Ante lo elusivo que demuestra ser el crecimiento económico con desarrollo, salvo contadas excepciones como la de Bogotá donde impera un gobierno de corte social, aparecen propuestas preocupantes que merecen un análisis cuidadoso. Tal es el caso del estudio propuesto por la Fundación Santa Fe de Bogotá en sociedad con Fedesarrollo que fue recientemente seleccionado para ser financiado por la Fundación Hill & Melinda Gates. Durante dos años, la investigación, escogida por tener aplicabilidad en Asia y Africa, verificará si el uso de geles antisépticos en las manos de los niños menores de 5 que habitan zonas marginadas sin agua potable pueden ayudar a prevenir la diarrea y la infección respiratoria aguda, enfermedades causantes de los altos índices de mortalidad y morbilidad infantil en estos sectores.
De resultar positivos los resultados, el proyecto se replicará en las zonas más pobres del planeta. Claro que debemos celebrar soluciones que mejoren las condiciones de higiene de los niños. El problema es que la solución ya conocida consiste en extender las coberturas de agua potable y garantizar mínimos de educación para el manejo de los alimentos y aseo personal (léase lavado de manos) en el hogar. Ello no es posible sin una concepción del crecimiento económico acompañado de desarrollo social, es decir, de criterios de equidad y de garantía de un mínimo social a todos y cada uno de los integrantes de la sociedad.
Por ello preocupan los criterios de priorización de recursos expresados en la selección del estudio de la Santa Fe y Fedesarrollo entre 600 más en una cumbre de ONGs. Pareciera que si el condón sirve para prevenir el SIDA y los hijos no deseados, los geles antisépticos podrían reemplazar no sólo los acueductos y su gestión y mantenimiento para garantizar el suministro del agua potable, sino la alfabetización, el empleo; en fin, la inclusión de los pobres al disfrute de los derechos y de los beneficios del desarrollo. A los niños hambrientos sería bueno que sus madres les untaran antisépticos para impedir las enfermedades contagiosas. Pero pensemos lo que ello implica. Organizar la adquisición y distribución de geles, personal para capacitación en su uso y evaluación de resultados. Semejante esfuerzo es digno de mejor causa, como por ejemplo, la distribución de alimentos, la alfabetización, la capacitación en nutrición y manejo de alimentos y aseo personal. En definitiva, no existen pomadas milagrosas para aliviar la pobreza. Se necesita un modelo de desarrollo idóneo y la voluntad política para ejecutarlo.