Por: María Cristina Salgado*
Atreverse a soñar y sobre todo, a escribir sobre esos sueños no es un ejercicio simple o inocente, sino una posición política frente a la situación económica de la mayoría del pueblo colombiano y especialmente a las mujeres.
Planteo una propuesta que se ha venido trabajando entre diferentes grupos de mujeres para motivar otros grupos de las diferentes regiones a trabajar en proyectos que articulen sus intereses y necesidades desde una perspectiva de género a través de la transformación de las políticas económicas que se están implementando.
El objetivo general de éstos proyectos es adelantar unas actividades de investigación sobre la política macroeconómica que afecta la vida cotidiana de las mujeres y las repercusiones de las políticas públicas que van a implementar el T.L.C. Las liderezas de todas las regiones del país están suficientemente sensibilizadas sobre este tema; además es un asunto de interés para las mujeres con alguna experiencia, colaborar con las mujeres de las regiones.
Estos proyectos deben en primera instancia, empoderar a las mujeres para que sus proyectos tengan una mayor proyección y vayan dirigidos a obtener equidad entre los sexos a nivel regional y nacional y realizar intervenciones sobre las políticas públicas, en segunda instancia, para facilitar las acciones en la generación de ingresos a través de el microcrédito y las actividades económicas que les permitan cubrir necesidades inmediatas.
Lo que planteo es la necesidad de abocar más detenidamente sobre la economía política para las cuestiones de género, comercio e inversión como la forma de poner al descubierto el sesgo ideológico de la política neoliberal. Necesitamos buscar alternativas políticas reales desde una perspectiva de género. El debate que se ha dado sobre ese tema en diferentes organizaciones de mujeres y en distintos espacios ha quedado oculto porque se han analizado las consecuencias y no las causas, olvidando un poco las causas estructurales que es lo que se debe replantear.
La perspectiva feminista plantea que unas políticas económicas responsables y equitativas exigen para la ciudadanía –hombres y mujeres-, el acceso y control de los recursos productivos, igualdad en equidad de la participación en la toma de decisiones y redistribución del producto del trabajo. Debe ser una intervención de las mujeres que debe enfocarse más en el bienestar de las personas, es decir, la economía del cuidado, donde priman los derechos humanos y las necesidades de un desarrollo sostenible que se encuentra en el centro de la agenda de las mujeres, sin desconocer la importancia del análisis macroeconómico.
Es así como el comercio en el desarrollo con perspectiva género analiza y, a través de su creatividad, busca y enuentra la forma de transformarlo y enfrentarlo el sistema comercial multilateral, por un lado, y las prácticas antidemocráticas, por el otro, que caracterizan los procesos de la OMC, porque las cuestiones de género y el empoderamiento de las mujeres se han subestimado, en la medida que éstos ignoran a los seres humanos como sujetos del desarrollo.
Un tema que está relacionado con el comercio y la globalización es la seguridad humana. Desde la perspectiva de las mujeres es uno de los ejes de trabajo que se debe abordar por parte del movimiento de mujeres en el país, en el contexto de la coalición internacional contra el terrorismo. Es sabido que desde hace varios años se han conformado grupos temáticos por parte del movimiento de mujeres. Ya hay un acumulado histórico en este como en otros temas y la experiencia lograda tiene una riqueza teórica y práctica muy importante.
Las luchas de las mujeres por conseguir una transformación social progresista están amenazadas por la intensificación de la represión por medios militares, so pretexto de las acciones antiterroristas. Como el país es un aliado incondicional con los países que tienen en su “agenda del día” la lucha contra el terrorismo, se han creado una serie de medidas y normas que afectan en forma grave a la ciudadanía en general por los abusos tanto en la esfera pública como privada.
Ya es un lugar común reiterar que en el conflicto interno las mujeres y los niños son las personas más afectadas y en los últimos años ha habido un grupo creciente de organizaciones de mujeres que participan en iniciativas en la prevención y en la resolución de conflictos a nivel regional y local.
Estos temas sugieren un frente común para conseguir solidaridad dentro de los movimientos de mujeres en el contexto mundial, sin agotarlos, en los países llamados del Tercer Mundo, donde se viven similares condiciones de internacionalización de su economía, y la necesidad de obtener la seguridad de las personas en cuanto al reconocimiento de los derechos humanos a la obtención de las condiciones de vida digna.
*Socióloga. Colectivo Nacional de Mujeres PDA Bogotá, Noviembre, 2006