Luis Guillermo Pardo
Viernes 30 de marzo de 2007
"¿No podía elegir otro medio para sobrevivir? ¿Por qué no podía ser un simple ciudadano que siguiera la corriente general, sin preocuparse por el mañana, cambiando según el clima político, diciendo lo que los otros quieren escuchar, y adaptándose al poder?, preguntas tú".
(Gao Xingjian: "El libro de un hombre solo". Ediciones de Bronce, Editorial Planeta, Barcelona-España 2003, página 322).
El contenido de nuestro Epígrafe, tomado de uno de los libros del premio Nobel de literatura del 2000, de origen chino y exilado en Francia, es una sencilla pero directa invitación a la reflexión ciudadana, acerca de su entorno social y político; es una reflexión del ciudadano en general y de su exclusivo ámbito individual, ya que cada cual decide su relación, tanto con el presente, como con el futuro; cada ciudadano, organizado o no, decide el carácter de su vinculación al contexto social y político, así como a sus diversos acontecimientos y sucesos cotidianos.
Es decir, si bien es un deber ético que cada ciudadano se haga actor único, no siempre se logra tal postura filosófica, e incluso, tal como lo plantea el Epígrafe existe, en mayor medida, la postura facilista, que evita cuestionar e interrogar, y prefiere sumarse a "la corriente general", profundamente acrítica y que funciona según el refrán "Dios me lleve, Dios me traiga", abandonando su derecho a la crítica, a la duda y a la autonomía personal.
Colombia asiste hoy a grandes y definitivos hechos históricos, que demandan de sus ciudadanos posturas críticas y constructivas, para que logre salir de encrucijadas, tales como la parapolítica, la guerra sin salida política en el horizonte, la inequidad de su modelo de desarrollo, la guerra contra el narcotráfico que devasta pueblos y naturaleza, su creciente soledad en el escenario latinoamericano. Las elecciones locales, serán el mejor termómetro para medir la construcción y el ejercicio de esa conciencia crítica, expresada en el voto de opinión, alejado de los amarres clientelistas.
Las generaciones adultas y las jóvenes, paulatinamente, encuentran el camino de usar lo mejor de la democracia y se expresan de diversas maneras, según su nivel y sus intereses, aportando su grano de arena para la construcción de un mejor país, alejado de la corrupción que genera un fastidio atroz hacia ella y hacia quienes la practican. Si algo asquea-asquea a todas las generaciones colombianas es el robo y saqueo del patrimonio público, ya que atenta directamente contra la inversión pública social, que es la base para encontrar la paz democrática.
Lo que se nos viene encima entonces, es trascendental y no podemos "simplemente ser espectador" y demandará que se ejerza a plenitud el activismo democrático, mandato de nuestra constitución, cuando ordena la construcción del estado social de derecho y establece como su norte, el ejercicio del derecho a la participación política en igualdad de condiciones y define con claridad, el derecho ciudadano a sus derechos y entre ellos el derecho a la información veraz y oportuna, como base para el ejercicio de cualquier actividad política: el derecho a la participación popular y a la organización social, política, sindical, de género y de condición sexual entre otras, se nutre de la información objetiva; sin ésta, es una falacia la llamada participación democrática en las decisiones de su competencia.
Para Medellín, en particular, hay hoy dos situaciones de inmensa trascendencia, las cuales son esenciales para su presente y futuro inmediato: la situación presentada con dos empresas símbolo del GEA, así como la relativa al conflicto urbano, la reinserción de paramilitares y las pandillas delincuenciales -viejas y nuevas- que operan en barrios populares.
Los recientes acontecimientos presentados con Bancolombia, así como la opción de compra de acciones mayoritarias del Éxito por parte de empresarios extranjeros, es altamente preocupante, ya que ambas empresas son herencia de la estirpe antioqueña y ojalá que el Éxito no deje de ser patrimonio privado regional y nacional, para que sus utilidades se sigan reinvirtiendo en Antioquia y en Colombia, sin generar impactos negativos para la producción y el empleo nacional.
Lo de Bancolombia causa estupor y sólo esperamos que todo se resuelva a favor de sus directivos, por el bien de Medellín y de Colombia, y ojalá que la Fiscalía no haya actuado, como otras veces, con apresuramiento, inelegancia e irrespeto al debido proceso, tal como ya lo reconoció ayer miércoles.
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