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Germán Enrique Reyes

Todos cumplimos con la marcha del 6 de marzo
Martes 11 de marzo de 2008

Así, como se nos reclama la ruptura o separación de las FARC, tal como lo hemos aceptado y expresado en repetidas ocasiones, desde la dirección del Polo también reclamamos a los de la otra orilla la demarcación o ruptura con el paramilitarismo, la guerra sucia en todas sus expresiones, el terrorismo de Estado como expresión organizada de la confrontación armada incrustada desde las corrientes llamadas de derecha. No estamos por la llamada imparcialidad de los medios de comunicación, pero sí por la contribución a que los sectores de oposición podamos expresar nuestra divergencia y puntos de vista, como principios del ejercicio democrático… Las plazas públicas, las calles, las movilizaciones, las marchas, la protesta, serán los espacios que continuaremos copando, con nuestras banderas, con nuestros principios y con nuestros programas.

“Yo me quiero imaginar hoy en la calle, porque en la casa no se me oyen los gritos y los silencios de indignación. Me quiero ver caminando, usando mi cuerpo como instrumento, un tambor, un pito, porque ya no me soporto a mí mismo indiferente”

Jose Darío Antequera, líder del movimiento hijos e hijas por la memoria y contra la impunidad (1)

La marcha se cumplió. El llamado de las organizaciones políticas, sociales, gremiales, de los sindicatos, del movimiento estudiantil, de los campesinos y los desplazados, el de las víctimas de la violencia e, incluso, el que hice junto al Concejal Carlos Alberto Ballesteros Barón y el Diputado Gabriel Raúl Manrique Berrío, fue atendido. En el caso de Medellín, todos cumplieron; estuvieron presentes, con parte de sus gabinetes, el alcalde Alonso Salazar y el gobernador Luis Alfredo Ramos, el ex alcalde Sergio Fajardo, políticos de diversas tendencias, los ex representantes a la Cámara Carlos Ignacio Cuervo y Ramón Elejalde. Muchas y muchas caras conocidas, que no alcanzo a citar, le apostaron a la protesta callejera. El ya conocido profesor Gustavo Moncayo se hizo sentir con otros marchantes por uno de los carriles del TransMilenio en la ciudad de Bogotá. La histórica Plaza de Bolívar, con lleno total, volvió a ser testigo de la lucha social y política que se libra en el país.

Vimos en las marchas de las distintas ciudades, a parte de esos 4 millones de desplazados que antes ocuparon más de 6 millones de hectáreas robadas y que se han constituido en la más escandalosa reforma y concentración de la propiedad rural, los rostros de los familiares de los 15 mil desparecidos desde los años 1982 a la fecha, mostrando su tristeza y desesperanza; muchos ataúdes con sus calaveras a manera de símbolo, de esas 3 mil personas halladas en fosas comunes; hoy deambulan por el país parte de los huérfanos y viudas que quedaron de esas más de 3.500 masacres; el Movimiento Víctimas de Crímenes de Estado nos trajo a la memoria a 1.700 indígenas, 2.500 sindicalistas y a esos valerosos 5 mil miembros de la desparecida Unión Patriota –UP-; la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuria –Fesuagro- recordó a sus seiscientos cincuenta campesinos asesinados; vimos a pobladores campesinos y barriales, a los que la parapolítica, con fúsil al cuello, los hizo votar por esos congresistas que llegaron a controlar más del 35% del parlamento.

Desfilaron las Madres de la Candelaria, las mismas que todos los miércoles en horas de medio día ocupan pacíficamente el atrio de la Iglesia del Parque de Berrío de Medellín para colocar las fotos de sus familiares desaparecidos, por los que nadie da respuesta pero que, poco a poco, ese acto simbólico, ha sido conocido en toda Colombia y el mundo, tal como lo hicieron las silenciosas Madres de la Plaza de Mayo de la Argentina, hecho que acabó con la arrogancia de una de las dictaduras más feroces de América Latina. En las espaldas de los marchantes se vieron las fotos de cientos y cientos de víctimas de esta guerra que ostenta el triste record de ser una de las más largas de América Latina, muchas de ellas ocultadas en fosas comunes que difícilmente están en condiciones de ubicar sus asesinos porque, como dijo el confeso paramilitar Ramón Isaza, fueron descuartizadas y tiradas a los ríos, con su abdomen relleno de piedras para que no flotaran y no fueran rescatadas.

