Por Cecilia Orozco Tascón  

En octubre del año pasado, Semana publicó un artículo que tituló “El exgobernador que despojó a 100 familias en Córdoba”.

Se refería a la confesión del delincuente Benito Osorio, más recordado por haber sido gerente del omnipresente Fondo Ganadero de esa región, entre 1997 y diciembre de 2007. Semana describió a Osorio como “un terrateniente  vestido con ropaje político”. Y añadió que “fue por eso que (el presidente) Álvaro Uribe Vélez lo nombró gobernador encargado”. 

Para el momento de su selección a la Gobernación, Osorio ya había sido concejal de Cereté, secretario de Gobierno y presidente de la Federación Nacional de Fondos Ganaderos. Por esta trayectoria, era imposible que el doctor Uribe Vélez, veterano político del país y propietario de una apetecida hacienda ganadera del departamento (El Ubérrimo), no  supiera quién iba a ser su representante regional. Sin embargo y para sorpresa de muchos, lo anunció como tal, en enero de 2008.
 
Solo un par de semanas más tarde, el 19 de enero de ese año, y bajo el título “Osorio, el breve”, la misma revista había incluido una nota en que decía que resultaba “increíble que con los antecedentes de Córdoba” el Gobierno nacional no hubiera escogido “con lupa” a su nuevo gobernador.  La crítica tenía relación con las denuncias de paramilitarismo contra Osorio,   que lo obligaron a renunciar apenas 17 días después del anuncio presidencial.
 
Entonces, Semana comentó que  “para ninguno de los cordobeses era un secreto la amistad (de Osorio) con Salvatore Mancuso”, a tal punto que el recién elegido había propuesto a los dirigentes gremiales de la zona organizar una marcha de respaldo al jefe paramilitar. Hoy, Benito Osorio vuelve a ser noticia porque un juzgado especializado de Antioquia le acaba de imponer una condena de 19 años de prisión. Él aceptó haber delinquido en: destrucción y apropiación de bienes (tierras adjudicadas a campesinos), desplazamiento forzado, lavado de activos, testaferrato  y concierto para delinquir.
 
Osorio colaboró, de manera eficaz, con la justicia. Por ejemplo, reveló que su “llegada al Fondo Ganadero de Córdoba obedeció al querer de Vicente Castaño quien era mi amigo personal y quien me consideraba como su líder político en el departamento. Por eso acudió a Sor Teresa Gómez (cuñada de Castaño) para que hiciera los contactos necesarios y yo quedara como gerente del Fondo”. De acuerdo con la sentencia, el objetivo de Castaño, cuando lo instaló ahí, era “legalizar” la propiedad de los predios arrebatados a los campesinos mediante una venta ficticia entre el poseedor legítimo y Sor Teresa Gómez, y, después, entre esta y el Fondo.
 
Así, el “gobernador” Osorio, cuando fue honrado por la Casa de Nariño, ya había firmado las escrituras falsas de más de 100 fincas de Córdoba. Vicente Castaño calculó que poseería seis mil hectáreas de la zona en que aparecen, también como propietarios de extensos terrenos, el expresidente  de la República y el presidente en suspenso de la Corte Constitucional, Jorge Pretelt.  Justamente, un predio que este le “compró” a su señora Martha Ligia Patrón y que esta, a su vez, le “compró” a un campesino que hoy asegura haber sido obligado a vender, se llama “No hay como Dios”. Pues bien, en la sentencia de condena a Osorio aparece la siguiente afirmación: “Una de las primeras negociaciones (a favor del Fondo Ganadero) consistió en que mediante un contrato de compraventa,  Aram Assias Solar (testaferro de Mancuso) transfirió a Benito Osorio (segundo testaferro) el dominio de 13 predios”, entre ellos uno denominado “No hay como Dios” (pág 40) ¿Será, por ventura, la finca que está en poder de nuestro honorabilísimo magistrado? No lo sé. Solo sé que, un año después de haber escogido a Benito Osorio como gobernador, el presidente Uribe seleccionó “con lupa” a otro cordobés para nuestra máxima corte: el señor Pretelt. Hablando de  No hay como Dios: Dios los cría…

El Espectador, Bogotá.