Es inevitable el contraste entre el espectáculo de indisciplina, declaraciones contradictorias y escándalos por investigaciones sobre implicaciones con paramilitares que están dando las huestes parlamentarias del uribismo, con el Congreso Nacional que cerró este sábado el Polo Democrático Alternativo (PDA), que proclamó a la izquierda unida como la opción de gobierno para el 2010.
El congreso tuvo dos rasgos que señaló en su discurso de instalación Antonio Navarro, quien lo calificó, a la vez, de acto de carpintería y de evento histórico.
Fue ’carpintería’ en la medida en que se trató de un evento de alta complejidad burocrática y organizativa. Más de 552 mil personas se afiliaron formalmente al PDA para votar por más de 10 mil candidatos a delegados al congreso. El cual reunió a los 3.500 elegidos, que votaron por una dirección nacional de 253 miembros, la que, a su turno, cuando se reúna, en enero, elegirá a los 29 miembros que, junto con Carlos Gaviria y Antonio Navarro, aclamados unánimemente como presidente y secretario general (el último hasta febrero), conformarán el comité ejecutivo. ’Carpintería’ que también tuvo sus menos. Por ejemplo, la votación por la dirección nacional se organizó tarde el sábado; cerca de 900 delegados, que debían regresar a sus regiones, no votaron, y por líos en la inscripción de algunos candidatos, el resultado final solo se haría oficial hoy lunes.
Lo de histórico, pese a lo rimbombante, podría también ser acertado. Al menos en la medida en que, por primera vez en la historia colombiana, el inveterado sectarismo de la izquierda logra ser superado para consolidar una organización política única entre sus diversos componentes. El congreso ratificó el documento de unidad que dio origen al PDA, aprobó estatutos, eligió dirección y aprobó un documento político que será la plataforma de las elecciones intermedias del 2007 y de las presidenciales del 2010. Y, para esta última fecha, plantea el reto de "ser gobierno".
En la consolidación de la unidad merece puesto especial la declaración del alcalde de Bogotá, Lucho Garzón, en el sentido de que su candidato para el 2010 es Carlos Gaviria. Que puede ser simbólica, pues en cuatro años mucho puede pasar, pero tiene, sin duda, un contenido unitario que supieron entender todos los delegados.
Quedó expreso un claro deslinde con la lucha armada guerrillera y, mientras se calificó al gobierno de Álvaro Uribe de "seguramente el más retardatario en la historia de Colombia", se anunció que el proyecto no se saldrá "de los estrictos parámetros de la lucha civil". Tanto Gaviria como Navarro tomaron distancia en sus discursos de la lucha armada y se declararon, desde la oposición a Uribe, "en el umbral del poder".
Desde el punto de vista organizativo, tanto la elección de la dirección nacional como algunas decisiones aprobadas tienden a blindar la unidad de las distintas corrientes que coexisten en el Polo. Por ejemplo, se decidió que para ser candidato de elección a cargos de los niveles nacional, departamental o municipal se debe contar con una mayoría de las cuatro quintas partes del partido; de lo contrario, los candidatos deberán someterse a una consulta popular abierta, no solo para militantes del PDA. Así, los aspirantes a ser candidatos a la Alcaldía de Bogotá en el 2007 -ya se anuncian Samuel Moreno, María Emma Mejía, Clara López y Hernando Gómez Serrano- y a la Presidencia en el 2010 seguramente deberán pasar por este filtro.
Para la dirección, votaron casi 2.700 delegados. Aunque, al cierre de esta nota, faltaban por escrutar 205 votos de dos mesas, las tendencias ya eran claras. Las planchas más votadas fueron de las alianzas: la primera (con partidarios de Lucho Garzón, Jaime Dussán y Samuel Moreno) rondaba los 880 votos; la segunda (con los de Gustavo Petro y Alexánder López, senador del Valle) pasaba de 700. Después, quedaron el Frente Social y Político, con cerca de 380; el Moir, con más de 300, y sobre los 100 los seguidores de Luis Carlos Avellaneda y de Angelino Garzón.
Balance bastante equilibrado, tanto entre las fuerzas de primera como de segunda línea del Polo y que acentúa para todas ellas la necesidad de proceder mediante acuerdos y negociaciones, tanto en materia política como de candidaturas.
La izquierda tiene un partido. Tal es la conclusión clave de este congreso. Y uno con vocación y posibilidades de poder, que es, en sí mismo, una lección para quienes desde la guerrilla insisten tercamente en opciones condenadas al fracaso.
El congreso del PDA es una buena noticia para la democracia: ratifica la unidad de la izquierda en torno a una plataforma de oposición, que la ubica como una opción de gobierno claramente deslindada de la guerrilla.