Viernes 27 de octubre de 2006
El pasado 17 de octubre la misión para el diseño de una estrategia para la reducción de la pobreza y la desigualdad, (MERPD) dirigida por los académicos Hugo López y Jairo Núñez, presentó públicamente el informe final que pretende tres cosas: sintetizar la situación de la pobreza en Colombia, mostrar la mejoría de los indicadores de pobreza del país desde 1999 y definir la estrategia que se usará en Colombia para la reducción de la pobreza y la desigualdad en los próximos 15 años.
Si observamos la pobreza medida de acuerdo con la línea de pobreza, tenemos que de acuerdo con el informe, entre 1991 y 1995 la pobreza y la indigencia habrían caído en cerca del 3% mientras que entre 1996 y 1999 aquella habría aumentado un 8% y ésta un 10%.[1] Igualmente el informe destaca que después del vaivén sufrido entre 2000 y 2002,[2] a partir del 2003 se habría iniciado un periodo de consistente recuperación de los indicadores de pobreza e indigencia del país, los cuales en el 2005, y según estimaciones preliminares recogidas en el informe, estarían situados en el 49,2% de pobreza y 14,7% de indigencia respectivamente.[3]
Así mismo el documento resalta que la indigencia que en 1999 era del orden de los 10,7 millones de colombianos en septiembre de 2005 se habría reducido en 3 millones, situándose en el nivel de los 7,3 millones de indigentes.
Desde el punto de vista de la distribución de la pobreza entre el campo y la ciudad, el documento asegura que a septiembre de 2005 el 42.3 de las personas que viven en las cabeceras municipales y el 62.2% de las que viven en el campo estarían en la pobreza, mientras que el 10.2% de las personas que viven en las cabeceras municipales y el 27.4% de las que viven en el campo estarían en la indigencia.
Por su parte, si nos detenemos en la evolución de la desigualdad, el texto argumenta que a pesar de que Colombia sigue siendo el quinto país más desigual de América Latina y que el 20 % más rico de la población gana 21 veces más que el 20% más pobre, sin embargo, se mantiene el argumento de que la desigualdad, al igual que la pobreza ha tenido un comportamiento muy positivo a partir del 2003 cuando, según los autores ha comenzado a bajar el índice de desigualdad en un porcentaje similar al de la disminución de la pobreza.
¿Y como se ha producido este milagro? Aunque el documento no lo dice, esta extraordinaria recuperación coincide con el tiempo en que ha estado vigente la política económica del presidente Uribe, una política que, exceptuando el TLC, ha sido calificada por defensores y detractores como fundamentalmente asistencialista y de corto plazo.
Y sin embargo, la pobreza no puede ser enfrentada en Colombia sólo con medidas asistenciales por tres razones principales: ( i ) porque éstas no actúan sobre los orígenes del problema y carecen de capacidad para actuar sobre ellas; ( ii ) porque, dado el volumen de la población afectada por la pobreza, ni el estado ni la economía nacional en su conjunto pueden sostener el nivel de crecimiento del gasto social necesario que esta solución demanda, sin que se generen efectos fiscales indeseados; y, iii) porque los pocos recursos estatales destinados al “gasto social” se manejan ineficientemente y con sentido clientelista.
Ahora bien, al margen de las manipuladas estadísticas oficiales, y de los planteamientos económicos poco sustentados que contiene el informe del MERPD, lo preocupante del fenómeno de pobreza y desigualdad en Colombia, no es sólo su incremento en términos reales en los últimos 10 años,[4] sino también, y lo que es peor, el hecho de que tanto el acumulado total de la pobreza como la tendencia de crecimiento de la misma no son fenómenos coyunturales y por lo tanto no se pueden resolver con políticas cortoplacistas.
Las causas estructurales de la pobreza y de la desigualdad se explican fundamentalmente por factores de difícil resolución como: A) el escaso dinamismo de la economía, ii) la carencia de empleo productivo de calidad, B ) el desmantelamiento de los servicios y la seguridad social; y C) la pérdida del patrimonio familiar.
A. No se puede disminuir la pobreza si no se genera empleo de calidad. Sin embargo no se puede generar empleo de calidad manteniendo el nivel de crecimiento actual del orden del 4% anual; en estas condiciones la economía carece del dinamismo suficiente para absorber la población que necesita trabajar y compensar el desempleo acumulado.
Tampoco es factible generar empleo productivo manteniendo la actual política flexibilización laboral pues con el impulso de este tipo de leyes se han perdido cada año, desde fines de los años 80, decenas de miles de empleos y se han degradado los empleos y salarios de la mayoría de los colombianos con la eliminación de las horas extras.
