Columnistas

Por Jose Arlex Arias

TRIBUNA LIBRE DE OPINIÓN

El "pico y placa" es una de esas "colombianadas" que nuestros genios dirigentes se inventaron para racionalizar la escasa oferta ante una excesiva demanda –en el caso original, de vías de transporte ante el número de vehículos–. O sea, es la típica incapacidad del Estado para garantizar un derecho esencial como la movilidad. El "terminucho" se volvió popular, extendiéndose su aplicación a actividades, cuando se es incapaz de ofrecer una respuesta apropiada a un derecho fundamental o esencial. Ahora tenemos "pico y placa" para racionamientos de servicios públicos, derechos fundamentales e incluso en empresas privadas. Uno de los "pico y placa" más oprobiosos, además del que aplican las Empresas Promotoras de Salud, es el que hace la Secretaría de Educación de Cartagena a los niños que cursan sus estudios elementales en las destartaladas instituciones educativas. Es un crimen que por la falta de un pupitre, un saló o el acondicionamiento de la infraestructura, estos niños se vean precisados a recibir educación por turnos, cediendo su lugar a otros compañeros. El hecho ha sido denunciado, desde hace algún tiempo, en los casos de la Institución Educativa Ana Vélez de Trujillo, que en mayo pasado manifestaron esa molestia, y en estos días los de la Institución María Reina, que afecta a 1.900 niños y niñas.

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Señoras y Señores, Amigos y Amigas Todos.

Quiero agradecerles la asistencia a este encuentro, sin duda produce una gran emoción volver a estar juntos…hace mucho tiempo no lo hacíamos.

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Por Alberto Castilla

Cajamarca sentó un precedente histórico para la lucha popular en la disputa sobre el extractivismo en país. El pueblo cajamarcuno no sólo se organizó y movilizó por defender la zona que denominan “despensa agrícola del país”, sino que encontró en la Consulta Popular un mecanismo constitucional que en el marco de la democracia, le permitió tomar decisiones sobre la política extractivista que viene afectando su territorio.

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Por Hugo Castillo Mesino

ÁGORA RAZÓN

El solo anuncio de la llegada del Papa a nuestro país se constituyó en un himno de esperanza por la anhelada paz espiritual y material de millones de colombianos sedientos de un encuentro por la vida, por la alegría, por el amor centrado en la persona humana. Las multitudes que se volcaron por las avenidas y los escenarios que sirvieron de tribuna para que el Papa Francisco con sus encíclicas y reflexiones llevara a espiritualizar a la feligresía que hizo suyos los múltiples mensajes e invitó a pensar en lo que somos, aceptando los retos desafiantes de los que luchan y, también, de quienes no renuncian a seguir soñando bajo la adversidad del tiempo. La presencia de su santidad fue un milagro y a la vez una ganancia a pesar de las circunstancias en que viven los compatriotas sin amanecer ni anochecer, mas no descansan en encontrar un sol que los irradie de amor y de bienestar. A veces nos queremos sacudir de la perpetuidad de las cadenas del poder que nos atan con el mismo color de nuestra sangre con una máscara de hipocresía como creyentes, ocupando las primeras filas en los templos y banquetes, teniendo los ojos turbados de engaños y miserias ante sus hermanos terrenales, ¿Qué tanto les puede doler a estos miserables, al hablarle el Papa Francisco del hambre, de la envidia y el abandono de los hijos de Dios?; siendo ellos  los precursores de este flagelo, como  hampones de la vida, quienes aplaudían en los actos litúrgicos cada palabra, cada gesto, cada sonrisa del Sumo Pontífice, con antifaz de humanos, ocultando su aristocracia y arrogancia burguesa,  con los bolsillos del diablo tiznados e impregnados de  robos y saqueos sistemáticos artificiosos propiciados a las arcas de la Nación, considerándose creyentes y católicos pintados de oportunismo hasta la visita del Papa. 

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Por: Aurelio Suárez Montoya.

El papa Francisco – en su oración en la misa en el parque Simón Bolívar en Bogotá el jueves 7 de septiembre- advirtió sobre “densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida”, “aquí como en otras partes”.

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Por Wilson Borja

A propósito de la visita del papa Francisco a este país se le puede aplicar la expresión: VINE, VI Y DIOS VENCIÓ, que le fue manifestada al papa Inocencio XI, al ser creador, en 1683, de La Liga Santa que derrotó al Imperio Otomano, en la batalla de Kahlenberg, cerca de Viena, por el rey de Polonia Juan Sobieski y autor de la misiva que contenía la mencionada expresión. Dicha expresión parodia a la de VINE, VI Y VENCÍ, expresada al senado por el general y cónsul romano, Cayo Julio Cesar en el 47 a. C., describiendo su victoria en la Batalla de Zela, sobre Farnaces II del Ponto, región que después fue las tierras que le dio existencia al Imperio Otomano. 

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Por: Mario Alejandro Valencia

No creo que el papa sea comunista, solo que comparte la visión con quienes actuamos para cambiar un modelo económico inequitativo y devastador en términos humanos y ambientales

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Por: José Roberto Acosta

En un revelador informe de la Contraloría General de la República (http://bit.ly/2gOt780) se detallan las mentiras de directivos del Banco Agrario de Colombia, incluyendo a su junta directiva, para ocultar sus errores y zafarse de un juicio de responsabilidad fiscal por el detrimento patrimonial derivado del irregular préstamo que se desembolsó al consorcio Navelena, propiedad de la corrupta Odebrecht, y que ya supera los $135.000 millones.

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