SeguridadesBogotá-. En estos tiempos de miedos calculadamente creados, se hace más aburrido viajar en avión. Si en EE.UU. o en Inglaterra, que son los socios de la guerra global, como ahora se llama, “descubren un complot terrorista”, en Colombia se adoptan las mismas ridículas medidas que la Policía impone en esos países. La semana pasada, la esculcadera en nuestros aeropuertos se desató porque Londres había ordenado medidas extraordinarias. Nuestros agentes de Policía -gordísimos que están- se dieron a la tarea de esculcar todo bolsillo, maleta, bolso o lugar donde el pasajero pudiera llevar un cortauñas, un aerosol, una crema de dientes. La paranoia no terminaba en la arbitraria requisa, sino que una vez los pasajeros estaban sentados y con el cinturón abrochado, se ordenaba desembarcar, por “razones de orden público”. Al rato, otra vez la misma rutina: los caballeros amarrándose afanados los pantalones sostienen la cédula con la boca; las damas, acaloradas, tratan de convencer al agente armado de que las toallas higiénicas no contienen explosivos. Los dispositivos de seguridad son cada día más numerosos, más rigurosos, más atrabiliarios y, digamos, más técnicos. La tecnología de seguridad, costosa e inútil, es el secreto de los servicios secretos. Nada saben hacer si no tienen una máquina al lado y la máquina hace todo. Y nada. Entonces, necesitan otra máquina, y otra. Y así se ponen todos los días al día para complacencia de las empresas que las venden, que diseñan los operativos, y de los agentes, que, exagerando el riesgo, cobran más sueldos, más prestaciones y más primas.
Cárceles de seguridad
La política económica del Gobierno, como las mismas estadísticas oficiales confiesan, obliga a los ciudadanos a rebuscarse como puedan, donde puedan y con lo que puedan. Muchos, muchísimos, tienen que hacerlo en “malos términos”, es decir, a la brava. Descuento de la lista los chanchullos en las entidades oficiales -aun en las militares como en la IV Brigada- y otras modalidades emparentadas con el gamonalismo. Descuento también los delitos vinculados a la guerra. Hablo de hechos cotidianos: robos, atracos, extorsiones a mano armada o sin ella, pero de todos modos, violentos y casi siempre sangrientos. En lugar de aceptar que, en última instancia, estos resultados son un efecto y que la causa es la política económica, el Gobierno ha mandado a construir media docena de cárceles de alta seguridad -todas con tecnología gringa- que valen más de 500.000 millones de pesos. El desempleo y el rebusque no se resolverán comprando sistemas de seguridad. Es la lógica del marido que bota el sofá para que la mujer no le sea infiel. Por el contrario, es razonable pensar que con tanta represión, aumentará el problema y se volverá más violento. Sin duda, esas cárceles están siendo construidas en prevención de los efectos del TLC; serán financiadas por la Banca mundial y aparecerán en las cuentas del Gobierno como gasto social. Todo está ensartado con la misma pita.
Seguridad democrática
De idéntica naturaleza es el Plan Colombia o Patriota. El New York Times lo considera un fracaso: la cocaína en EE.UU. tiene el mismo precio que hace 10 años y la calidad es mayor. Colombia exporta hoy 800.000 kilos en lugar de 200.000; una chagra produce tres veces más en tres veces menos superficie. La coca no se cultiva sólo en Putumayo y Caquetá, sino en todo el país. El Gobierno declara que la ley de la oferta y la demanda, que tanto defiende, no aplica en el caso de la droga y que lo que dice el NYT es mentira, que la bala funciona, que la guerra es un éxito, que estamos en el último tramo de la batalla final, que ya se toca el paraíso. Pero -agregan a renglón seguido- que, no obstante, aún faltan unos milloncitos de dólares para rematar. Con ese cuento, ideado por los estrategas y los altos mandos, principales beneficiados del tal plan, para no decir únicos, nos llevan del cuello al matadero. El narcotráfico es una realidad, para sostener dos negocios: el de los negociantes de cocaína y el de los “actores armados”. En esa tenaza nos tienen atrapados.
Y hay muchas seguridades más: la comercial, la residencial, la terrateniente, la vial, la fluvial, etc.