Aunque los ingresos de Bogotá han crecido de manera notoria en los últimos años, es necesario que la ciudad traspase tres fronteras fiscales con el fin de obtener los recursos suficientes para atender, en el mediano plazo, las demandas que sobre las finanzas generarán los programas sociales y de movilidad sugeridos en el Plan de Desarrollo Bogotá Positiva para Vivir Mejor. Esas fronteras, según el concejal Carlos Vicente de Roux, se relacionan con las normas nacionales que regulan sus fuentes de ingresos, la incapacidad del distrito para utilizar ciertas herramientas fiscales y la baja participación de la ciudad en los macro negocios que genera la aglomeración urbana.
La explicación más detallada de ese planteamiento está contenida en el siguiente escrito elaborado por el Concejal Carlos Vicente de Roux en el marco del debate al Plan de Desarrollo que se realiza en el Concejo de Bogotá:
El Distrito de Bogotá ha venido viviendo una notable bonanza, que tiene dos explicaciones. La economía de la ciudad ha crecido significativamente en los últimos años (en los 12 más recientes, se multiplicó por 1.4). Y el Distrito supo aprovechar esto, aumentando sus ingresos corrientes y de capital. Entre los primeros se destacan el impuesto de industria y comercio (ICA), el predial (a partir de los autoavalúos) y la sobretasa a la gasolina, que exhibieron una destacada expansión.
A causa, entre otras cosas, del aumento de esa presión tributaria, los ingresos totales del Distrito pasaron de equivaler al 4% del Producto Interno Bruto de Bogotá, a corresponder al 9%.
No parece, sin embargo, que esta dinámica expansiva pueda mantenerse en el mediano plazo, aunque las demandas sobre las finanzas distritales (para programas sociales y de movilidad) crecen sin pausa. Las fuentes de ingresos tradicionales de la ciudad ya no pueden rendir mucho más de lo que han dado.
Esto obliga a que la ciudad piense en traspasar tres fronteras fiscales:
En primer lugar, la de los límites que le imponen las normas nacionales que regulan sus principales fuentes de ingresos: las transferencias, de una parte, y el ICA, el predial, el impuesto de vehículos y la sobretasa a la gasolina, de la otra. Bogotá reúne todas las condiciones que justifican que se le conceda autonomía para la regulación de esos impuestos.
Una segunda frontera por superar es la de la incapacidad del Distrito para utilizar ciertas herramientas fiscales especiales. Se trata de medios para participar en el aumento del valor del suelo urbano causado por la aglomeración, por las normas que permiten darle a ese suelo un uso más intensivo y por la ampliación de las infraestructuras. Entre esas herramientas están la valorización, la participación en plusvalías y los sistemas de reparto de cargas y beneficios entre el sector público distrital y los urbanizadores.
Bogotá ha sido muy tímida en el empleo de esos instrumentos. Así por ejemplo, en los últimos 4 años tan solo recaudó 38.000 millones de pesos por plusvalías.
La última línea por franquear es la que separa al Distrito de la participación en los macro negocios que genera la ciudad, como los que giran en torno al transporte, los residuos sólidos, el aprovechamiento económico del espacio público, y las operaciones de tesorería con los excedentes de caja que Bogotá mantiene en los bancos (se acercan a los 2 billones). La ciudad le ha entregado esos negocios a los particulares, en condiciones desventajosas para ella.
La hacienda pública de la ciudad ha sido manejada con responsabilidad y cautela. Sus funcionarios han sido unos acuciosos recaudadores de impuestos. Pero el desafío que tiene esta capital, de convertirse en una metrópoli equitativa y amable, demanda unos desempeños de otra naturaleza. Valdría la pena que el Plan de Desarrollo Bogotá Positiva: para Vivir Mejor, que salga de las manos del Concejo, le ayude a la ciudad a traspasar las 3 fronteras que se mencionaron y a estar a la altura de aquel desafío.
Para mayor información, comuníquese con
Diana Rodríguez - Patricia Brochero C. – Prensa y Comunicaciones
Concejal Carlos Vicente de Roux
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