“Si yo fuera simplemente un emotivo no estaría vivo, lo que pasa es que sí le pongo mucha emoción a la vida…es que ya soy un hombre de casi sesenta años y a veces la salud me lo recuerda”
Se reconoce como un poeta a quien no le ha dado la gana de publicar sus poemas porque no quiere caer en manos de los “cultores” de la literatura y no tengo pretensiones de ser incomprendido a través de la poesía.
Por Bertha Teresa Bolaños
Editora Local Diario la Verdad
Desde el balcón de su cuarto, en uno de los conjuntos residenciales más tranquilos del legendario Crespo, mira pasar los aviones y avionetas privadas cuando salen de Cartagena y a veces piensa que no ha terminado la guerra. Acompañado de Luna, Bongo y Alí, sus perros de raza Lobo Siberiano se goza de una vida a la que muchos de sus amigos dicen envidiarle, cantidades de libros y Cd`s contribuyen con el desorden ordenado de este hombre de casi sesenta que nos concede la entrevista en su habitación porque desde allí, dice, se ve hacia fuera y eso le gusta, el verdor de los árboles y el azul del mar en frente nos dieron la real tranquilidad que necesitamos para esta conversación, que si bien no contiene todas las sorpresas que conforman los días de “Rafa” Vergara es porque son tantas las historias que no caben en una página.
Amante de los chistes, las mujeres y la poesía, se describe como un romántico de tiempo completo, sin embargo, confiesa Rafa, el amor ha abandonado la causa. Con un dejo de melancolía en sus ojos cuenta que no puede ya tener una mujer permanentemente a su lado, no porque no lo desee, ni más faltaba, sino porque las mujeres tienen exigencias materiales que no puede cumplir con juicio, van de un lado a otro, quieren salir siempre a paseos … en fin, agrega “mi vida debe ya tener el sosiego que necesito, quiero estar en completa tranquilidad…si llega a mi vida una mujer que se acomode, seré el hombre más feliz por el resto de los días…
Justo en una fecha como la de hoy, en la que tuve esta conversación con “Rafa”, (26 de abril) en un avión de Avianca asesinaron a Carlos Pizarro León-Gómez, su amigo, militante y líder del M-19, el dato trajo a su mente muchas situaciones vividas al lado de Pizarro mientras militaron juntos en ese movimiento de izquierda y la conversación, por supuesto, tomó el rumbo histórico y político que tanto le gusta a Vergara Navarro. Nos contó que Pizarro debía salir de Bogotá a Barranquilla en el vuelo de las cinco y cuarenta y cinco pero curiosamente por seguridad le cambiaron la hora de su viaje, tanto que “La mona Vera”, como ellos le decían a Vera Grave, se quedó esperándolo en Barranquilla, ella llamaba porque no sabía qué estaba pasando con Carlos Pizarro, no llegaba, y anota Rafa que quienes sí lo sabían eran los asesinos porque entre ellos estaba infiltrado un escolta suyo y por eso siempre resultó tan sospechosa la afirmación del General Maza Márquez cuando de entrada dijo: Lo asesinó Pablo Escobar. Después Carlos Castaño dijo haberlo matado él porque Carlos era un agente de Escobar…entonces… menos más menos es más… Algo de culpabilidad tendrán los que mintieron, y claro ahora es fácil decir que lo mató Castaño porque al fin y al cabo ya están todos muertos. “Rafa” Vergara sigue pensando en que Castaño no tenía la autonomía para haber matado a Pizarro porque él en ese momento era un sicario más, él no decidía quién se moría ni quien vivía…después sí… Vergara continúa la conversación como si pensara en voz alta y dice que a Carlos lo mata la intolerancia de un sistema que sabe al hombre como ganador de una elecciones presidenciales, lo compara con el Mio Cid a quien matan y amarran a un caballo, sigue el camino amarrado al caballo y ya las flechas no le hacen nada, atraviesa las resistencias enemigas y finalmente gana la batalla pero ya estaba muerto, así, dice Rafa, de la misma forma gana Pizarro la batalla de la Asamblea Nacional Constituyente. Era un 26 de abril de 1990, sólo tres meses lo dejaron hacer su trabajo como candidato y lo matan porque las encuestas estaban disparadas en todo el país.
En Colombia, cuenta Rafa, se pierde la memoria con facilidad, por eso es tan importante la novela de García Márquez (Cien años de soledad) porque hay que ir siempre poniéndole nombre a cada cosa para recordarla, por eso es preciso recordarle a la gente que Mancuso no es igual a Bateman…y que el acuerdo de paz con el “M” no es lo mismo que el sometimiento a la justicia de los “narcos” o de los “paracos” y que con el M-19 nadie salía enriquecido, acepta que hubo el suceso del Palacio de Justicia en donde la mayor parte de los muertos la puso el ejército, esto no quiere decir que nosotros no hayamos tenido ninguna responsabilidad, porque en toda guerra hay responsabilidades, pero es que no hay guerras azucaradas, siempre y muy tristemente las guerras traen muertos, el “M” no le pidió perdón al sistema político de este país porque debe ser al contrario, el M-19 le pidió perdón a las víctimas. Rafa Vergara suspende el comentario diciendo que del “M” la queda una intensa vocación de luchar por la paz y me advierte que no le interesa si estoy haciendo mi grabación porque es una persona de palabra…, no tiene nada que esconder, pero se sale del tema, no porque cuide su prudencia sino porque le duele lo que está contando, entonces es cuando le echa mano a su recurso singular, echa un chiste y sigue hablando de la ciudad, de su gente, de sus amigos y de su vida.
