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¿Qué están pensando nuestros futuros políticos?
Un diálogo joven para una democracia madura
Tomado de UN Periódico
Domingo 25 de septiembre de 2005

Bogotá-. Aunque se dice que muchos jóvenes colombianos viven desconectados de la política, hay otros que se han tomado en serio eso de ser "el presente y el futuro del país". Un diálogo formador en la Universidad Nacional los prepara para construir nación en una sociedad que reclama sus propuestas.

Nuevos partidos o renovación de los viejos son las tendencias a las que le apuestan los jóvenes cuando incursionan en política. Aunque a esa edad defender un ideal de país parece extraño en Colombia, no lo es para un grupo de 100 muchachos de ocho corrientes ideológicas que participan de un diálogo reflexivo promovido por la Organización de Estados Americanos, la Universidad Nacional y el Banco Inte-ramericano de Desarrollo, para la promoción de la democracia. “Una sociedad que esconde sus conflictos termina resolviéndolos a plomo”, fue una sentencia que cuestionó a movimientos indígenas, cristianos, comunitarios, tradicionales y alternativos de derecha e izquierda que, sin renunciar a sus formas particulares de entender la administración del poder, se están preparando para escuchar al otro y construir las soluciones que reclama Colombia.


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A diferencia de los colombianos jóvenes de otras épocas, los de ahora no siempre heredan de sus padres el partido político, un indicio prometedor para quienes esperan de ellos nuevas propuestas y no la continuidad de las maneras tradicionales de ver y manejar el país. Esto se expresa en un grupo de jóvenes de diversos partidos políticos que se dan cita en la Universidad Nacional gracias a una experiencia inédita de discusión que pone en el mismo espacio una muestra amplia de la diversidad política.

El abanico abarca Alternativa Democrática, Partido Conservador, Partido Liberal, Polo Democrático Independiente, partidos uribistas y varios movimientos indígenas, cristianos y comunitarios. Son casi 100 jóvenes -50% hombres y 50% mujeres- que están tomando el curso "Formación de liderazgos sociales y políticos juveniles". Para ellos, centro, izquierda y derecha dejan de ser referentes espaciales y se convierten en categorías que configuran el espectro ideológico que evidencia maneras diferentes de entender y administrar el poder; y aunque muchas veces estén en puntos opuestos, logran establecer un diálogo moderno que significa que no hay que matarse porque se tienen intereses distintos.

En las sesiones donde aprenden sobre filosofía política, regímenes políticos, prácticas parlamentarias y coyuntura, ocurre todo lo contrario a las convenciones de partidos, donde cada cual defiende sus tesis independientemente de si tiene o no la razón. "Acá, por ser un escenario académico, plural y más desprevenido, escuchan atentamente; se escuchan mucho. En un primer momento se identifican con su partido pero desconocen lo que piensan los demás", dice Marco Romero, director de este proyecto que realiza el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional a partir de la convocatoria Capacitación para Líderes Democráticos de la Unidad para la Promoción de la Democracia de la Organización de los Estados Americanos y del Banco Interamericano de Desarrollo.

Todos coinciden en varias opiniones: que aunque las ganas de hacer política son indispensables, es necesario tener una mayor formación, no exclusivamente académica, que permita un mejor desenvolvimiento y el desarrollo de proyectos coherentes. Creen que lo más importante es trabajar por el país, es decir, que salga adelante sin importar quién llegue al poder, y que es importante adelantar políticas a largo plazo. También hay muchos aspectos donde las diferencias son grandes.

Legendarios que se renuevan

Después del Frente Nacional, liberales y conservadores empezaron un camino de desgaste, por eso hoy muchos jóvenes los ven desde el desprestigio, como "la vieja forma de hacer política". Y mientras muchos se han ido por la vía del escepticismo o la búsqueda de alternativas en los nuevos partidos, otros le apuestan a la renovación de los partidos históricos. "Tenemos unos antecedentes sucios y ruines de politiquería y clientelismo, pero los jóvenes tenemos que cambiar esa percepción", dice Santiago Soto, un conservador de la Universidad Nacional.

Los muchachos de las dos líneas, aunque se oponen en temas como la reelección y la solución al conflicto armado, se encuentran en un punto fundamental: deben asumir la responsabilidad de renovar sus partidos y abandonar las viejas prácticas; incluso cambiar esa idea heredada de no relacionarse entre sí, "superar esa cuestión que el liberal tiene que ir en contra del conservador", dice Fabián Rojas, un liberal de la Universidad del Rosario.

Este espacio les ha permitido conocer de cerca a sus contendores ideológicos en un país donde, como asegura el profesor Marco Romero, hay dificultad para establecer un diálogo moderno basado en el reconocimiento explícito de que el otro tiene un interés y una perspectiva diferente de la lucha por el poder.

Dentro de las intervenciones, la perspectiva indígena siempre se destaca por ser diferente. Su visión comunitaria de la sociedad, la relación con la naturaleza y sus saberes ancestrales muchas veces sorprenden a los compañeros. Ellos llaman la atención sobre el poco avance de la puesta en práctica de lo que está escrito en la Constitución de 1991.

Entre lo tradicional y lo nuevo

Contrario a lo que podría pensarse, los principales debates no se han dado entre los contendores tradicionales, sino entre un partido viejo y uno nuevo. La visión católica de la vida del conservador se contrapone a la liberalidad y autonomía de pensamiento defendida por el Polo. El caso del aborto es ilustrativo. "Puede que caigamos en el anacronismo, pero esa es nuestra tesis, porque para nosotros la vida es primordial", dice Soto. Y Sebastián Romero, del Polo, responde: "A diferencia de ellos, no creemos que las mujeres tienen demasiadas libertades ni están en las mismas condiciones que los hombres. Ellas tienen derecho a decidir cómo y con quién tener hijos".

