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Jornada histórica llena de gestos en llegada al poder de Tabaré Vásquez
Primer gobierno de izquierda uruguayo
Jueves 3 de marzo de 2005

Montevideo.- Alineado ideológicamente con Brasil, Cuba y Venezuela, Tabaré Vásquez anuncia un gobierno sin ’intromisión extranjera’.

Bogotá.- Esta tendencia a la izquierda es una realidad regional que bien haría Colombia en seguir atentamente.

Con decenas de miles de personas celebrando en las calles hasta bien entrada la noche, en un acto cargado de historia y de emoción, Tabaré Vázquez, de 65 años, se convirtió ayer en el primer presidente de izquierda de la historia de Uruguay, por cinco años en los que prometió "trabajar incansablemente por la felicidad" de sus compatriotas, por un país "donde nacer no sea un problema, ser joven no sea sospechoso y envejecer no sea una condena".

Rodeado de presidentes sudamericanos, Vázquez advirtió que su gobierno no tolerará "la intromisión extranjera" porque "los problemas y decisiones de los uruguayos lo arreglamos los uruguayos", en una clara alusión a las críticas que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, realizó al acercamiento del nuevo gobierno con Cuba y Venezuela.

Precisamente, Cuba, país con el que ayer normalizó relaciones, aunque Fidel Castro, finalmente no participó de la ceremonia. Sobre las preocupaciones de Estados Unidos, Vázquez aclaró que Uruguay luchará "contra el terrorismo" y instó a desarrollar una nueva política de derechos humanos "dentro de la legislación vigente, pero para que todos los uruguayos recobren la paz en sus corazones" y para que "las atrocidades de la dictadura (1973-1985) no ocurran nunca más".

Plan de emergencia social

Después de jurar en el Palacio de las Leyes (Congreso), Vázquez se dirigió al Palacio de la Independencia, en un Ford T 1921 (una "cachila", como se los llama en Uruguay), que perteneció a su suegro. Acompañado del vicepresidente Rodolfo Nin Noboa, saludó a una multitud embanderada con los colores del Frente Amplio. En la sede del Ejecutivo, el nuevo mandatario recibió la banda presidencial de su antecesor, Jorge Batlle, quien se retiró abucheado.

La primera medida del nuevo gobierno fue destinar 100 millones de dólares al Plan de Emergencia Social, para comenzar a rescatar de la pobreza a 800 mil de los 3,6 millones de uruguayos, implantar un nuevo impuesto a la renta, articular una nueva ley de defensa y "trabajar por un mejor y más grande Mercosur" y la integración con "el resto de América del Sur", bajo los conceptos "del multilateralismo y el respeto a la autodeterminación de los pueblos".

Tabaré Vázquez envió un mensaje tranquilizador a los mercados financieros, al asegurar que su Gobierno cumplirá con los compromisos asumidos con organismos internacionales respecto al pago de la deuda exterior.

Fue una jornada histórica, por el calor y el fervor que se vivió en las calles desde las últimas horas de la noche del lunes, hasta la medianoche de hoy, cuando culminaron los conciertos musicales en varios puntos de la ciudad y que tuvo sus momentos cumbres cuando Tabaré juró la constitución ante "la estrella" del nuevo gobierno, el nuevo ministro de Ganadería, José Mujica, el ex líder tupamaro, quien aprovechó la oportunidad para decir: "Le doy la palabra al compañero Presidente, a quien quiero decirle: gracias a la vida por haber llegado hasta aquí".

Más tarde, en el balcón del palacio Independencia, Mujica, quien padece un cáncer linfático, se llevó la mayor ovación de la tarde junto al nuevo Presidente.

Así, con ambiente de carnaval y apelaciones a la historia, ayer, el primer gobierno de izquierda uruguayo arrancó con un desafío triple: el "cambio moderado", el respeto a las leyes del mercado, y el énfasis en contrarrestar el alto costo social de las políticas de los últimos años.

