Carlos Gaviria Díaz
Sábado 9 de diciembre de 2006
El diario El Espectador escogió a Carlos Gaviria como uno de los personajes del año en Colombia. Es honesto e incorruptible, dice el semanario. Agrega que su autenticidad "es lo que le sirve de base para proyectar una imagen real que le permitió a cerca de un millón de electores independientes, desencantados con Uribe, votar por él, sumándose a otro millón largo de votos que provienen de las diversas militancias de oposición".
Los 2,6 millones de votos por Carlos Gaviria en las elecciones presidenciales tienen dos componentes claros: los electores de la izquierda clásica que ven en la trayectoria y sensatez de Gaviria la encarnación del nuevo hombre político que buscan, y el de los electores independientes que votan en protesta sin provenir de la izquierda ni compartir sus planteamientos. En ambos casos, la votación se produce gracias a la imagen del candidato, que irradia confianza, solidez y credibilidad. Movilizar más del 20% de los votos de la presidencial de 2006, sin maquinarias ni grandes recursos, es una proeza.
La proeza de Gaviria tiene además de su aporte como persona, que es el más importante en su votación, un ambiente externo que lo impulsa. El ascenso de los movimientos de oposición en las urnas viene transformando el mapa político de América Latina. Es el mismo que llevó a Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá, a pesar del inmenso esfuerzo del establecimiento que rodeó a Juan Lozano. En Colombia, ese proceso ha sido más lento por la violencia contra la izquierda democrática, es decir, por los altos riesgos que significaba hacer política desde la gauche. Unos, porque morían y otros porque no querían morir, dejaron huérfanas durante décadas las filas de la oposición legal.
En la medida en que la izquierda democrática logró separarse del cliché infantil y mortal que la ataba a la lucha armada, y que el proceso de reincorporación del M-19 demostró que los ex guerrilleros en el gobierno eran similares a los representantes de los partidos tradicionales, la izquierda legal encontró su comunicación con millones de nuevos electores que no creen en el modelo de desarrollo actual, que genera tantas desigualdades. La desaparición del bloque soviético y la perestroika que arrasó con miles de militantes comunistas, aportaron el resto del contexto que les permitió a figuras como Angelino Garzón, Lucho Garzón y Carlos Gaviria convertirse en opciones reales de poder.
Ese ambiente externo es apenas un elemento que facilita el surgimiento de Gaviria. Pero el más importante es que Gaviria en sí proyecta una trayectoria clara y coherente que impide establecer dudas sobre sus puntos de vista frente a sus electores de opinión y los de izquierda. Dentro de la izquierda, el pensamiento de Gaviria se expresa en sus exposiciones académicas, al igual que para el resto de ciudadanos es clara su labor como magistrado de la Corte Constitucional.
Gaviria sembró su capital de imagen a nivel nacional en la Corte, así como a nivel local lo hizo en Antioquia a través de sus exposiciones desde la Universidad de Antioquia. Sus sentencias son la proyección del nuevo derecho que incorporó a la vida real una amplia gama de acciones ciudadanas, que en conjunto le dieron una voltereta a la relación del ciudadano con el aparato estatal, elevando el poder del individuo, algo que agradecen millones de colombianos tradicionalmente aplastados por la arbitrariedad y lejanía del Estado. Gaviria, a través de sus sentencias, no deja dudas de que piensa como mucha gente quisiera que actuara la izquierda.
Otro elemento que lo convirtió en el fenómeno político de la izquierda de 2006, es su capacidad para sustraerse de las eternas rencillas de los diferentes grupos que componen el Polo Democrático Alternativo. A él lo promovió y apoya el más radical de los grupos legales, lo que hace más compleja su tarea de mantener unidas y en equilibrio tantas facciones. En este esfuerzo surgen dos valores de Gaviria que contrastan con el voraz clientelismo de varios que lo acompañan. Gaviria es honesto e incorruptible, convirtiéndose en una garantía para sus seguidores y para la jauría que lo rodea en busca de convertir sus votos en pesos y puestos.
Lo más interesante de Gaviria es que no es el político que recurre a los trucos mediáticos propios de las democracias modernas, sino que es él mismo y no pretende ser nada diferente. Su autenticidad es lo que le sirve de base para proyectar una imagen real que le permitió a cerca de un millón de electores independientes, desencantados con Uribe, votar por él, sumándose a otro millón largo de votos que provienen de las diversas militancias de oposición.
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