Por Cecilia Orozco Tascón
La presidenta de la ultrajada Corte Suprema de Justicia es indigna de portar ese cargo y, más aún, de vestir la toga de magistrada.
No sólo por el tal crucero, en buena hora denunciado por RCN Televisión, sino también por sus ascensos profesionales, escasos, según se sabe







