El tema de las relaciones entre el partido y los movimientos sociales se ha puesto al orden del día en el PDA por varias razones. Una, porque después del 28 de mayo de 2006 el PDA se ha convertido para los movimientos sociales en un proyecto político alternativo al neoliberalismo, con opción de gobierno y de poder; dos, porque en América Latina se vive un ascenso de las luchas democráticas, que estimula el proceso democrático en Colombia; y tres, porque en el debate sobre Estatutos realizado en la Mesa Nacional de Unidad, hay quienes proponen la afiliación colectiva de las organizaciones sociales; finalmente, porque al interior del PDA el tema del partido y los movimientos sociales es planteado, por algunos, como si se tratara de dinámicas paralelas y competitivas.
El Actual Mapa de la Crisis Social
Las luchas sociales de los años setentas y ochentas del siglo pasado, estuvieron centradas fundamentalmente en las contradicciones obrero - patronales, campesinas, indígenas, estudiantiles, de género y en las acciones cívicas de los pobladores de diferentes territorios del país.
Pero el neoliberalismo fracturó la estructura de la sociedad construida por el capitalismo hasta ese entonces. Se precarizaron las relaciones entre el capital y el trabajo, generándose una reducción estructural del ingreso de los trabajadores y un acelerado incremento del desempleo, como efecto, en parte, de las políticas de “eficiencia empresarial” del neoliberalismo. La acumulación pasó, entre otros factores, por la expropiación, en beneficio del capital financiero, del ahorro de la clase media y por el desplazamiento de la carga tributaria sobre los sectores medios y pobres, con lo cual se dispararon los índices de pobreza y miseria. La privatización de los servicios públicos colocó a los usuarios frente a escandalosas tarifas y a crecientes dificultades para su cancelación. La privatización de la salud, la educación y la vivienda ha excluido gran parte de la población de estos servicios básicos. El desempleo estructural disparó los niveles de inseguridad para la población. La mujer y la infancia se volvieron objetos de la sobreexplotación propia de la flexibilización laboral. El desempleo colocó la mayor parte de la población en actividades de muy baja productividad que, generalmente, chocan con los intereses del gran capital, como los vendedores ambulantes, mototaxistas, pinpineros, vendedores de minutos de celular, etc.
Pero además, la consolidación del modelo en medio de la guerra y de la construcción de un régimen montado sobre la alianza de la clase política y el narcoparamilitarismo, ha generado una recomposición social con manifestaciones masivas como el desplazamiento o la proliferación de actividades ilegales que, como el contrabando, los raspachines o el sicariato absorben parte del desempleo.
Los campesinos, los indígenas y las negritudes han sido expropiados de sus territorios por la presión del narcotráfico, la guerra y la producción para la agroexportación.
El neoliberalismo ha golpeado a los trabajadores públicos, a los profesionales, a los jóvenes y a otros sectores a quienes les ha cerrado el acceso al empleo.
Este es el nuevo mapa de conflictos generados por el neoliberalismo, que enmarcan la actual problemática social. Al recortar los derechos y las libertades, el neoliberalismo ha cambiado y ha ampliado los ejes de la problemática y del conflicto social.
Gran parte de estos conflictos, que son generados por la naturaleza misma del modelo neoliberal, solo pueden ser resueltos en el marco de un gobierno alternativo y democrático y requieren de un partido que los articule, acompañe y lidere. La articulación, unificación, organización, calificación y movilización del movimiento social, reclama la construcción de un partido de masas, organizado, incluyente, democrático y participativo. De no ser así, no podrá dársele salida a los requerimientos del múltiple y complejo mapa del conflicto social, expandido por neoliberalismo.
Dos Dimensiones de una misma Lucha
Separar la lucha social de la lucha política, resulta una actitud contraria a la realidad. El movimiento social es la respuesta de la población afectada por las políticas de los empresarios, institucionalizadas por el Estado. En este sentido, las luchas sociales, que se expresan como reivindicaciones colectivas, terminan enfrentando los intereses de los empresarios y del Estado.
