La otra orillaBogotá-. Esto se puso bueno. El gabinete anunciado por el Presidente y la decisión de Peñalosa de competir por la Alcaldía de Bogotá le suben el volumen a la controversia política en los próximos cuatro años y le plantean grandes exigencias a la oposición.
Uribe no se ha ido por las ramas. Al escoger a Juan Manuel Santos, Carlos Holguín y Juan Lozano para ministerios clave, al colocar a Fabio Valencia Cossio a liderar unas posibles negociaciones con la guerrilla y al entrar a competir duro por la principal alcaldía del país, ha señalado que quiere consolidar una coalición política de largo aliento.
Es claro que Uribe les ve más posibilidades de permanencia y más proyección hacia el futuro al Partido de la U, a Cambio Radical y al Partido Conservador y por eso ha privilegiado su participación en el gabinete. Pero Uribe también ha mostrado una vez más su habilidad para atender aspiraciones personales y cultivar lealtades de hondo calado.
Ya Juan Manuel Santos había estado a las puertas del Ministerio de Defensa en el 98, pero pudieron más los compromisos de Pastrana con Lloreda Caicedo. Será difícil que olvide este gesto del Presidente, que seguramente implicó un gran malestar de Chávez. El partido de la U toma la posta de la coalición de gobierno.
La designación de Carlos Holguín es una jugada a varias bandas. Con ella, Uribe premia la persistencia de este dirigente conservador, da un paso más en la ‘despastranización’ del partido y se convierte en el jefe real de los azules. Pero también le hace un guiño a Pastrana al designar a Fabio Valencia para una responsabilidad que rememora el tiempo del Caguán.
Juan Lozano es, no obstante, la designación más cargada de significados. Se engañan quienes ven en él a un hombre con poca o ninguna garra política. He conocido pocas personas con la pasión y el interés de Juan por el oficio. Con su nombramiento, Uribe postula a una persona de su confianza como el segundo a bordo de Cambio Radical y al mismo tiempo le despeja el camino a Peñalosa para la competencia por Bogotá.
A un Presidente frentero y polémico como el que más lo acompañará gente para nada apacible. La cartera de Defensa tendrá por primera vez una alta connotación política; en el Congreso tendremos a un viejo zorro moviendo los hilos; en la búsqueda de negociaciones de paz, una muñeca difícil de superar en el arte de transar. Las elecciones locales serán un pulso decisivo entre la coalición uribista y las demás fuerzas políticas.
No la tiene fácil la oposición. El Polo Democrático Alternativo, que en las elecciones presidenciales ganó el derecho a encabezar las fuerzas que controvierten al gobierno del presidente Uribe, tendrá que desplegar toda su imaginación y buscar la más amplia unidad para convertirse en una verdadera alternativa de poder.
Carlos Gaviria ha recurrido a la figura de "gabinete en la sombra", utilizada por los ingleses como estrategia crítica. Es muy bueno que pueda organizar un gran equipo, una mezcla entre políticos y técnicos, para hacerle seguimiento a la labor del Gobierno y para fustigarlo cada que ofrezca un flanco débil.
Pero Gaviria Carlos no puede descartar a Gaviria César y a otros líderes políticos que jugaron en las pasadas elecciones para armar una coalición que pueda enfrentar con alguna eficacia la alianza uribista envalentonada con el triunfo de mayo. No hay que olvidar que el Partido Liberal será, si persiste en la oposición, la fuerza parlamentaria más numerosa en la orilla de la controversia.
La reunión entre los ‘Gavirias’ no se puede aplazar mucho. Es urgente buscar acuerdos sobre la agenda legislativa, estudiar incluso la posibilidad de integrar ‘el gabinete en la sombra’ de manera conjunta y trazar algunas líneas comunes para ir a las elecciones locales.
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