Las "tácticas" de la Administración Bush han hecho que en el Mandato de Bali "se omita cualquier referencia a las cruciales reducciones de emisiones necesarias para detener el cambio climático, y se ha relegado a la ciencia a un simple pie de página", según informaron desde Greenpeace.
http://es.yahoo.com/. Noticias. Madrid 15 de Diciembre de 2007.
Muchas noticias, muchas coyunturas generadas por hechos políticos, pero se vuelve inaplazable no comentar sobre lo ocurrido en la reciente Cumbre del Clima que concluyó el pasado 15 de diciembre en la isla de Bali –Indonesia-, donde se reunieron 190 países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático –CMNUCC-, después de 13 días de intensos debates.
La cumbre, promovida por la ONU, tuvo como referente las advertencias del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático –IPCC- (reciente ganador del Premio Nobel de Paz), relacionados con los cambios repentinos e irreversibles que, desde ya, se vienen presentando como efectos del calentamiento del planeta provocado por actividades humanas (antropogénicas), con el uso del gas, el carbón y el petróleo. Para el año 2100 se espera que la temperatura que ha ascendido a 0.74 Grados Celsius, pase a un promedio de 4º; con el sólo aumento ente el 1.5º y 2.5º respecto al la temperatura registrada en 1990, desparecerán entre el 20% y el 30% de las especies vegetales y animales. El nivel de los océanos subirá entre 0.18 metros a 0.59 metros, que acabará con islas pequeñas y amenazará a muchas ciudades costeras. Las olas de calor y fuertes precipitaciones serán más frecuentes, los ciclones tropicales, tifones y huracanes serán más intensos. Esto comprometerá la salud de millones de personas por desnutrición, muerte y enfermedades vinculadas a las olas de calor, las inundaciones, sequías, tormentas e incendios, principalmente en las regiones más pobres y vulnerables de Latinoamérica, Asia y África. A Europa le tocará su parte. La sóla disminución de la capa de nieve de sus montañas, provocará inundaciones que comprometerán muchas de sus actividades económicas. Dicen en Finlandia, que el “Papá Noel tendrá que ponerse pantalones cortos para trasladarse en un trineo tirado por camellos [como en el desierto]”; los juegos de invierno, las motonieves, los trineos y los millones de turistas no se volverán a ver. Las regiones polares reducirán los glaciares y bancos de hielo, incluso hasta desparecerá el Polo Norte.
Pese a estos argumentos, la administración Bush, con sus representantes (Paula Dobrionsky), tal como lo denunció la ONG Greenpeace, recorrieron los pasillos de la conferencia como pavos imperiales y déspotas. Los llamados de ecologistas, científicos y del IPCC, simplemente quisieron colocarlos como pie de páginas de una hecatombe más. Nada los conmovió. Trataron de bloquear el evento por todos los lados y, obligados, aceptaron la llamada “Hoja de Ruta”. Dicen las noticias, que esto trajo una mezcla de alegría y resignación a políticos y ecologistas que tuvieron que frenar sus aspiraciones y propuestas, para no indisponer a los señoriales “pavos”. Este acuerdo lanzó una ronda de negociaciones durante dos años siguientes, hasta una próxima reunión en Copenhague en el año 2009, en espera que la comunidad internacional desarrolle propuestas exitosas en contra del calentamiento del planeta, que logren reemplazar el Protocolo de Kyoto que expira en el 2012 y que los gringos se negaron a suscribir. La propuesta que se pretendió aprobar no era otra cosa que la reducción de gases de efecto invernadero –GEI- causantes del calentamiento, del 25% al 40% con respecto a los niveles de 1990 antes del año 2020 (y del 60% al 70% al año 2050), como principal exigencia de la Unión Europea y los países en vía de desarrollo que, por demás, se conformó, como alianza en favor de esta causa, un poco tarde. Los señores del imperio lograron que en el texto no se hiciera mención a países, ni cifras, ni fechas. El texto, para complacerlos, quedó, “Reconoce que se deben efectuar severas reducciones de emisiones mundiales”, ocultando así la gran responsabilidad que les cabe. El pecado es cobarde y acusa, reza un dicho popular. Según estudios del año 2004, los países que más emiten dióxido de carbono (GEI), en millones de toneladas métricas, son Estados Unidos con 6.049, China con 5010, Rusia con 1524, Japón con 1257, mientras Canadá con 639, Gran Bretaña con 587, Alemania con 808 e Italia con 449. Estos países juntos, con excepción de China, emiten menos que los Estados Unidos; luego, ¿quién es el responsable principal?
