Germán Reyes
Lunes 7 de abril de 2008
Quizás el ruido de los villancicos de diciembre del año pasado, el receso del mes de enero y la no puesta en consideración en las sesiones extraordinarias de mediados del pasado mes de febrero, no concitó la atención del Proyecto de Acto Legislativo (PAL) #047 de Cámara sobre la Reforma Política propuesto por el Ministro del Interior desde el mes de agosto de 2007. Ahora está en la mira, no sólo de congresistas, sino de columnistas y comentaristas que miden el pulso a la política colombiana.
Su alcance –del proyecto- es impedir la doble militancia; sanciones a partidos o movimientos que avalen candidatos que sean condenados por nexos con organizaciones al margen de la Ley o que lleguen a perder a más del 50% de sus elegidos por estas razones; consultas entre partidos para elegir candidatos de coalición; financiación de campañas por parte del Estado; elevación del umbral del 2% de la votación total al 5%. Para cualquiera de mis lectores es fácil concluir que el escándalo vivido con más del 20% de los miembros del actual Congreso de la República investigados y 22 de ellos presos por vínculos con los paramilitares o conocidos como parapolíticos, ha sido el detonante que obligó al Gobierno de la Seguridad Democrática a proponer normas que “limpien la política”.
Algunos dirían que, “henchidos de dolor de patria” por las formas de lucha adoptadas por liberales, conservadores, “partido de la U”, “Cambio Radical, “Alas Equipo Colombia”, “Colombia Democrática”, “Convergencia Ciudadana”, a punto de amenazas y en obscura convivencia con paramilitares y narcotraficantes “se ganaron la voluntad popular” y que movió al Gobierno, según el Ministro del Interior, al “diseño de aplicación de instrumentos capaces de impedir que esta voluntad sea afectada o manipulada por intereses criminales”, óigase bien, intereses criminales o de asociaciones para delinquir. De paso, y según algunos comentaristas, con la elevación del umbral al 5%, se pretende revivir un Frente Nacional con exclusividad para Liberales y Conservadores, con una carrera de obstáculos a los demás partidos, movimientos o grupos sociales que quieran aparecer en sus “limpias contiendas”.
Mucha tela hay para cortar o, mejor, para comentar. Tan sólo me limito, por ahora, al Artículo 3 del mencionado proyecto por medio del cual se reforma el Artículo 109 de la Constitución Nacional, respecto a la financiación total o parcial de las campañas por parte del Estado. Por campaña electoral se entiende aquel despliegue de afiches, vallas, camisetas, voceadores o perifoneadores, buses, pago de garajes y sedes, cuñas radiales, televisión y prensa escrita o lo que se entiende como acceso a los medios de comunicación del Estado que rigen para las elecciones ordinarias. También se puede entender que financiación anual de partidos y movimientos son las contribuciones con recursos del Estado para el pago de las sedes y servicios públicos. A esta financiación de campañas electorales, promovidas por partidos o movimientos que inscriban candidatos, concurre el Estado mediante la llamada reposición de votos. Como ésta es insuficiente, aún no es posible considerar que los particulares dejen de concurrir en este propósito, con las implicaciones de “compra de conciencias” que ello implica. Luego, ¿qué es campaña electoral? ¿Qué es campaña política?
El tema Marketing Político –MP- nos trae parcialmente la respuesta con relación a una campaña política. Es una herramienta de comunicación en procura de acercar al ciudadano a su política (a un producto, a una idea o a un servicio) o a una imagen que le genera credibilidad e identidad; entendida, además, como esa percepción o sensación que la opinión pública tiene de un determinado aspecto o dirigente. El mismo MP traza mecanismos de cómo ir midiendo esas percepciones, no sólo de quién las emite sino de quién las recibe. Es lo que maneja muy bien el presidente Uribe y lo que le anima a estar haciendo campaña política permanente con mediciones periódicas a través de encuestas que “generosamente” le obsequian sus aliados.
