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Pensando en Piedad Córdoba

Germán Reyes
Lunes 31 de marzo de 2008

Por German Enrique Reyes Forero

Por allá a mediados de la década de los años 80 o hace más de 20 años, Piedad Córdoba Ruiz apareció en la escena política como abogada de la Universidad Pontificia Bolivariana en la Secretaría Privada de la Alcaldía de Medellín de William Jaramillo Gómez; convencida que éste era el gobierno del Liberalismo de Izquierda; bajo los consejos de muchos liberales como Evelio Ramírez Martínez, quiso nutrirse de pensamientos progresistas, pero también se chocó con negociantes de la talla de Luis Guillermo Vélez Trujillo quien, más tarde, rompió con Piedad para armar su tolda con el rótulo Liberalismo Social, que, posteriormente, sería el comodín para la defensa incondicional de Uribe Vélez.

Piedad no tuvo más remedio que armar su propio combo con las negritudes, con mujeres luchadoras de los barrios populares, con desplazados, con algunos activistas del magisterio, con empleados despedidos injustamente de sus puestos por el simple hecho de escucharla. Cuando nadie daba por su suerte política y por sus brotes de rebeldía frente a las jerarquías liberales, consiguió hacerse elegir por varios períodos como Senadora de la República. Desde afuera, siempre la vimos como un mosco en vaso de leche dentro de ese Partido y no nos alcanzamos imaginar las miradas inquisidoras y desplantes de sus encumbrados jefes.

En su trasegar parlamentario escogió el camino de luchar por la paz y los derechos humanos, tema que las jerarquías paramilitares de los 90 resolvieron convertir en ingrediente “altamente subversivo”. Por eso, según lo expresó Carlos Castaño en su libro “Mi confesión”, éste decidió extenderle su “mano justiciera” y la tuvo secuestrada en el año de 1999. No la ajustició porque sabía la oleada de rechazo que se le vendría encima, tal como le ocurrió a Pablo Escobar cuando asesinó a Rodrigo Lara o a Guillermo Cano, entre otros, y por las protestas que entre nosotros desataron las muertes de Héctor Abad Gómez, Leonardo Batancur, Pedro Luis Valencia, Jesús María Valle y tantos otros. Piedad salió “bien librada” de este bárbaro.

Todos creímos que había llegado, ante el temor y el chantaje de los “paracos”, el fin de su carrera política. No fue así; no nos imaginábamos que esto le daría más fuerza o verraquera. Siguió en la búsqueda de votos para continuar como Senadora hasta que, por arte de los trucos de las cuentas electorales, sus electores disminuyeron para provocarle la salida del Congreso en el año 2005. Nuevamente la clase política, incluso nosotros, creímos que Piedad no sería capaz de reponerse. En su difícil carrera de obstáculos, no contaba ni con feudos ni con burocracia ni con barones o maquinarias electorales ni con medios de comunicación. Pero volvió con las suyas. Con el movimiento Poder Ciudadano (Poder Mujer, Poder Joven, Poder Afro, Poder LGBT), retornó a su curul de Senadora con más fuerza y con más ganas de hacer sentir su voz. Esta vez con el ingrediente feminista, defensora de las políticas públicas de la salud sexual y reproductiva, de las políticas de paz, entregada por completo al Acuerdo Humanitario con las FARC, hasta convencer al presidente venezolano Hugo Chávez de involucrarse en este proceso. Por estas y muchas otras cosas, hoy figura en la galería de los y las importantes de este país. “El Personaje del año 2007” del periódico El Espectador, “La Mujer del año“ del periódico El Siglo, “La Senadora Virtual” de la Revista Cambio por su excelente manejo de su Página Web.

Las recientes liberaciones unilaterales, por parte de las FARC, de Clara, Consuelo, Gloria y los congresistas, tuvieron una rúbrica: su gestión y entrega. Esto le dio la vuelta al mundo entero y conmovió a la comunidad internacional de la necesidad de hablar del Acuerdo Humanitario, frente a la arrogancia del gobierno de la “Seguridad Democrática”.

Alguien (el popular Cochise) dijo que en este país la gente no se muere de infarto, sino de envidia. La actual presidenta del Senado de la República Nancy Patricia Gutiérrez, vocera del debilitado partido de Cambio Radical por los “carcelazos” por parapolítica de sus congresistas, salió a regañarla porque “no se puede andar olímpicamente por el mundo entero desprestigiando a nuestro país”; para enlodar sus actitudes, recogiendo chismes de cafetería, se atrevió a preguntarle en plena sesión del Senado “con qué dineros estaba haciendo todos estos gastos en el exterior”. Tremenda parodia se debiera responder preguntando quiénes son los que financian, por ejemplo, esta larga guerra que vive nuestro país, quiénes son los que han llevado a que nuestros gobiernos figuren dentro de los más corruptos del mundo, quiénes son los responsables de llevar a este gobierno a presentarse en el contexto latinoamericano como obsecuente seguidor de las nefastas políticas del imperio norteamericano, quiénes fueron los responsables del derramamiento de sangre jamás visto en estos últimos años, quiénes son los que han ayudado a acumular tanta riqueza en unas cuantas manos en contra de esa muchedumbre famélica de colombianos.

Piedad será nuestra aliada en esa convergencia de fuerzas y voluntades para la defensa del Estado Social de Derecho, contra el que arremeten desde todos los flancos. La acompañaremos en sus debates de desenmascaramiento de este Estado que se dejó penetrar por las mafias del narcotráfico, la corrupción y el clientelismo. Sus actitudes no son de apátrida, sino de una persona que piensa en el país y que no se dejará acallar. Duele que quienes visiten su página web en estos últimos días, observen el signo luctuoso que simbólica y premonitoriamente ha querido colgar. Porque, en verdad, su voz y su vida corren peligro en este Estado de terror al que nos tienen acostumbrados.

Bogotá D. C., 29 de marzo de 2008

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