Por Ángela Quevedo Isaza
El tema que nos convoca en éste panel tiene importancia enorme por el papel que la juventud juega en las transformaciones políticas, económicas y culturales de las naciones, especialmente cuando rompe las fronteras de la formalidad de manera civilista.
Si algo identifica a éste estado biológico y psicológico de la vida es la constante crítica al establecimiento, la necesidad de generar cambios, y de sentirse representado. Aquí, el papel de la juventud tiene un gran peso social y juega para distintos procesos de cambio, los democráticos y los antidemocráticos.
La historia de la humanidad nos cuenta la labor de la juventud en los distintos procesos de cambio, ya sea en los denominados de derecha o de izquierda. Recuerden ustedes el llamado a la juventud de Suramérica con el manifiesto de córdoba en 1918 exigiendo la democratización en las universidades; o la primavera del 68 engalanada por el florecimiento del movimiento estudiantil francés, que desató una reacción en cadena de inconformismo juvenil por el mundo; para no ir tan lejos en la historia, en 2011 vivimos grandes movilizaciones sociales donde la juventud, de la mano con trabajadores, tuvo destacamento, los protagonistas fueron el movimiento estudiantil Latinoamericano (Chile, Colombia, Puerto Rico, Salvador), los famosos indignados de Europa que su eco tocó también las puertas del Wall Street y la lucha de los pueblos árabes, que en el caso de Egipto actuaron dentro la estrategia de la primavera árabe, un engendro de Estados Unidos para el Medio Oriente.
En la actualidad, la profundización de las contradicciones económicas que tienen al mundo capitalista en la cuerda floja, ha permitido el florecimiento de propuestas donde predomina el rescate de la soberanía en oposición a la política de libre mercado que condujo a nuestros países al saqueo y el empobrecimiento acelerado, una posición antiimperialista y de independencia de la política establecida por el BID o el FMI.
Un análisis de cada país, caracterizándolo económicamente, socialmente, desde el punto de vista de su producción, de la cultura, de los recursos naturales que posee, nos recogerá a los pueblos de Latinoamérica en un aspecto, el sometimiento de nuestra política interna a las determinaciones de Washington, chocaremos con la política imperial de sometimiento de nuestros intereses a los de Estados Unidos que en el caso colombiano lleva 100 años desde el robo de Panamá. Es en este contexto en el que se bate la juventud latinoamericana y me voy a permitir plantear este objetivo, tener una verdadera soberanía frente a los poderes transnacionales e imperiales como una necesidad común de nuestras naciones para que pueda haber plena democracia.
Por ejemplo, la juventud colombiana despierta de un letargo, que trajo la implementación del modelo neoliberal que para el caso colombiano es anterior al conocido Consenso de Washington en la década de los 90, donde se da inicio a la aplicación de ésta política en el continente, bajo la observación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Dicho modelo propende por la reducción del aparato estatal, para abrirle paso y mayor responsabilidad al sector privado de carácter transnacional en beneficio del capital especulativo internacional, cuya naturaleza busca principalmente el incremento de sus utilidades y la reducción de los costos de producción, entendidos como el abaratamiento y la reducción de salarios, de la mano de obra de carácter nacional, presentes en las últimas reformas laborales disminuyendo la calidad de vida de los colombianos.
