Por: Aurelio Suárez Montoya

El ataque a abejas y demás polinizadores pone en riesgo la seguridad alimentaria.

El ministro saliente de Agricultura, Aurelio  Iragorri, echa campanas al vuelo hablando del periodo de la mayor producción de alimentos en la historia e inclusive de la recuperación de la seguridad alimentaria nacional. Se fundamenta en el crecimiento anual del PIB agrícola en el primer trimestre del 2017 en el 7,7% y del 4,4% para el segundo. 

No obstante, otras cifras amargan las fiestas ministeriales. Por ejemplo, las importaciones de los principales 24 capítulos del Arancel de Aduanas de alimentos y productos del ámbito agropecuario, sumaron en 2017 -de enero a junio- 6’785.891 toneladas mientras en ese mismo periodo para 2016 fueron de 6’721.740. De junio a junio, para 2016, dichas compras externas valieron 5.938 millones de dólares y a 2017 sumaron 6.371. Así mismo, sigue nuestra inferioridad en cereales: Colombia continúa importando más de 4 millones 100 mil toneladas semestrales. (DANE, Junio 2017).

La incertidumbre alimentaria en Colombia se agrava por otros hechos adicionales a los TLC. Tiene que ver, por ejemplo, con las denuncias que los apicultores han hecho sobre la eliminación de colmenas en los últimos años. Como algunos preguntarán sobre la relación de este “apicidio” con la dieta, hay que recordar que los insectos, y entre ellos las abejas melíferas, cumplen papel clave en la autopolinización y polinización de muchos cultivos para su reproducción en cantidad y calidad.

Según IBPES,  Plataforma Intergubernamental de Política de Ciencia en Biodiversidad y Servicios a Ecosistemas, decenas de miles de especies polinizadoras, entre las que sobresalen las abejas melíferas, son colaboradoras para la producción y la calidad de al menos el 75% de los cultivos. Entre los más relevantes están: manzana, ciruela, pera, durazno, cereza, kiwi, alfalfa, repollo, zanahoria, coliflor, pepino, colza, cebolla, berenjena, melón, sandía, girasol, con cosechas que vale centenares de miles de millones de dólares al año. En otros casos, como el maíz en Estados Unidos, los agricultores alquilan colmenas para aumentar la productividad.

A escala global esta organización y otras como PBS.org denuncian la grave afectación para las especies polinizadoras, en especial para las abejas melíferas, en la que se está constituyendo el uso indiscriminado y descontrolado de pesticidas en ciertos cultivos propiciando un proceso de extinción de insectos, un “apicidio”.

Se señala a los neonicotinoides, en especial con base en Clotianidina, calificados como “borradores” que acaban con todo tipo de insecto  y al Fipronil de incidir, como -además del cambio climático, de la deforestación y de los cultivos transgénicos- catalizadores para poner en vía de exterminio al 16,5 % de los polinizadores invertebrados en áreas terrestres, al 9% de abejas y mariposas de Europa y al 30% que habitan en islas. El Colegio de Ciencias Ambientales y Agricultura de la Universidad de Illinois destaca 60 pesticidas como de alta toxicidad para las abejas con exposición directa en zonas de fumigación o porque los transmitan a las colmenas, afectando sus defensas, facilitando enfermedades como el virus de alas deformes y parasitarias.   

En Colombia se replica el fenómeno. El colectivo Abejas  Vivos, que aglutina a 1.174 apicultores, de 3.700 registrados en total, de 22 departamentos con 35.216 colmenas ha denunciado que 29% de ellas están amenazadas de mortandad, habiendo perdido cerca de $10 mil millones en empleos y miel. Este hecho difundido en distintos medios, y pese a la realización de pruebas de laboratorio que brindan evidencia de la intoxicación recurrente de abejas por Fipronil–como en Guasca-, solo ha producido en las autoridades fitosanitarias la ratificación de que esos tóxicos tienen licencia.

 A contramano, en Europa, donde acaba de establecerse que en 19 países se encontraron huevos con fenilpirazol (Fipronil), prohibido allí desde 2013 y  utilizado, quizás por razones de economía por compañías especializadas en desinfección de granjas como “bomba” para eliminar toda suerte de pestes, se han desechado todos los lotes contaminados.

 El ataque a abejas y demás polinizadores pone en riesgo la seguridad alimentaria. El asunto requiere actuación de las entidades correspondientes, como el Instituto Humboldt, y exhorta, como piden muchos, a adoptar otro modelo tecnológico agrícola ya que el actual, dominado por un oligopolio global, puede conducir al genocidio tanto por privación definitiva de géneros alimentarios básicos como por crecientes y ocultas intoxicaciones colectivas.     

Tomado de bluradio.com