Por Luis I. Sandoval M.
El primero de febrero por la tarde, en un auditorio atiborrado de jóvenes estudiantes y de docentes en la Universidad de Los Andes escuché decir a Boaventura de Sousa Santos, el prestigioso sociólogo portugués, que la realidad no se reduce a lo que existe, que la utopía también forma parte de la realidad.
Formidable premisa para combatir los rampantes pragmatismos en boga que consideran inútil la teoría e innecesaria por lo mismo la deliberación. Publicó El Espectador un breve texto mío el 10 de enero “La Política: Déficits inocultables” en el que afirmé:
“La política solo puede mejorar, es mi convicción, si la reflexión sobre ella parte de un referente utópico: solo así se puede diseñar el camino para transitar de una situación inaceptable e indeseable a una situación distinta, mejor y deseable. Solo la utopía genera tensión creativa y acción transformadora. Los pragmatismos solo producen condescendencia cómplice con realidades inicuas”. Al pie del artículo apareció un comentario valorativo a nombre de la Fundación Walter Benjamin, sospecho escrito por el profesor Sergio de Zubiría quien la dirige, adicionado con la gentil recomendación de que fuera tenido en cuenta en las deliberaciones del foro ideológico del PDA.
Una de las tareas de nuestro Foro Ideológico es examinar el Ideario de Unidad del partido, quizá no para cambiarlo pero sí para corroborar su vigencia y eventualmente complementarlo y ajustarlo. Hace poco un compañero decía, en una de las visitas que estamos haciendo con la Presidenta a las Localidades, que el Ideario del Polo es como un traje nuevo que compramos, guardamos y nunca hemos usado. Está intacto. Realmente el Ideario del Polo es un tesoro escondido, en él se contiene nuestro proyecto, nuestro sueño, nuestra utopía real para Colombia que aún está por hacerse realidad. Esa es nuestra misión. Prácticamente todo está por hacer.
El ideario constituye para la organización del Polo el punto de apoyo que pedía Arquímedes, 300 años antes de Cristo, para mover el mundo. Si el Ideario es el punto de apoyo la organización partidaria es la palanca del cambio.
Hace unos años (1997) decía el sociólogo Jesús Ibáñez: “Lo real solo se puede construir desde lo imaginario. Solo desde la utopía – sueño de carne, ética ideológica – se puede mover la realidad. Sueño de hierro, ética de la responsabilidad, para mover la realidad hay que situarse más allá de la realidad, la utopía es el punto de apoyo arquimédico”. (Citado en Patacrítica, Revista de Cultura Política, N° 1, Septiembre de 2011, pág. 8).
Lo que el Polo quiere y propone mediante una práctica de democracia radical son transformaciones profundas en la vida, la sociedad y el Estado colombiano. Ello implica la movilización de los abajo para poner la agenda, para hacer valer los intereses de las mayorías y para conquistar objetivos de beneficio general.
Hace unos meses tuvimos una prueba de que lo razonable, como en el mayo francés del 68, es pedir lo imposible. Los estudiantes colombianos movilizados, unidos, politizados allende los partidos, lograron derrotar una falsa reforma y abrir el camino de una verdadera reforma de la educación superior. Una perspectiva de cambio real en educación por una vía democrática, plebeya, multitudinaria, está abierta en Colombia.
Aquí puede observarse: el camino de renovación de la política de izquierda es sin duda la apertura inteligente y no instrumental a los movimientos sociales como viene ocurriendo en otros países de América Latina. En ellos está el magma popular, como decía Orlando Fals, del cual surge el continente de los partidos e instituciones políticas.
El éxito del movimiento estudiantil que busca ganar una reforma de la educación superior acorde con las intereses de la nación, de los jóvenes de hoy y del pueblo colombiano debe ser un empeño del Polo Democrático con pleno respeto a la autonomía del movimiento social. Lo propio es preciso procurar que ocurra en la lucha por la tierra, en la reparación de las víctimas y en la lucha por la paz. Necesitamos poderosos movimientos sociales con clarividencia política, con autonomía en su conducción y con fortaleza en la movilización que sean capaces de derrotar el gatopardismo tradicional de las élites colombianas (que todo cambie para que todo siga igual) e imponer cambios verdaderamente democráticos en estos temas y campos.
Hay que conquistar las condiciones que hagan posibles estos movimientos. Es necesario radicalizar las luchas democráticas sin degenerar en la violencia y es necesario que el país aprenda a asimilar las luchas democráticas sin responderles con la represión y el exterminio. Este nuevo sentido despunta cuando los jóvenes estudiantes abrazan a los policías, es preciso que policías y soldados aprendan a abrazar a los estudiantes. Ese será un país distinto.
Ello requiere el referente inspirador y articulador del proyecto político alternativo que piensa, y propone, y vive radicalmente la democracia. Ese proyecto es el que está en el origen del Polo Democrático Alternativo, ese proyecto es el que no puede existir sin los jóvenes porque ser radical, ser alternativo y ser joven es una misma cosa.
Bogotá, febrero 9 de 2012.
























