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El filósofo belga de la comunicación presentó su último libro en CIESPAL, Ecuador.

Los medios privados se corresponden más a la mentalidad que se ha creado a través del mercado y ello  es un problema grave, sostuvo el científico social belga Armand Mattelart, en Quito, donde en los primeros días de junio, invitado por Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), cumplió una serie de compromisos académicos.

En efecto, esta institución en acto especial le otorgó su máxima distinción, la medalla de Oro, por su trayectoria académica y por sus aportes a la economía política de la comunicación. Igualmente fue presentado su más reciente libro titulado ‘De Orwell al Cibercontrol’, en coautoría con el catedrático francés André Vitalis.

CIESPAL estableció una catedra de economía política de la comunicación en honor a Matterlart. El investigador social de origen español, Francisco Sierra Caballero, director de este centro de estudios, contó las razones que justifican esa decisión. En primer término, explicó, se trata de resaltar el trabajo como pionero en los estudios de la comunicación y la generación de múltiples conocimientos en el tema en Suramérica, la innovación de una nueva línea de investigación y el compromiso ético y político con los procesos de emancipación de la parte sur del continente.

Sierra Caballero recordó que Mattelart es el pionero de los estudios de comunicación y que desde los años sesenta, en Chile, inauguró un línea crítica sobre el poder y acceso a los medios, anclada en las culturas populares latinoamericanas, y los estudios de economía y política.

El rol de los medios públicos

Durante una entrevista para la Agencia de Noticias Andes y su programa de televisión, Ecuador No Para, Mattelart analizó el rol que cumplen los medios públicos de comunicación. El catedrático en Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universidad de París VIII, reflexionó sobre la evolución de la televisión pública y los desafíos que implican someterse a una lógica comercial.

En su criterio, la audiencia de los medios públicos no es la misma que la de los privados, pues esta debe hacer un ejercicio intelectual y actuar de manera autónoma. “Lo público no está dado, se da finalmente a través de una reflexión del oyente, o del vidente, lo que está mirando o escuchando”. En ese sentido, agregó, “la sociedad tiene los medios que se merece”.

Mattelart dijo que es un deber de los Estados financiar a los medios de comunicación que prestan un servicio público sin condicionar la política editorial de estos, y que los ciudadanos deben involucrarse más en la regulación de los contenidos.

En ese contexto, dijo que canales emblemáticos como la BBC y los medios públicos de Francia y Bélgica están cada vez más atrapados en la lógica comercial, por la competencia y en la búsqueda de financiamiento.

Marcó una diferencia entre los contenidos que ofrecen los medios públicos con la que emiten los privados, lo que garantiza a estos últimos una mayor audiencia.

Mundialización de la comunicación

Durante la entrevista, Mattelart, doctor en Derecho por la Universidad de Lovaina, Bélgica, se refirió al concepto de mundialización de la comunicación que tiene que ver con la unidad de los pueblos, pero que choca con la irrupción en la década de los ochentas con la globalización neoliberal.

Se refirió a la manipulación del discurso de los medios y sostuvo que para enfrentarla hay que adelantar una tarea de educación de las audiencias que debe ser impulsada por los ciudadanos y las instituciones democráticas. Igualmente, dijo que es fundamental la conformación de observatorios ciudadanos de medios de comunicación  y avanzar en regulación.

“El problema es que los doctrinarios del mercado automáticamente cuando se habla de regulación dicen ‘es finalmente censura’. Yo creo que la democracia no se hace sin regulación que es producto de una construcción multilateral, es decir, desde los ciudadanos hasta los Estados, pero también con la participación de lo privado”, manifestó.

No obstante, precisó que el problema de lo privado es que rechaza la activa participación ciudadana porque pierde una parte de su hegemonía.

Comunicación, un derecho humano

Por otro lado, Mattelart se refirió a la calidad de servicio público en el que está catalogada la comunicación en Ecuador. Dijo que es normal que en las constituciones democráticas la comunicación sea considerada un derecho humano, que contemple la participación de los ciudadanos.

“El problema es que progresivamente bajo el capitalismo lo que se ha dado es que, finalmente, la libertad de comunicación es una libertad de propiedad de los medios de comunicación”, explicó.

El comunicólogo dijo que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, tiene razón cuando sostiene que la libertad de expresión está estrechamente vinculada al pensamiento y la voluntad del dueño de los medios. Sin embargo, insistió en que, más allá de las leyes, son los ciudadanos los que deben apropiarse de los procesos comunicativos a través de redes fuertes.

