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Aurelio Suarez Montoya

¿Quién dice la verdad, el Ministro o los corresponsales del campo?
Lunes 1ro de septiembre de 2008

En la “rendición de cuentas” del ministerio de Agricultura a la opinión, quedó la sensación de que se trataba del funcionario de un país distinto a Colombia. Las cifras, los “logros”, las políticas expuestas y las metas daban la sensación de estar oyendo sobre una realidad diferente a la que palpan los colombianos respecto al agro. Igual se sintió en un seminario sobre “Crisis alimentaria”, promovido por el Banco Mundial, cuando altos funcionarios del ministerio repitieron la presentación de marras.

La tasa de crecimiento del 5%, dijeron expertos, se sale de cualquier serie estadística histórica, las tierras recuperadas y por recuperar para los desplazados cubren 35.000 hectáreas cuando la Contraloría y Acción Social señalan que la cifra total está entre 2,5 y 3 millones; es decir, no va ni el 2%, se habla que “las familias colombianas tengan acceso a alimentos, a precios estables,” cuando se sabe que por tonelada importada de cereales se ha tenido que pagar en el último año un 39% más, y se coloca al crédito, por más de $3 billones en 2007, como palanca del éxito, cuando en mayo la AID objetó la política crediticia al denunciar que el 45% está concentrado en ganadería, “en los grandes productores” y, sobre todo en el Gobierno, al cual el Banco Agrario ha prestado $4,35 billones en forma de Títulos TES, así resulta el primer beneficiario del crédito rural, mientras para maíz, fríjol y alimentos apenas dispone de escasos $200.000 millones. (¡Increíble!).

Algunos corresponsales del campo contribuyen a desmentir “las cuentas” ministeriales. La Asociación Integral de Pequeños Productores Agropecuarios de Codazzi (Cesar), con 150 afiliados y dedicada al cultivo de maíz blanco convencional, escribe que cada vez están más “decepcionados” ya que cultivan en tierras “ajenas”, deben sembrar con semillas certificadas cuyo costo es cercano a $250.000 para una hectárea, requiriendo más mano de obra, más fertilizantes, más controles de malezas, lo que, al final, les reporta un costo de $1’700.000 por hectárea , si no hay invierno en la recolección y no se exige la entrega del producto seco lo cual lo encarece más. Lo anterior es requisito para recibir un exiguo subsidio del gobierno, que no llega al 10% del importe por tonelada, que es de 650.000, casi lo mismo que el precio de venta. ¿Asume el Ministerio la Seguridad Alimentaria como “el mayor reto”?

Se habla también de la autosuficiencia en arroz. Si no se hubiera mantenido un arancel del 80%, decretado por la resistencia de los productores al “libre comercio”, no se tocarían trompetas de victoria. Pero no todo es color de rosa. Una comunicación pública de AGAMETA, Asociación de Agricultores y Ganaderos del Meta, de hace pocos días, enjuiciaba las política respectivas al anotar que “desde 2004 han tenido como consecuencia la reducción de 100.000 hectáreas de siembra; el país no ha recuperado los niveles logrados en ese año”. Contrario a lo dicho por el ministro, esta rama va para atrás en cuanto a la provisión del mercado nacional. Un número de hectáreas, que se acerca a la suma denunciada por AGAMETA, se ha desplazado a palma de aceite. En el Llano ya son más de 76.000 en dicho cultivo y en tanto las del cereal, por cosecha, son ahora 90.000 en el primer semestre y en el segundo es apenas la mitad.

Una prueba más del “despiste” ministerial es que haya omitido hablar del café, que es la tercera parte del área sembrada, el 29% de las exportaciones agrícolas y el 31% del empleo rural, un renglón donde medio millón productores están pidiendo un mínimo de 550.000 por carga, para la cosecha que recién se inicia, de los cuales 25.000 están a punto de ver rematados sus predios por insolvencia para honrar sus deudas ya refinanciadas y quizás el que más ha sufrido por la revaluación del peso y el espiral alcista de los abonos e insumos diversos. “Estos cafeteros que han producido dividendos, riquezas y honores a Colombia merecen ser tratados con honradez, honestidad y cumplimento y no con engaños y vendas en los ojos para hacerles creer que los ayudan…”, escribió al Ministro y a altos oficiales del Gobierno, un veterano cafetero de La Celia (Risaralda), Segundo Rojas. Luego de este recuento, lo único cierto es la frase última del informe del ministro Arias, “no somos perfectos”; no obstante, yo agregaría, pero mucho más imperfecto que lo que él se cree.


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