximación con alto contenido militar era necesaria en los años noventa para hacer retroceder a la guerrilla. Una vez logrado ese objetivo, hace falta acompañar la fuerza de mucha mas política que atraiga las bases campesinas de las FARC hacia la paz y hacia el Estado. Ello es necesario para un mejor resultado de la misma contrainsurgencia. Para decirlo gráficamente, cuando el contrincante está cerca, con la sola fuerza del puño es suficiente. Cuando se aleja, el puño del Estado sólo llega a él con ayuda de la política.
Si se requiere más política para la contrainsurgencia, mucho más para una solución definitiva. Esa solución definitiva del conflicto sólo se conseguirá mediante una negociación seria, que será el producto de una presión política y militar que le demuestre a la guerrilla dos cosas: primero, que no puede ganar la guerra. Segundo, que existe una salida política.
Mito 4. Colombia sola puede resolver el conflicto. Sinceramente creo que no. Se ha avanzado pero falta mucho por hacer. La comunidad internacional debe continuar colaborando, pero debe entender como hacerlo de la manera más eficaz. Como dicen los evangelios, ahora es cuando más falta nos hace saber separar el grano de la paja.