Con esta lógica se puede entender de manera clara el por qué de la privatización de los principales activos de la nación y los servicios públicos domiciliarios así como la disminución al presupuesto para educación y salud, asuntos que han venido socavando el acceso de los jóvenes a estos servicios. Las educación en Colombia vive hoy una crisis financiera estructural, producto de la premeditada disminución de recursos del estado, originada en la apertura económica de 1990, crisis que llegaría a su máxima expresión en educación superior con la aprobación en el congreso de la república de una reforma que incluía el factor del lucro y convertía la educación en una mercancía sujeta a las reglas del mercado y adicionalmente impuesta bajo la lógica de las necesidades representadas en el Tratado de Libre Comercio (TLC), imponiéndose un modelo educativo que está relacionado con el subdesarrollo y la pobreza absoluta. Los efectos de esta política arrojan las siguientes cifras generales en términos de educación: más de la mitad de los colombianos no tiene posibilidad de concluir el bachillerato; se presenta una tendencia a disminuir en cobertura a medida que avanza el grado de escolaridad, de ésta forma, solo el 27.66% de la población joven entre 14 y 26 años cursó educación secundaria. Esta cifra desciende a 4.55% para la educación técnica y a 1.40% para el caso de formación profesional.
En una respuesta sectorial a esta política en el sector educativo, que pretendía privatizar al 100% la educación superior con el modelo económico de la universidad de Harvard, en Colombia durante el año pasado libramos una batalla estudiantil contundente contra la reforma universitaria del presidente Santos, que gano el respaldo de la población colombiana por su carácter masivo, creativo y civilista y, lo obligó a retirar su iniciativa legislativa del Congreso.
Son diversas las cifras por analizar que se tienen de la población joven, desde esta perspectiva del neoliberalismo en material laboral, de salud, acceso a servicios públicos; razón por la cual podemos sustentar una vez mas que este modelo económico aplicado es un modelo inicuo y excluyente que va en contravía al desarrollo de la juventud y la población y a favor de una plutocracia que se ve beneficiada con sus políticas.
Entonces lo que planteamos desde el Polo Democrático Alternativo para nuestro caso colombiano es desarrollar una política democrática en procura por la transformación de la estructura económica y social del país por medio de la profundización y ampliación de la democracia, la soberanía nacional y la unidad de Latinoamérica, la generación de riqueza con inclusión social, el Estado Social de Derecho como régimen político, la defensa de los recursos naturales, la reivindicación de los derechos de los menos favorecidos, la defensa de la libertad sindical, así como el rechazo al neoliberalismo, racismo, xenofobia, marginación, explotación; es decir, una nueva democracia que recoja los intereses de la gran mayoría de la población colombiana, los intereses desde el campesino hasta el empresario nacional, que su suerte personal esté ligada a la de la nación. Es decir, desarrollar una política realmente autónoma y soberana que saque al imperialismo de las decisiones de nuestro país.
Lo que más se aproxima en nuestros países a un modelo de cambio democrático es la posibilidad de defender o crear condiciones reales de soberanía como lo viene haciendo Ecuador, que dio una lección al mundo con un acto de soberanía al cortar uno de los tentáculos imperiales en América Latina, la base militar de ésta ciudad, Manta, que durante 10 años ocupó éste país; igual lo hace Argentina, Bolivia ¡y de qué manera!, Venezuela como pionera de este proceso, Brasil, y en otro orden Nicaragua, El salvador, y otro procesos que podríamos asimilar como un intento de formación de verdaderos estados nacionales, diseñados en función del interés de su propia población y no del interés heredado de varias generaciones de políticos que miran solo al norte, hoy estamos mirando hacia el sur, en todos los temas: insisto, soberanía, recursos naturales, educación, salud, defensa de los mercados nacionales. Pero estos cambios requieren una lucha civilista que no excluya a ningunos de los sectores afectados por el intervencionismo imperial y como vengo de Colombia debo decir con claridad que el camino dentro de las formas que deben tomar nuestras luchas debe excluirse cualquier tipo de acciones de secuestro, extorsión como táctica política. Finalmente, Un socialismo democrático sin estos elementos puede ser democracia, pero no social. Y quizás tampoco es democracia porque democracia sin participación en la economía es en la práctica, exclusión social.
*Ponencia presentada en el Encuentro Nacional de Jóvenes Políticos Avanza. Panel Juventud, democracia y participación. Junio 23 de 2012, Manta, Ecuador.
Polo Democrático Alternativo
Polo Joven - Colombia


