“Un plan de vida para el futuro de Bogotá y la región central. Donde el agua, el territorio, la soberanía alimentaria, la interculturalidad y la democratización del presupuesto público son fundamentos de la reflexión”.
Ser guardián de la vida es la misión de los “iku”, la gente y la vida hoy debe estar en el debate del futuro. Es un debate oportuno a propósito de las consecuencias del desarrollo.
Mis propuestas en el Plan de Desarrollo se centró en:
Bogotá capital mundial del agua. Tenemos el páramo más grande del planeta Tierra. Sumapaz es el 48% del territorio de Bogotá (78.000 Km. aprox.). En donde el agua es el principio ordenador del mismo. Y donde se busca fortalecer procesos de apropiación socio-cultural del territorio que responda a un modelo de ciudad sostenible. Agrópolis con soberanía alimentaria en el marco del debate de región central, el 75% del territorio de Bogotá es rural, del cual el 27% tiene vocación agrícola y el resto es de conservación por los nacimientos de fuente de agua. Los pequeños productores de la región central Boyacá, Tolima, Meta, Huila y Cundinamarca aportan el 88% al abastecimiento de alimentos de la ciudad.
El propósito es incentivar la vocación agrícola de los suelos de la región, que responda a la demanda de alimentos sanos de Bogotá D.C. como un asunto de seguridad Nacional. Impulsar la cultura campesina y formas productivas adecuadas para la conservación de nuestros ecosistemas, y reconocer los servicios ambientales de nuestra ruralidad.
Bacatá Distrito intercultural de América, como escenario de diálogo entre las diferentes culturas y de reencuentro de la modernidad con nuestras raíces para concebir el futuro.
Democratización de presupuesto público, para que las comunidades organizadas del Distrito participen en la ejecución del presupuesto público. Sectores estratégicos como, la cultura y el ambiente, puedan contar con presupuestos dignos y políticas públicas a la altura de las necesidades que tiene la ciudad.
Por último, Colombia está en mora de incorporar la visión étnica de la vida dentro de sus procesos de desarrollo y políticas públicas. La institucionalidad y las leyes han sido concebidas desde una mirada profundamente antropo-eurocéntrica, muy distante de nuestra realidad mestiza y territorial que desconoce nuestra tradición jurídica indígena, la ley “sé” (ley de origen), donde la naturaleza tiene derechos y nos permite reconciliarnos con la vida.