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Uribe perdió en Bogotá
El aplastante triunfo de Samuel Moreno en la elección para la Alcaldía de Bogotá, además de consolidar al Polo Democrático como primer fuerza política de la capital, demuestra que a los bogotanos no nos gusta que el Presidente se nos meta al rancho y nos diga por quién debemos votar. Columna de María Jimena Duzán en El Tiempo.
Lunes 29 de octubre de 2007

El aplastante triunfo de Samuel Moreno en la elección para la Alcaldía de Bogotá, además de consolidar al Polo Democrático como primer fuerza política de la capital, demuestra que a los bogotanos no nos gusta que el Presidente se nos meta al rancho y nos diga por quién debemos votar. Fue tan burda su intervención, que resultó produciendo el efecto contrario. Al final, esta estrategia terminó quitándole votos a Peñalosa.

Con la dedicación propia de un domador de caballos, el presidente Uribe se empleó a fondo en Bogotá. Hizo dos consejos comunales en Cuidad Bolívar, en los que se lo vio entregando subsidios a diestra y siniestra al lado de senadores de su entraña como Samuel Arrieta, perteneciente a Convergencia Ciudadana, ese partido uribista que es un dechado de buenas costumbres. En la última semana, su intervención fue tan ramplona y tan baja, que produjo indignación, incluso entre los uribistas, quienes se sintieron tratados como ganados del Ubérrimo. Por lo demás, un Presidente que tiene en la cárcel a cerca de 40 congresistas investigados por la ’parapolítica’ y que votaron por él, no es el más indicado para decirnos cuál es el candidato que, según el, está apoyado por un grupo al margen de la ley.

Pero, más allá de que no nos guste que nadie se nos meta al rancho, estas elecciones serán recordadas por haber sido las primeras en que un Presidente interviene abierta y directamente en política a favor de un candidato y que lo hace de manera temeraria, recurriendo a tácticas difamadoras para socavar a sus oponentes. El Presidente le hizo trampa a la ley y se pasó por la faja el régimen disciplinario que deben cumplir los funcionarios públicos, demostrando su desprecio por las reglas del juego y por los votantes. Si tuviéramos un Procurador en todo su vigor, hace rato el Presidente habría sido investigado por participación en política. Contrasta esa actitud con la de Lucho Garzón, quien sí respetó las reglas del juego. Hoy, desde el Palacio Liévano, está de plácemes porque el triunfo del Polo, digan lo que digan, es un espaldarazo a su gestión.

Lo que le sucedió a Peñalosa todavía sigue siendo un misterio. Pero, sin duda, su campaña se convirtió en el mejor manual sobre cómo dilapidar un capital político. Lo tenía todo. Fue un buen alcalde, fue un hombre honesto con la ciudad y, sin embargo, nunca encontró sintonía con los electores. Su campaña fue hecha sobre el pasado y se redujo a enumerar sus ejecutorias. Aunque yo no voté por él, resulta un tanto injusta la forma como terminó sepultando su carrera política.

Capítulo aparte lo constituye el papel de los medios en esta campaña. Quedó probado, por si ya no estaba claro, que ni los editoriales de EL TIEMPO ni los votos cantados de los columnistas tienen incidencia en los votantes. Si contaran, Peñalosa habría ganado y por amplio margen. Un golpe al ego de los columnistas, que nos viene muy bien, y una voz de alarma para los medios, que en gavilla trataron de socavar al candidato del Polo. Los electores no son bobos y saben cuándo se los manipula.

En cuanto a los desafíos que enfrenta Samuel Moreno como nuevo alcalde, el más apremiante tiene que ver con un aspecto que nunca fue abordado durante su campaña: ¿cuál va a ser el peso que tendrá en su alcaldía su familia? Me refiero específicamente a su madre, la ’Capitana’, hija del general Rojas Pinilla, y a su hermano Iván, cuyo paso por la alcaldía de Bucaramanga no fue precisamente una demostración de alta gerencia. Un triunfo tan aplastante como lo tuvo el Polo ayer en Bogotá no puede terminar reencauchando la memoria de un dictador de ingrata recordación entre muchos colombianos. Ojalá el Polo sepa sortearlo. Samuel es un candidato de ese partido, no de la Anapo.

La derrota de Name en el Atlántico, vaticinada en la última encuesta de Gallup, a manos de una coalición liderada por Eduardo Verano, del Partido Liberal, es hasta el momento el triunfo más importante de la colectividad del ex presidente Gaviria. Esa victoria prueba que caciques como Name no son inmortales.



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