Sentado en el borde de su cama sigue hablando como los niños cuando acaban de llegar de un paseo.
En este momento Rafa Vergara asume posiciones y reconoce los costos políticos, ha ocupado cargos públicos y así mismo ha sentido la ingratitud de muchos a quienes ha servido con sus ideas y hasta con sus necedades. Habla del Polo Democrático, dice que es un movimiento bien interesante aunque no es lo mismo que el “M” porque ya él tampoco es el mismo Rafa Vergara de hace muchos años. Continúa hablando de la necesidad de descentralizar las transferencias de los Departamentos porque el dinero es lo que corrompe, la corrupción de la que tanta línea se ha tirado acaba lentamente con Colombia entera., se reconoce enemigo de las reelecciones y ejemplariza con la de Uribe, considerando que e Presidente de la segunda elección es el verdadero, el período pasado, dice Rafa fue una mentira, a Uribe no le faltó escrúpulos para aceptar unirse con quien sea para ganar unas elecciones… eso nos tocó a nosotros piensa Vergara refiriéndose al Alcalde Nicolás Curi quien no se ha dado cuenta lo generosos que ha sido con él porque no ha querido remover el tema de los abanicos que regaló mientras adelantaba su campaña a la Alcaldía, no tiene ningún reparo personal contra el Alcalde y lo considera como un hombre anciano que hace un enorme esfuerzo por quedar bien, por que la gente no lo recuerde como alguien que tiene 85 denuncias penales pero igual no olvida que ahí hay una deuda que tiene la Fiscalía y el país, independiente que sea Curi o no, eso es claro, si las elecciones para una Alcaldía es posible que se hagan repartiendo abanicos o cualquier otra clase de dádivas, ahora supo que reparten mercados… es lo que piensa.
Al ser cuestionado por las características de la persona que administre la ciudad, sólo se limita a decir que esta ciudad, más que un gerente necesita es un líder. Lo que Cartagena necesita es un proyecto de ciudad compartida, desde el estrato cero hasta el diez, que todos sepamos para dónde vamos como ciudad, es que en Cartagena siempre se ha actuado como al revés que todo el mundo por eso mi oposición a que se sigan destruyendo los manglares.
En este sentido, “Rafa” se ha vuelto voluntariamente monotemático porque es tanta su preocupación por el tema ambiental que se basa en que mientras más se talen los manglares, se pierde más vida e la ciudad, Cartagena se convertiría en una ciudad igual a todas, de cemento, sin cuerpos internos de agua y eso nos daría más calor.
“La ingratitud, la injusticia, la falta de sinceridad me producen dolor” El tema social y político termina con encogidas de hombro indicándome que es tanto lo que hay que decir … que es preferible continuar con otra cosa más liviana, cuando a Rafa le toca hablar de eso el tono de su voz es distinto, se eleva, se altera, se desespera y termina dándole paso a cosas menos complicadas y simples como su vida.
Al conversar con él sobre lo que le duele no piensa dos veces para decir: La ingratitud, la injusticia, la falta de sinceridad, la hipocresía, la insolidaridad, la avaricia, términos a los que en su calidad de antivalores les tiene terror, les teme porque cada día se masifican y, por ejemplo, quienes nos gobiernan no tienen la connotación espiritual que deberían, es que las ciudades no sólo deben ser tema de contratación sino también de humanismo.
En efecto la tranquilidad del espacio en donde Rafa, el reportero gráfico del Diario, y yo conversamos por casi tres horas aportó muchos elementos y uno de ellos, el más importante para este cartagenero de verdad fue el Chiste, sólo de nombrar la palabra ya estábamos muertos de la risa, Rafa se lanzó de inmediato a comparar el chiste con el pezón de una mujer porque considera que esta parte femenina es el punto de mayor explosividad de la inteligencia. Pero así mismo supimos de sus tristezas… hubo silencio antes de decir que le entristece que por más que hace cosas, estas parecen no ser importantes, recordó que guarda un especial sentimiento frente a los temas ambientales pero parece que aún no estamos preparados para reconocer su importancia.
Como cualquier ser humano altamente sensible Rafa Vergara sigue hablando de la ciudad, de los amigos, de su tranquilidad y termina su conversación confesando que cuando se pone triste prefiere dormir, suelta una carcajada y afirma que por fortuna puede hacerlo durante largas horas, le gusta, y la tranquilidad de su conciencia le ayuda a conciliar el sueño cuantas veces sea posible.
La mañana ya estaba a punto de terminar, nosotros debíamos seguir el trabajo y dejar en su casa a un hombre de cola larga, cabello gris y barba imponente que debía ir a la cocina a lavar los platos para prepararse un almuerzo, langostinos, y seguir siendo el mismo porque ya la vida lo induce a hacer cosas que había tenido olvidadas.