No es posible generar empleo de calidad si la violencia y el desplazamiento continúan profundizándose pues está demostrado que la violencia ha sido la causa de la pérdida de numerosos empleos tradicionales en las áreas rurales y las ciudades pequeñas y medianas.
Igualmente es imposible mejorar los índices de empleo productivo del país si se sigue permitiendo el cierre de actividades agropecuarias e agroindustriales como resultado del ajuste que se está haciendo para preparar al país para la entrada en vigencia del TLC.
Y por último, no es posible generar empleo de calidad si se mantiene el actual esquema de inversión extranjera que no crea nuevas empresas y fuentes de trabajo sino que compra empresas existentes para fundirlas, modernizarlas o cerrarlas.
B. Tampoco se pueden mejorar los índices de igualdad si se mantiene la política de desmantelamiento de la seguridad social . Con la famosa ley 100 la mayoría de los trabajadores colombianos han perdido el derecho a servicios médicos de calidad y han sido lanzados al mercado especulativo privado de servicios médicos y medicamentos. Igualmente, centenares de miles de trabajadores han perdido o están perdiendo su derecho a pensionarse, o a hacerlo en condiciones dignas.
C. Por último, no es posible rebajar los índices de pobreza e indigencia si continúa la pérdida sistemática del patrimonio familiar que afecta a amplios sectores de la población por razón de la violencia. El desplazamiento forzado y la violencia política ha despojado a alrededor de 3 millones de personas de sus fincas, viviendas y pertenencias personales. Las prácticas usurarias de la banca han dejado más 800 mil familias sin vivienda y 100 mil propietarios han tenido que devolver sus vehículos comprados a plazo. La delincuencia común despoja cada año a centenares de miles de personas de sus vehículos y demás pertenencias domésticas.
Pero combatir la pobreza y la desigualdad implica hacer más que eso. Es necesario generar oportunidades efectivas de participación de los beneficios en los procesos de generación de riqueza y de su distribución, se requiere igualmente lograr que la inmensa mayoría de la población tenga acceso a los servicios y la seguridad social y se necesita encontrar la manera para que la inmensa mayoría de los colombianos pueda acceder a las oportunidades de desarrollo y especialmente de mejoramiento del capital humano a través de la educación de calidad.
Y esto es imposible mientras se mantengan vigentes concepciones ideológicas, que como el neoliberalismo económico implantado en Colombia desde los inicios del decenio de 1990, desconocen la responsabilidad política del Estado y de la sociedad de proteger a los sectores más pobres y vulnerables de la población y que promueven y aplican políticas de desmantelamiento de los servicios sociales públicos o su privatización. Tampoco es posible eliminar la pobreza eliminando sistemáticamente las conquistas sociales de los trabajadores o judicializando la protesta social.
Por eso entre 1996 y 1999 el país vio crecer la pobreza de 49.9% a 57.5%, llegando al 63% en 2002 y ahora sin que hayan mediado soluciones eficientes y efectivas el gobierno manipula la cifra para reducirla estadísticamente de nuevo al 49,7%. La pobreza no puede haber descendido en lo que va corrido del nuevo siglo, porque el aparato productivo nacional y sus estrategias de crecimiento no han tenido el dinamismo mínimo indispensable para generar el empleo necesario para que la pobreza no aumente; ni el Estado ha dedicado los recursos adecuados para la “inversión social” pues ha decidido destinar un porcentaje muy importante de los ingresos corrientes al financiamiento de la guerra y al pago de la exponencial deuda pública.
[1] En ese último año la pobreza habría alcanzado un record histórico del 57,7% y la miseria habría llegado, según cifras oficiales a un 25,4%.
[2] Según cifras oficiales recogidas por el informe habría habido un mejoría en el bienio 2000 -2001 y una nuevo aumento de la pobreza en el 2002.
[3] La medición de la pobreza y la miseria que aquí se interpreta es la medida absoluta creada por el Banco mundial según la cual se es pobre si se gana menos de 2 dólares diarios y miserable si se gana menos de 1 dólar. Sin embargo en Colombia son pobres quienes ganan menos de $7.600 diarios, es decir, US $3.3 diarios y son considerados en la miseria quienes subsisten con menos de $3.500 pesos diarios, es decir con menos de US$ 1.5.
[4] Con todo y la supuesta mejoría en la situación económica del país el nivel de pobreza y desigualdad actual en Colombia es el mismo que había en 1995 antes de la crisis