El editorial del periódico El Tiempo, del pasado 17 de diciembre, dice que Estados Unidos generó “chiflidos” de los asistentes y hasta lágrimas del Subsecretario de la Cumbre, Yyo de Boet, que lo obligaron a dar una “voltereta espectacular” permitiéndole ganar aplausos y hurras de último minuto. Sin embargo, se escabulle en señalar la nefasta posición en contra de lo que será una verdadera hecatombe. El editorial de El Colombiano, del 18 de diciembre anotó: “Lo cierto es que, finalmente, la conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático alcanzó un agónico acuerdo final” y con cierta generosidad trata a los Estados Unidos en participar de la “maratón de discusiones políticas y negociaciones técnicas que culminarán en Copenhague en el 2009”, evitando señalar que este país, solitario, enfrentó al resto del mundo y que fue el responsable del agónico acuerdo. De otro lado, Fidel Castro, el mismo día, envió al delegado cubano una nota en la que fija su posición con relación a la importancia de los acuerdos internacionales sobre el tema del calentamiento global y a la necesidad de tomarlos muy en serio, en especial para los países del llamado tercer mundo que luchan por reclamar un trato equitativo, recursos financieros y transferencia de tecnologías a los representantes de naciones industrializadas; a la advertencia del Secretario de la ONU (anotó Fidel) con respecto a que “la humanidad podría desaparecer como consecuencia del cambio climático (…), convirtió la conferencia en una olla de grillos. Al décimo segundo día de estériles esfuerzos persuasivos, la representante yanqui Paula Dobriansky, tras un suspiro profundo, declaró: ‘Nos unimos al consenso’. Es obvio que Estados Unidos maniobró para sortear su aislamiento, aunque no cambió en absoluto las sombrías intenciones del imperio […]. A Europa, en la teatral solución, le reservaron el papel de salvadora del mundo. Hablaron Brown, la Merkel y otros líderes de países europeos pidiendo gratitud internacional. Excelente regalo de Navidad y Año Nuevo. Ninguno de los panegiristas mencionó las decenas de millones de personas pobres que siguen muriendo de enfermedades y hambre cada año, dadas las complejas realidades actuales, cual si viviéramos en el mejor de los mundos”. Posiciones que difieren en el trato que uno y otro dan a cualquiera de los guiños del poderoso.
Algunos críticos han señalado que la “Hoja de Ruta” quedó corta en trazar mecanismos ambiciosos y adecuados para evitar la deforestación en los países con bosques tropicales, que permitan desarrollar sus economías sin destruirlos, como una contribución significativa en la mitigación del cambio climático. Nos preocupa, en particular para Colombia que, mientras esta advertencia se da, estemos atendiendo los llamados de los grandes países, con Estados Unidos a la cabeza, a desarrollar los llamados agrocombustibles (biocombustibles) para satisfacer las necesidades de autos lujosos y otros derroches, a partir de los alimentos o de la siembra de palma, como viene sucediendo en el Chocó, como reiteradamente lo hemos denunciado.
Desde el Congreso de la República, como ente de control, me corresponderá vigilar los compromisos adquiridos por la delegación colombiana en dicha cumbre, teniendo en cuenta la casi genuflexa posición frente a los dictados del Norte y de las transnacionales, contrarios a los dictados de la Cumbre. Que los recursos que se obtengan a través del Fondo de Adaptación, para mitigar los efectos del cambio climático en estos países menos desarrollados, expuestos a desastres hidrometereológicos, en manos de la Cartera Ambiental, no sean destinados a otros fines de la guerra de la Seguridad Democrática, aliada incondicional del Plan Colombia o Plan Patriota en sus acciones depredadoras del medio ambiente o en la llamada estrategia Agro Ingreso Seguro, para beneficio de terratenietes. La conservación y protección de bosques y jungla, la reducción de emisiones de carbono provenientes de la deforestación, son retos para Colombia que, necesariamente, obligarán el cambio de políticas respecto a los agrocombustibles. Colombia no sólo debe controlar la deforestación sino ampliar a la reforestación. Estamos obligados a conocer y difundir las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático –IPCC- como el estudio científico más completo sobre el calentamiento del planeta. Igualmente, nos corresponde implementar los instrumentos para bajar las emisiones de gases con efecto invernadero como política de Estado a favor de la humanidad, contrario a los intereses de las llamadas grandes potencias. Sólo así podríamos marcar distancias frente a las arrogancias del imperio en contra de la humanidad.