El ex magistrado y senador Carlos Gaviria y el filósofo Guillermo Hoyos, director del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana, analizan el “fenómeno Uribe”.

Carlos Gaviria conoce al presidente electo Álvaro Uribe desde los tiempos de la Universidad de Antioquia. Fue su profesor de derecho constitucional. Se toma la libertad de mirarlo con Guillermo Hoyos, quien lleva años reflexionando sobre la democracia, con un espíritu crítico.

GUILLERMO HOYOS (GH): Carlos, usted que resultó elegido por una opción de pensamiento crítico como es el Frente Social y el Polo Democrático, cómo ve la elección de un hombre que gana en la primera vuelta con base en dos conceptos: autoridad y orden.

CARLOS GAVIRIA (CG): Tocar el tema del autoritarismo es pertinente. Aún más, cuando he dicho en otras ocasiones, que la sociedad colombiana ha tenido un esquema reiterado y repetitivo de pedir mano dura, autoridad, incluso dicta dura, para responder a situaciones desesperadas, como la que vivimos. Es decir, que la gente pare ce descreer de la democracia.

G.H.: El resultado electoral tiene esa inercia.

C.G.: Resalto que ante una situación parecida de violencia el constituyente del 91 procedió a contramano de ese sentimiento repetido, y con formó la base constitucional de un Estado más democrático y libertario, como proponiendo “ensayemos una vía distinta”.

G.H.: Un estado que no hemos tenido. Por que en Colombia en vez de conocer la democracia conocemos es el autoritarismo...

CG.: Hemos conocido incluso dictaduras disfrazadas de gobierno democrático, regímenes dictatoriales que observan los ritos democráticos pero sin ningún contenido democrático. Y el llama do del constituyente parece que buscó otro camino. Mas ahora la sociedad volvió por sus fueros conocidos. Atribuyo la mayoría significativa del doctor Uribe a un estado de histeria colectiva, donde la gente lo que pide es mano dura...

G.H.: Autoritarismo.

C.G.: Y ese autoritarismo paradójicamente lo encuentra en un representante del Partido Liberal, que debería ser precisamente el partido de la libertad y no el del orden, que es el Partido Con servador. Eso induce a reflexionar sobre los partidos y la democracia en Colombia.

G.H.: Sí. Los grandes derrotados de la reciente elección son los partidos tradicionales. Uno no sabe cuál es el que está detrás o sustenta el gobierno de Uribe. Es muy grave que ante el fracaso del gobierno de Pastrana, no se les pueda pedir cuentas ni al Partido Conservador ni al Liberal. Simplemente, a un personaje, Andrés, por que los partidos se han desdibujado.

CG.: Y mucho más en esta campaña.

G.H.: Cuando las encuestas favorecían a Uribe, los conservadores corrieron para allá. Por su puesto, algunos optan por otras adhesiones y conservan así algo de dignidad frente a las amenazas de autoritarismo.

C.G.: Algo delicado para una democracia que no es sólo la decisión de una mayoría sino que consiste en los procesos de discusión, participa ción y movilización política, donde caben la diversidad de opiniones. Y no es compatible con ella un ambiente proclive al autoritarismo.

G.H.: En lo que nos viene hay una cierta figura, una especie de neofranquismo, con una serie de factores de familia, e inclusive religiosos. Me impresionó que en el discurso de Uribe, él se hubiera tenido que dar la bendición. Y también que en la víspera nos hayan tenido que mostrar al doctor Serpa comulgando. Idéntico a cuando nos mostraron al doctor Samper en una misa en la catedral de Medellín. Hay en esto una especie de intento de manipulación de la conciencia religiosa de la gente. En su discurso, el presidente insiste mucho en eso como si la política y la acción social consistieran simplemente en seguir el ejemplo del gobernante. Es delicado cuando se piensa que los principios morales y políticos, y los derechos humanos dependen del ejemplo que dé el gobernante.

C.G.: Eso significa que el país no está suficientemente institucionalizado, porque si lo estuviera el talante del gobernante sería secundario y entre nosotros no lo es, como lo muestra el ambiente proclive al autoritarismo.

G.H.: Algo muy preocupante.

C.G.: Mucho más cuando antes que el doctor Uribe se posesione, ya existe censura. Columnistas a quienes no se les publica un artículo crítico del futuro gobernante o de su vicepresidente, o las librerías que se niegan a vender un libro que pone en tela de juicio los antecedentes políticos del gobernante.

G.H.: Ampliemos el tema. Aquí es fácil que haya gente que al oírnos hablar así, lo primero que pregunten sea: ¡Ah! ¿Entonces están de acuerdo con la guerrilla y la violencia? Aquí no nos pasó algo muy parecido a lo de Francia en que la única alternativa que había a la ultra derecha, era la derecha de Chirac.

CG: ¿Quiere hacer un paralelo?

G.H.: Aquí nos pintaron las cosas de tal manera, que la única alternativa a la violencia era la derecha de Alvaro Uribe. Así la gente dijo: “Ajustemos de una vez cuentas y elijamos en la primera vuelta”. Inclusive con expresiones lamentables de gente y de liberales importantes que decían: “Ahorremos una segunda vuelta”. Incluso desde el punto de vista económico. Son gente que evidencia así lo que vale para ellos la democracia colombiana: no más de 60 mil millones de pesos.

CG.: Muy poco precio...

G.H.: Como si un debate electoral no abriera la posibilidad de comprometer más al candidato en algunos temas, y sobre todo, de ilustrar más a la opinión pública con respecto a lo que está en juego. Aquí nos pintaron las cosas —sobre todo los medios y muchos políticos— como que si usted está en contra de la violencia, no hay más, hágale por Uribe. Sin cuidar la idea de que el autoritarismo no es lo mejor para sacar a los pueblos de una crisis.

C.G.: Algo más, Guillermo, de ordinario nos invitan a pensar en el fin, de acabar la violencia y la subversión, propósito en el que todos debemos estar de acuerdo, pero sin discutir con cuáles me dios se va a acabar la subversión.