Al próximo mandatario de Barranquilla le espera una ciudad con más de cien mil desempleados, un ‘ejército’ de indigentes deambulando por las calles y cinturones de miseria que urgen políticas de largo plazo para erradicarlos.
De ser considerada en el pasado ‘La puerta de oro’ de Colombia, entre otras cosas por el dinamismo y pujanza de su economía, Barranquilla es hoy la más pobre de las cuatro principales ciudades colombianas. Así lo confirma una investigación realizada por Javier Pérez e Irene Salazar, citada recientemente por el connotado economista Adolfo Meisel Roca en una columna publicada por este diario, la cual será publicada en breve por el Centro de Estudios Económicos Regionales (Ceer) del Banco de la República. Según la misma, entre las 13 principales ciudades colombianas, Barranquilla y Cartagena tienen el mayor porcentaje de pobres. “Uno de cada tres habitantes de estas ciudades vive en la pobreza. Mala noticia para el Caribe, pues en ellas se encuentran localizados el 20% de los costeños”, expresa Meisel.
Pero en realidad, los barranquilleros intuían este diagnóstico desde hace rato, a partir de la rea-lidad del día a día. Aquí, centenares de personas subsisten cada día con menos de 2 dólares diarios (es decir, menos de 7 mil pesos), y en esto no hay mucha diferencia de la media nacional: casi una de cada seis personas son indigentes, con ingresos inferiores a $3.000 diarios; el 20% más rico de la población capta veinte veces más ingreso que el 20% más pobre; y la dieta de centenares de personas se basa en arroz, espagueti, panela y papa.
La situación se vuelve más compleja aún si se observa cómo en los últimos 12 años, Barranquilla es uno de los grandes centros de recepción de desplazados que huyeron de la violencia de otras regiones del país, e incluso de la misma Costa Caribe, y que no encontraron más que reacomodarse en las zonas periféricas, lo cual, ante la falta de políticas para dar cabal atención al fenómeno, pasó a engrosar los cinturones de miseria de la ciudad.
Según estadísticas del Codhes (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento) el Atlántico recibió en estos años el 36% de los 250 mil desplazados que se calcula llegaron a la Costa, y de ellos, se estima que el 77% se quedó en Barranquilla.
Solucionar este problema es el gran reto del desarrollo económico de la ciudad desde hace muchos años, afirma Adolfo Meisel, y por el diagnóstico, parece que la aseveración no merece mayor discusión. Por eso, al iniciar el plan de cubrimiento especial de las elecciones, EL HERALDO preguntó a los aspirantes a la Alcaldía de Barranquilla cuál es su estrategia para atacar el fenómeno de la pobreza. Como complemento, se le pidió a un experto en el tema, el economista Alberto Abello Vives, Ph.D en Economía, que analizara esas respuestas a la luz de su formación, experiencia y de sus conocimientos sobre la realidad local.
Máximo Noriega Rodríguez
Incentivar la inversión privada en la ciudad y aumentar las obras civiles para generar mayor empleo, propone el candidato a la Alcaldía por el Polo Democrático Alternativo, Máximo Noriega, como principal herramienta para luchar contra la pobreza en Barranquilla. “Para incentivar la inversión hay que mejorar la infraestructura pública de servicios y vías; ofrecer incentivos tributarios. Esto aumentaría el mercado laboral en Barranquilla, cuya tasa de desempleo está por encima del quince por ciento, uno de los más altos del país.
En lo social, el programa educativo debe estar orientado a elevar la capacitación en tecnología y competencia, y en salud, es necesaria la inclusión al Sisbén de toda la población vulnerable, fortalecer la red pública y erradicar la intermediación que produce el denominado Paseo de la Muerte. Además, se requiere implementar de carácter urgente medidas para erradicar la pobreza extrema y poner en marcha proyectos como el de Cero Hambre, que asegura el sustento básico alimenticio de niños, ancianos, mujeres gestantes y lactantes, discapacitados y personas desplazadas”.
“La pobreza es un problema demasiado serio para atacarlo con medidas oportunistas, cuyo único objetivo es repartir unos miles de pesos en mercaditos a cambio de votos”, dijo al respecto Máximo Noriega.