¿Y si un homosexual quiere militar en el conservatismo? "No, no podría combinar", responden en esa corriente; sobre el mismo punto, el centro izquierda propone "un país donde todos quepamos".

Lo interesante es que aunque las posturas son contrarias, no descalifican a su contraparte. "Felicito a mis compañeros; han sido excelentes contendores. Además creo que un país no se puede pensar sin una dosis de conservadurismo", concluye Romero, el del Polo.

Y aunque defienden las ideas de sus partidos, el profesor Marco Romero explica que hay diversidad de pensamiento en el interior de cada grupo. "No estamos ante militantes homogéneos que defienden sus tesis a muerte, sino que en sus propios partidos tienen polémicas creativas, es decir, los jóvenes de hoy no están asumiendo la política desde una perspectiva dogmática".

Con Uribe o sin Uribe

Como reflejo del país, en otro ámbito de coyuntura, el desencuentro del grupo es grande en el tema de la reelección y la ley de justicia y paz. A favor de la reelección están, obviamente, los uribistas (incluidos Cambio Radical, quienes no se consideran dentro de esta corriente, sino más bien uribistas críticos), los conservadores y el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (Mira); aunque éste último propone que no sea inmediata sino a partir de 2010, pues "no estamos de acuerdo con que se movilice todo un andamiaje institucional y jurídico en función de la reelección, distrayendo la atención de las tres ramas del poder público", dice Carolina Manrique.

"Las políticas del Presidente han demostrado eficacia y eficiencia, y han permitido una evolución socioeconómica", dice Javier Montes, uribista de Colombia Democrática y estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Otros abogan por más tiempo para implementar políticas a largo plazo y conseguir objetivos como el fortalecimiento de la empresa privada, derrocar militarmente a la guerrilla y darle solución al conflicto a través de políticas basadas en la autoridad. "Para que se puedan dar necesitamos más tiempo", dice Viviana Ortiz, de Cambio Radical.

Por otro lado, Alianza Social Indígena, Alternativa Democrática, Autoridades Indígenas de Colombia, el Partido Liberal, el Polo Democrático y el Movimiento Comunal y Comunitario resaltan otros aspectos de la reelección. Aseguran, entre muchos argumentos, que es desigual porque el Presidente va a ser candidato en el poder, que estar ocho años en él desgastaría el proceso democrático, que acabaría el sistema de contrapesos y que es incoherente con el espíritu de la Constitución.

La ley de justicia y paz tampoco admite puntos medios: para unos no era posible negociar sin ceder un poco, para otros es demasiado benevolente. Mientras los conservadores creen que "le permite al gobierno eliminar la impunidad", Jesid Briñes Poloche, representante de las Autoridades Indígenas de Colombia, enfatiza que en su pueblo Pijao del Tolima, hay 110 casos de violaciones del Derecho Internacional Humanitario desde el año 2000: "este es el momento en que ni uno solo ha sido resuelto y con esta ley es imposible que salgan de la impunidad".

Propuestas para el conflicto

Teniendo en cuenta que es muy probable que estos jóvenes en el futuro tengan en sus manos darle solución al conflicto, ¿cuál sería su propuesta para lograrlo? Los conservadores comulgan con la "seguridad democrática" de Uribe y proponen adoptar una guerra frontal que combata la "amenaza terrorista". En esta misma línea están Colombia Democrática y Colombia Viva, quienes proponen darle continuidad al proyecto de Alternatividad Penal.

Los jóvenes del Polo y de Alternativa le apuestan a modificar las estructuras sociales que provocan la violencia y la exclusión. Alianza Social Indígena está de acuerdo con la izquierda y hace énfasis en una mejor distribución de la tierra. Cambio Radical combina las propuestas de la derecha y la izquierda: primero guerra y, una vez terminada, solucionar los problemas que la originaron.

El Movimiento Comunal y Comunitario y el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta proponen una salida negociada; lo mismo harían los liberales pero con la participación de un tercer interlocutor, la ONU o la OEA. Autoridades Indígenas de Colombia también hablan de una salida negociada donde ellos sean el tercer interlocutor.

Contrastes curiosos

Hay liberales de universidades conservadoras, conservadores y uribistas de universidades liberales identificadas con la izquierda y gente de izquierda de universidades "gomelas", lo que ayuda a desmitificar la idea que estas instituciones tienen necesariamente determinadas tendencias. "Los jóvenes tienen su propia lectura de las cosas y están buscando su propia manera de entender el país", dice el profesor Marco Romero.

Les espera en las últimas sesiones de este curso, de un semestre, ejercicios en los que tendrán que ponerse en la piel del antagonista, como defender la campaña presidencial opuesta. "Queremos ver, por ejemplo, a los de Alternativa y el Polo defendiendo la reelección y a los uribistas la candidatura de Carlos Gaviria o Antonio Navarro. Esto les permitirá pensar y reflexionar sobre lo que son, y a la vez hacer una reflexión desde el punto de vista del otro", señala el director del proyecto.

En un país donde cuesta tanto escuchar y construir con quien tiene ideas distintas, el reto de los jóvenes será, entonces, no reproducir los vicios políticos que tanto han criticado y, en cambio, construir desde la democracia una visión plural y un escenario político en el que sea posible resolver las no pocas controversias y conflictos que entraña Colombia.



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