Por: José Roberto Acosta

Lo ancho para las minorías poderosas y lo angosto para las mayorías que poco o nada tienen. Esta parece ser la consigna del raquítico capitalismo colombiano que ofrece sólo US$6.000 por persona al año, frente a los US$60.000 ofrecidos por Estados Unidos.

Impresentable capitalismo donde, con cargo a lo que cobran a sus afiliados, las sociedades administradoras de pensiones privadas financian un gremio como Asofondos, que, mientras desprecia los intereses de los afiliados, defiende el interés de los administradores, con normas que, como el decreto 1385 de 2015, autorizan autopréstamos con los ahorros pensionales, convirtiéndolos en dinero de bolsillo para los grupos económicos más poderosos del país: Grupo Aval y Grupo Empresarial Antioqueño. ¿Por qué no financiar también un gremio que defienda los intereses de los afiliados? ¿Alguien conoce a esos representantes de los afiliados? ¿Por qué callan estos “representantes de los afiliados” ante las maniobras financieras que cocinan los privados con estos sagrados recursos públicos?

Enclenque capitalismo donde siniestros personajes, como los que estuvieron detrás de la quiebra de Pacific Rubiales, ahora demandan a Colombia por US$700 millones, dizque por incumplir el TLC contra una sociedad como Gran Colombia Gold y cuyo dudoso manejo fue presidido por María Consuelo Araújo, quien, paradójicamente, es hoy la secretaria de Integración Social de Enrique Peñalosa. Ni sociales, ni capitalistas, sólo negociantes.

Grotesco capitalismo donde el ministro de Minas desconoce la contundente decisión de la mayoría de la población de Cajamarca, a favor de un modelo diferente de desarrollo económico, y toma partido por una empresa extranjera que ha sido denunciada por Human Rights Watch, en su informe The Curse of Gold, de 2005, por apoyar grupos terroristas en el Congo africano.

Desnutrido y corrupto capitalismo que permite que el fiscal general de la Nación, ante el silencio de la Corte Suprema de Justicia, se mantenga al frente de las investigaciones del mayor escándalo de sobornos del siglo, a pesar de que sus firmas de abogados y familiares asesoraron a varios de los implicados con Odebrecht.

Mientras tanto, los responsables históricos de este capitalismo de pacotilla justifican sus errores amenazando a las impávidas mayorías con que todo podría ser peor y que sacarlos del poder es un grave salto al vacío. Pues tal vez sólo queda dar ese “gran salto”.

@jrobertoacosta1