El Artículo 3 del proyecto supone que el candidato presidencial sólo accede a medios de comunicación, en esa campaña limitada, unos cuantos meses antes de la elección y para lo cual dispone de un máximo de espacios publicitarios y espacios institucionales de radio y televisión “costeados por el Estado”. Difícil creerlo. Como quien dice, se pretende ocultar que al candidato lo “cocinan” muchos meses, incluso varios años, antes de iniciar la campaña electoral, los medios de comunicación; hasta a muchos aspirantes a Congresos, Alcaldías, Gobernaciones y Concejos, los pasean por “toques de popularidad e imagen” o le hacen campaña; gabela de la que estamos privados los que ejercemos la oposición o discrepamos del gobernante de turno o de los partidos tradicionales empotrados en el poder.
Se ha dicho que la vertiginosa transformación del monopolio de los medios de comunicación, palpable con las grandes empresas como El Tiempo, Caracol y RCN, estrechamente ligada a los poderes económicos y políticos, han vuelto inconfundibles los linderos de los espacios entre el Gobierno y los grandes medios o, como dice un interesante estudio del periódico DESDE ABAJO (Edición #132, marzo-abril de 2008), y que cité en el Primer Foro Internacional de Publicidad, promovido por la Agencia Nova Colombia y la Universidad Latina el pasado 2 de abril, esos monopolios “han construido y profundizado valores, referentes culturales, ideales políticos, meciendo y adormeciendo en sus noticieros y páginas informativas a millones de colombianos, por efecto de lo cual se vive una simulación cultural y democrática”; peor aún, deforman la democracia, opacan al contrario, alienan a multitudes y dan paso al autócrata.
Los noticieros de radio, ya no son lecturas de noticias, dice el estudio, sino que son ESPACIOS CERRADOS DE OPINIÓN CONDICIONADA –valgan las mayúsculas-, donde el Director, con una mesa de trabajo, opina sobre lo humano y lo divino, donde lo que prima es construir opinión pública afecta a sus intenciones, que acaba con las posibilidades de reflexión de los muchos escuchas, de la cual sólo sacan ventaja unos cuantos que en verdad están en campaña política, reitero, sin aún estar en campaña electoral. Son lecturas sugerentes, no informativas, que logran sorprendentes resultados a favor de grandes empresas y de los gobernantes de turno, que luego son medidas en las famosas encuestas de opinión que, en últimas “hacen que todos se apunten al ganador”. Esos tumultos de aplausos o, como dicen, de esos “reality show”, tal como los vemos en los Consejos Comunales de Uribe, no sólo deforman la información, sino la democracia.
¿Tenemos los miembros y partidos de izquierda idénticas posibilidades de hacer política o campaña? ¿Hay razones para creer que la imagen que nos muestran del gobierno de Uribe es controvertible? En nuestros debates y accionar parlamentario, permanente lo hemos demostrado. Cualquiera de mis lectores podrá concluir que no tenemos las mismas posibilidades para hacer política. Más que pensar en financiación de campañas electorales con la concurrencia del Estado, lo que se debe facilitar son los medios para hacer campaña política, la que no sólo se hace antes de elecciones presidenciales o de cuerpos colegiados, sino en la vida cotidiana, en la construcción y confrontación de un partido. Por ejemplo, que se nos den facilidades para conformar nuestros propios medios de comunicación en televisión, radio o prensa, que nos faciliten esa disciplina del Martketing Político que une la vida de nuestros militantes y simpatizantes con nuestro partido, que los vuelvan cercanos a nuestra gestión y a las decisiones que sobre la vida de la nación estamos permanente tomando o proponiendo. De lo contrario, son meros remedos de democracia, en especial frente a los grandes medios de comunicación, puesto que, cuando allí nos dan cabida, es más por necesidades de la coyuntura o por complemento informativo que por impulsar “nuestra imagen”. Además, un alto porcentaje de los recursos que se les otorgan a los partidos se va en pago a los monopolios de los grandes medios de comunicación que más tarde nos negarán el mismo espacio.
El Polo mantiene su comunicación con la nación con espacios aún precarios; nuestra campaña aún está limitada a nuestra militancia, con serias desventajas frente a la campaña política del Gobierno y su séquito de seguidores, de los cuales somos sus oponentes.
Bogotá D. C., 5 de abril de 2008
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