Por Wilson Alfonso Borja Díaz*

Por las decisiones de la COP23, nos alegramos los que aplaudimos a Mujica por decir: “Lo que algunos llaman la crisis ecológica del planeta es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana, ese es nuestro triunfo, también nuestra derrota”, es lo mismo que pasa con el carbón colombiano, cuando somos el primer productor de América Latina y el cuarto exportador a nivel mundial; las reservas totales están estimadas en cerca de 17.000 millones de toneladas. Pero la preocupación no puede ser sólo de esta materia básica, sino el cobre, el oro, la plata, el aluminio, el plomo, el hierro, el mercurio, etc., y las no metálicas: arcilla, cuarzo, zafiro, esmeralda, granito, mármol, mica, níquel, etc., que por su explotación y peor aún por la formas atrasadas de obtención dañamos esta tierra que nos prestaron con la obligación de entregarla a nuestros hijos y nietos en mejores condiciones.

Un ejemplo es el mismo carbón. En julio de 2004 el Instituto Mundial del Carbón publicó el informe Carbón limpio: Creando un futuro a través de la tecnología, con el objetivo de reducir las emisiones contaminantes como azufre y óxido de nitrógeno y aumentar el aprovechamiento de la cantidad de energía; técnicas como las “centrales de combustión de lecho fluido” mejoran el rendimiento en la combustión del carbón y disminuyen el impacto medioambiental, al igual que la licuefacción o gasificación.

No obstante el preponderante papel que tiene para nuestra economía el carbón, 13 años después de esta y otras publicaciones, seguimos explotando este material y todos los demás sin previsiones reales al daño ecológico que produce una economía extractiva, impedida de pasar de este papel que nos han asignado las multinacionales, porque no somos capaces de desarrollar valor agregado en dichas materias, que hoy por hoy es la única fuente de ingresos reales de la nación. Y no es lo único, está la deforestación, que está acabando con el pulmón de la Tierra, como es la Amazonia, y con más de 1’500.000 de hectáreas en todo el país destruyendo ecosistemas.

Al lado de ello está la intención de dragado de los arrecifes de Varadero en Cartagena, para que entren los barcos a llevarse el carbón y las otras materias primas, el daño casi irreparable de la bahía de Santa Marta y su Ciénaga Grande; la destrucción de los páramos, incluyendo el de Sumapaz, de un país que tiene el título de tener la mayor cantidad de ellos en el mundo.

Definitivamente lo que tenemos que cambiar es nuestro desarrollo económico, exigiendo a las transnacionales, por el tiempo que falte de las concesiones, usar las tecnologías de punta para la extracción de materias primas, la recuperación ambiental de los ecosistemas dañados, la inclusión de valor agregado transformando estas materias. También se debe prohibir el seguir entregando concesiones y licencias, lo cual nos obligará a desarrollar energía limpia con sostenimiento ambiental. Es decir con Mujica, “cuando hablamos de medio ambiente el primer elemento es el ser humano”.

*Exrepresentante a la Cámara del Congreso de la República de Colombia.

Tomado de elespectador.com