La voces retumbaron tanto en París, Montreal, Québec, México, Caracas, Buenos Aires, Quito, Berlín, Washington, como en Pereira, Manizales, Barranquilla, Cúcuta, Cartagena, Bucaramanga y Arauca, entre otras. La crónica de los grandes medios no pudo ocultarlas y las tuvo que registrar.

La sección editorial del periódico El Colombiano del día 6 de marzo merece mi reconocimiento, desde la aceptación de la existencia de un conflicto interno en Colombia, hasta el rechazo de todo tipo de violencia; su opinión editorial fue silenciada, y, en su lugar, se dio paso, con letras gigantes, a la cruel estadista de la recordación de 3 millones de desplazados, 10 mil desparecidos y 3.200 secuestrados. Son actitudes y posiciones, como lo dijo un analista, de una “derecha civilista” que, por lo menos, facilita a los de la orilla de la izquierda o de la oposición, espacios de interlocución o de confrontación de ideas, en contrario a la cada vez más notoria y repetitiva actitud del “joseobdulismo” de cerrar todo espacio de reconocimiento a las fuerzas contrarias al gobierno. Así, como se nos reclama la ruptura o separación de las FARC, tal como lo hemos aceptado y expresado en repetidas ocasiones, desde la dirección del Polo también reclamamos a los de la otra orilla la demarcación o ruptura con el paramilitarismo, la guerra sucia en todas sus expresiones, el terrorismo de Estado como expresión organizada de la confrontación armada incrustada desde las corrientes llamadas de derecha. No estamos por la llamada imparcialidad de los medios de comunicación, pero sí por la contribución a que los sectores de oposición podamos expresar nuestra divergencia y puntos de vista, como principios del ejercicio democrático.

En nuestro comunicado del 25 de febrero del Comité Ejecutivo Nacional del POLO, dimos apoyo a la marcha o jornada, motivados por el imperativo de “repudiar una vez más el uso de la violencia como instrumento de acción política, el secuestro y los crímenes de lesa humanidad, vengan de donde vinieren, así como reafirmar la necesidad de lograr acuerdos humanitarios y una solución política negociada al conflicto armado que padece nuestro país”. Acogimos esa orientación y ese propósito lo expresamos en las distintas marchas en que participamos todos los miembros de la dirección y activistas del POLO. Al lado de nuestro Presidente Carlos Gaviria y del Secretario Daniel Garcia-Peña, estuvieron Jaime Dussán, Jorge Robledo, Venus Albeiro Silva, Germán Navas y Orsinia Polanco; Gustavo Petro estuvo en Barranquilla; Alexander López al lado de los pobladores de San Onofre, municipio emblemático por los hallazgos de las primeras fosas comunes. En Antioquia estuvimos toda la dirección departamental y municipal del POLO en la marcha por la Avenida Oriental hasta la Alpujarra.

No queremos, ni es nuestro propósito, comparaciones con la jornada del 4 de febrero contra las FARC, pese a las intimidaciones, a las declaraciones de saboteos de algunos altos funcionarios; no contamos con cámaras de televisión o medios impresos desde helicópteros en búsqueda de sugestivas tomas; ni con las vistosas vallas publicitarias, ni con entrevistas continuas las 24 horas previas.

Las plazas públicas, las calles, las movilizaciones, las marchas, la protesta, serán los espacios que continuaremos copando, con nuestras banderas, con nuestros principios y con nuestros programas. Todos cumplimos con las marchas del 6 de marzo. Bogotá D. C., 7 de marzo de 2008

(1). http://www.eltiempo.com/vidadehoy/educacion/codigodeacceso/noticias/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3987197.html


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