Por Cecilia Orozco Tascón  

Esta película que nos devela el pirata informático Sepúlveda cada vez que añade detalles al encargo delictivo que le habría dado la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga, no es otra cosa que la reedición corregida, aumentada y agravada de la operación de espionaje que desarrolló el extinto DAS contra los personajes señalados por la Casa de Nariño, entonces habitada por Álvaro Uribe y José Obdulio Gaviria.

Ahora, estos señores son flamantes senadores, y continúan haciendo de las suyas mientras los agentes que cumplían órdenes superiores purgan cárcel. Que “se pudran” en prisión, gritaría con desprecio alguien como Pacho Santos. Respecto de las antiguas “chuzadas” del DAS, por supuesto, hay una enorme diferencia: antes se hacía desde la Presidencia y con su anuencia. Hoy se ejecuta desde afuera y en su contra. Existe, también, una inquietante coincidencia: los operadores del plan permanecen en los organismos de seguridad y, según se deduce de las afirmaciones del hacker, les guardan fidelidad a sus antiguos amos a pesar de que, en teoría, los hombres de Inteligencia son leales al Estado y a quien lo representa, el presidente de la República. Frases de Sepúlveda: “estoy 100% seguro de que el equipo negociador del Gobierno (en el proceso de paz) estuvo plenamente infiltrado”. ¿Por quién? “(los militares de la sala de interceptaciones Andrómeda) me lo dijeron en diferentes ocasiones que habían sido ellos cumpliendo instrucciones de arriba… entrados en más confianza, empezaron a nombrar a altos mandos militares”.

El estamento militar no es el único comprometido. Semana le pregunta a Sepúlveda: ¿“con quién tuvo usted relación en la DNI (Dirección Nacional de Inteligencia, órgano de seguridad que reporta directamente al mandatario)”? Respuesta: “con una persona que, hasta donde tengo entendido, estaba a dos niveles de la cabeza de la DNI”. En el organigrama de la entidad que creó Santos para sustituir al desprestigiado DAS, el director general —“la cabeza”—, es el almirante (r) Álvaro Echandía, hombre de absoluta confianza del presidente. En el segundo “nivel” se encuentra el inspector general, cuya labor consiste en garantizar que el DAS no reviva, o sea, que la misión del nuevo órgano se realice de acuerdo con la Constitución. Este funcionario también “…avala el proceder de… todos y cada uno de los servidores que integran” la Dirección. Por razones de bobería nacional, el 11 de septiembre de 2012, un año después de creada la DNI, Juan Manuel Santos designó a Pedro Agustín Valencia Laserna en ese puesto clave. Nadie más, ni nadie menos. Valencia es el hermano de Paloma Valencia, senadora por cuenta de los votos de Uribe y una de las más explícitas opositoras del proceso de paz. Valencia, que tiene la facultad de pedir datos sobre todos los operativos y tareas de la DNI, es también el cuñado de Juan Carlos Pastrana, tal vez el más agresivo contradictor del Gobierno y de la negociación de La Habana. No sobra resaltar que el inspector Valencia goza de autonomía frente al director Echandía.

“A dos niveles de la cabeza de la DNI”, el tercero en rango, está el director de Inteligencia y Contrainteligencia que era, hasta cuando lo sacaron corriendo después de varios feos incidentes de irrespeto a Echandía, el coronel de la Policía Juan Carlos Nieto. Él fue relevado de esa posición porque su principal objetivo era garantizar la seguridad informática de los delegados del Gobierno en Cuba. Evidentemente fracasó. O ¿quiso fracasar sirviendo a otros intereses? “Era una rueda suelta” en la DNI, reveló RCN Radio.

El entramado, por donde uno lo mire, incluidos intentos de montajes y oferta de proporcionar abogados que impidan que se conozca la verdad, es idéntico a las chuzadas del DAS. Redondo es, gallina lo pone y los mismos se lo comen.

El Espectador, Bogotá.