De Orwell al cibercontrol

También en la capital ecuatoriana Mattelart  presentó durante un acto académico realizado en CIESPAL, su último libro De Orwell al cibercontrol, en el que se aborda el tema de la vigilancia tanto de los individuos como de las sociedades

Con André Vitalis, el coautor del trabajo bibliográfico,  desarrollan el concepto del  “perfilado” para  explicar “el control indirecto de los individuos —a menudo con el propósito de anticipar sus comportamientos— a través del estudio y explotación sistemáticos de sus datos —ya sean sus desplazamientos o sus pautas de consumo—. Mientras que el modelo de vigilancia totalitario exhibía su control, en el mundo post-orwelliano éste se nos impone sin plena conciencia por nuestra parte; es invisible, y esta invisibilidad, potenciada por la desmaterialización de los soportes, garantiza su efectividad en una población crecientemente fascinada por las nuevas tecnologías que, sin embargo, no perciben como tecnologías de control”.

Para Mattelart, en la era digital hay Estados cuya “obsesión” con la seguridad vulnera el derecho a la vida privada, como demostró Edward Snowden.

Los niveles de vigilancia en las sociedades se han exacerbado con sucesos como los atentados del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, lo que ha repercutido en una interconexión de los sistemas de control social sobre los ciudadanos.

“El modelo norteamericano de vigilancia mundial, que han ilustrado bien Edward Snowden o Julian Assange, ha irradiado hacia las diversas sociedades”, explicó el académico, quien además analizó otras sociedades como la de Francia o la de España, donde también ocurrieron atentados, en 2015 y 2004, respectivamente.

En el libro se recogen las recientes revelaciones sobre las prácticas ilegales de la Agencia Americana de Seguridad (NSA), o el descubrimiento por parte de un usuario del rastreo digital masivo realizado por Facebook, lo cual revela la magnitud de la hipervigilancia a la que las sociedades están sometidas.

“Cada sociedad, cada Estado reacciona tratando de agregar nuevas leyes que afecta a los ciudadanos”, indicó Mattelart.

Si bien las redes sociales constituyen una herramienta de "lucha social”, los usuarios, dijo, no son conscientes de la vigilancia total que existe detrás de ellas de manera invisible.

La lucha antiterrorista es el pretexto de la vigilancia global, en la que el control rebasa el tradicional modelo disciplinario, esgrimido por George Orwell en el “Gran hermano”, para convertirse en un control mucho más sofisticado con la participación, cada vez más involuntaria, de los ciudadanos.

Basta ver, añadió, “cómo, progresivamente, debido a los atentados yihadistas (en Francia), se ha visto acelerar las leyes de vigilancia o lo que se llaman leyes de seguridad ciudadana”.

Este es “un problema que me motivó a reflexionar sobre el papel del Estado en el avance de los dispositivos de vigilancia de los ciudadanos”, dijo Mattelart al precisar que “es un fenómeno europeo, con realidades individuales” y que, por ejemplo, “en España es evidente”.

Este tipo de leyes, que en América Latina se conocen como “mordaza”, se han multiplicado “bajo el pretexto de proteger a los ciudadanos”, agregó.

Es por esta razón que “ahora hay más posibilidad de ser sospechoso”, en la medida en que, quien no acepta esta vigilancia, puede ser encasillado como tal.

Incluso, señaló, podrían darse casos de personas que puedan ser consideradas como potenciales alteradores de la normalidad democrática de los Estados. Es por ello que insistió en que la lucha contra el terrorismo podría servir de “pretexto para amordazar una realidad” que los Estados “no logren controlar”.

Aseguró que ante estas posibilidades, en muchos países de Europa se han formado asociaciones de resistencia frente a esta “hipervigilancia” y por la defensa de los derechos de los ciudadanos.

Sin embargo, “la tecnología va más rápidamente” y permite que los controles incluso cuenten con la participación “involuntaria” de los propios ciudadanos.

“Todo este tema forma parte de lo que debe discutir todo demócrata o toda organización democrática”, apostilló Mattelart al remarcar que quienes “realmente tienen el poder de ‘cibervigilancia’ son las corporaciones” grandes como Google y Facebook, entre otras.

Destacó que en Europa y en América se han abierto discusiones “para ir en contra de esta extracción de datos que hacen de los ciudadanos de cada país”.

Las intervenciones de la presentación del libro de Mattelart en CIESPAL, en el siguiente video:

Quito, Ecuador.