EDITORIAL

Uruguay: cero y van cinco

Con la posesión ayer, en medio de demostraciones callejeras de apoyo, de Tabaré Vásquez -primer presidente socialista en la historia de Uruguay-, el pequeño país que fue llamado ’la Suiza de América’ se unió a la corriente izquierdista que predomina desde hace varios años en América del Sur, con diversos grados de intensidad.

La izquierda uruguaya, a través del Frente Amplio, no solo ganó la Presidencia de la República, sino el control del poder legislativo, cuya presidencia fue asumida por el ex guerrillero tupamaro José (’Pepe’) Mujica, un líder tan emblemático como Vásquez, que hizo el largo tránsito de la lucha armada a la democracia hasta convertirse en un político respetado. En los años 70, los Tupamaros, junto con grupos afines, como el Erp argentino, hacían época como movimientos guerrilleros, protagonizando secuestros y atentados espectaculares, a los que siguieron cruentas dictaduras en los países del Cono Sur. Que hoy, muchos años después, uno de sus dirigentes, luego de pasar más de una década en prisión, llegue al frente del parlamento uruguayo no deja de estar cargado de simbolismo.

La victoria de Mujica, como la del presidente Tabaré, es la culminación de varias décadas de lucha, en las que una veintena de partidos y movimientos socialistas, comunistas, disidentes de los partidos tradicionales y grupos radicales -incluyendo a antiguos militantes de la guerrilla- derrotaron el sistema bipartidista (blancos y colorados) que había monopolizado el gobierno desde la Independencia, por cerca de 180 años. Aquellos grupos empezaron a aglutinarse en 1971 en el Frente Amplio, que combatió a la dictadura militar (1973-85) y, tras la restauración de la democracia, llevó a Tabaré Vásquez a la alcaldía de Montevideo. Desde entonces, la izquierda se hizo dueña de la capital y creció hasta convertirse en la primera fuerza política del país.

A diferencia de algunos de sus actuales compañeros de viaje, el Presidente, un cancerólogo de 65 años, no tiene antecedentes como miembro de un grupo armado y, en sus años al frente de la capital uruguaya, se mostró como un moderado representante de la izquierda. Su victoria, a la cabeza del Frente Amplio y sus aliados, Encuentro Progresista y Nueva Mayoría, arroja una lección que un país como Colombia haría bien en asimilar, pues fue facilitada por la deplorable situación económica y social del Uruguay, que hace años perdió su privilegiada estabilidad (y, con ello, su apodo de ’Suiza de América) y ha visto sumirse en la pobreza al 20 por ciento de su población. No en vano una de las primeras medidas del nuevo Presidente fue la adopción, ayer mismo, de un plan de emergencia social en beneficio de los más desfavorecidos, como los que han puesto en marcha, con distintos nombres, el gobierno del Brasil y, en nuestro caso, la administración de Lucho Garzón en Bogotá.

Imposible no dar una lectura regional a la posesión del quinto presidente de izquierda en América Latina. Desde los socialistas moderados, como el chileno Ricardo Lagos y el argentino Néstor Kirchner, pasando por los pragmáticos, como el brasileño Lula da Silva, y hasta el más radical, Hugo Chávez, en buena parte de las casas presidenciales del subcontinente habitan hoy líderes de izquierda.

Esta tendencia a la izquierda es una realidad regional que bien haría Colombia en seguir atentamente. Mientras aquí se organizan peregrinos intentos de revocar el mandato de un alcalde de izquierda popularmente elegido, la corriente en el resto de América del sur va en dirección opuesta. Y, si bien eso no es argumento para que el presidente Uribe (que no asistió a la posesión de Tabaré) cambie de rumbo, sí es un dato evidente de la realidad continental que debe llevar a nuestro país y a su política exterior a manejar con cuidado las relaciones en la región, para no caer en un eventual e indeseable aislamiento.



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