Columna de opiniónBogotá-. Se ha dicho que el sentido común es el menos común de los sentidos pero, sin duda, un nuevo sentido común es necesario cuando se trata de salvaguardar lo fundamental en medio de circunstancias complejas. En el momento y etapa que estamos viviendo del proceso político - el barco de Uribe haciendo agua por todos los flancos a un mes de la segunda posesión, oposición sin fuerza, tensiones en el campo alternativo, congreso del PDA a menos de 90 días - lo fundamental es no interrumpir, no permitir que se interrumpa, el proceso de acumulación y cualificación de una auténtica alternativa política. Es nuestra la responsabilidad frente al país.
Estamos viviendo circunstancias en que el Polo habla poco (no está aún claro como hacer oposición) mientras algunos hablan mucho, otros hacen sondeos, otros deslindan campos, otros se sumergen en la preparación del congreso, otros critican y hacen poco, otros son originales en sus iniciativas, otros impactados por la pluralidad en ebullición insisten en la unidad ante todo, mientras eso ocurre, en todas las regiones y niveles muchos integrantes, afiliados y militantes, tratan desde ya de posicionarse para quedar en la estructura de poder del partido, para quedar dentro de las posibilidades electorales del 2007, para quedar en buena posición con miras a las definiciones parlamentarias y presidenciales del 2010. Cuando así son las cosas es preciso apelar al sentido común para no exasperarse, para no perder el rumbo, para no acabar con lo que nace.
El nuevo sentido común no es el de una persona en particular, es la sabiduría que hemos ido construyendo entre todos y todas, es la forma de pensar y actuar que aparece decantada del forcejeo en medio de la más grande pluralidad que se ha podido ver, es el camino de la acumulación y de la cualificación de la alternativa democrática frente a la opción autoritaria dominante. Nuevo sentido común es hoy captar el juego dialéctico de la política que indica claramente que si las izquierdas y sectores democráticos no consolidan su unidad, tienen proyecto, construyen poder y ganan el gobierno, la Regeneración uribista durará medio siglo como la primera, la nuñista.
Resumo los elementos que, me parece, están presentes en el nuevo sentido común en construcción: más vale la unidad en la pluralidad que la singularidad en la fragmentación; es posible compartir un espacio y tramitar las diferencias mediante el diálogo, el debate y el acuerdo; existe ya un núcleo de identidades básicas que se va ensanchando a través de la marcha común; puede haber inminencia de colapso pero una tras otra se superan las coyunturas difíciles sin rupturas; cada vez es más fuerte la convicción de que puede haber unidad para un gobierno democrático con programa democrático que se relacione democráticamente con los vecinos y el resto del mundo; la unidad cubre un amplio espectro de fuerzas que incluye toda la izquierda y sectores del centro democrático. Ahí vamos, aprendiendo a transitar de la entropía a la sinergia mediante la práctica del viejo axioma: poner el énfasis en lo que nos une y no en lo que nos desune. Este sentido común que ya despunta es preciso apropiarlo concientemente y aplicarlo en cada circunstancia.
Finalmente, pregunta al nuevo sentido común: ¿Cómo articular y direccionar las aspiraciones de centenares de candidatos y candidatas en todo el país? ¿Habrá institucionalidad partidista compartida por lo más destacados líderes?¿Habrá reglas de juego respetadas por todos y todas? ¿Habrá partido? Y no olvidar a Gramsci: el nuevo sentido común se forja a partir de y en lucha (ideológica) con el viejo sentido común, cuentan en ello las ideas y los hechos, los hechos forman o deforman más que las palabras.