Ante el panorama señalado del movimiento social y de la responsabilidad del partido, resulta necesario precisar que la lucha social, en el imaginario colectivo, en su acción y función movilizadora, es una lucha reivindicativa que identifica todo un colectivo con una problemática y unos objetivos de carácter inmediato. Así implique niveles de confrontación con el Estado, no es en esencia una lucha por el poder político, en razón a que el control ideológico se levanta como una barrera entre la lucha reivindicativa y la lucha por el poder. Esto diferencia la lucha social de la lucha política, el movimiento social, del partido. El partido es un instrumento conciente y deliberado de lucha por el gobierno y el poder. Es función del partido buscar que la lucha social trascienda el nivel de la confrontación con el contradictor visible, inmediato (el empresario, el patrón, etc) y convierta al Estado en su legítimo interlocutor.
En ese momento se encuentran y articulan el movimiento político y el movimiento social. Sin embargo, ni el movimiento social, ni el partido pierden su identidad, no se funden, no pueden hacerlo porque la condición ideológica, pluralista del movimiento social lo impide. Pretender fundir la estructura del movimiento social con la estructura del partido, implica caer en el anarcogremialismo, en la negación de la democracia interna de la organización social, en el divisionismo, en la suplantación de los objetivos y la dinámica del movimiento social. Ningún espacio de la democracia representativa de una organización social - que es por esencia ideológicamente pluralista - puede imponerle al conjunto de sus integrantes la afiliación a un partido.
La vinculación orgánica del partido con el movimiento social se establece a través de los dirigentes sociales más calificados, comprometidos, experimentados y concientes, quienes por su afinidad ideológica y política se afilian al partido y se convierten en el nexo carnal del partido con la dinámica social. Dirigentes, que a su vez, deben promover la organización de colectivos de base del partido en sus respectivos sectores sociales.
Los movimientos sociales no acceden, en su condición de tales, a las estructuras del partido, sino que lo hacen a través de sus dirigentes, quienes asumen el compromiso personal y deliberado con la ideología y las políticas del partido y buscan difundirlas y defenderlas en su propio sector social.
Por supuesto, que el partido esta en la obligación de interpretar y representar las tensiones e intereses del movimiento social en sus dinámicas nacionales, regionales y locales y debe fortalecer el movimiento social, estimular su organización, movilización y unificación y buscar el reconocimiento de los dirigentes del partido en el movimiento social.
El partido debe estimular al movimiento social para que su lucha reivindicativa se articule a la lucha por un nuevo Estado, a la lucha por el poder democrático, como único camino para alcanzar y realizar plenamente las conquistas fundamentales de la democracia. Aún así, el movimiento social no pierde, no puede perder su carácter pluralista y su contenido reivindicativo.
Pero si bien, las estructuras orgánicas del partido y del movimiento social no deben confundirse, tampoco las reivindicaciones del movimiento social pueden refundir las estrategias y políticas generales del partido, so pena de caer en el corporativismo.
Las organizaciones del movimiento social tienen la responsabilidad con sus afiliados y afiliadas de generar respuestas a sus problemas, necesidades y expectativas cotidianas, a partir de la potencia que genera su acción colectiva. Cuando las dirigencias de estas organizaciones se concentran exclusivamente en las estrategias del movimiento político y abandonan sus responsabilidades sectoriales, terminan aislándose del movimiento social y dejándole el camino libre a los oportunistas para que desarrollen sus prácticas burocráticas, deshonestas y utilitarias.
Con tendencias anarcogremialistas o corporativistas, el partido estará induciendo la división y el debilitamiento del movimiento social, antes que su fortalecimiento y articulación a la lucha política.
Situación bien diferente al anarcogremialismo o al corporativismo, entendidos como errores de los partidos o los dirigentes es que un grupo de personas se constituyan en partido político cuyo objetivo fundamental sea la defensa de intereses de ciertos sectores sociales como los indígenas, afrodescendientes, ambientalistas, etc. Estos son partidos políticos cuyas ideologías y posiciones comprometen a sus afiliados y no al conjunto del respectivo sector social o poblacional.
* Alberto Téllez Iregui
Equipo Distrital Tendencia de Izquierda Democrática del PDA