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A seguir soñando

Por Jaime Enríquez Sansón   

“Hasta mañana Colombia, voy a seguir soñando” fueron las palabras de la niña Mariana Pajón escritas la noche del sábado en una de las redes sociales para sus seguidores de todo el mundo.

La carismática deportista agregó así a su ya significativa lista de dichos buenos y positivos,

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Por Jaime Enríquez Sansón   

“Hasta mañana Colombia, voy a seguir soñando” fueron las palabras de la niña Mariana Pajón escritas la noche del sábado en una de las redes sociales para sus seguidores de todo el mundo.

La carismática deportista agregó así a su ya significativa lista de dichos buenos y positivos,

uno más de sano optimismo, de visión limpia de la vida, de fe y esperanza. Pues Mariana Pajón cuando corre y cuando habla nos parece el más fresco breviario de autosuperación y de pensamiento positivo. Veamos algunas de sus expresiones:

“Pelee con el corazón de todos los colombianos”

“Con mucha energía. Creyendo en mí, que lo podía lograr”.

“Disfruté de todo en cada momento”.

“Desde que subí las escaleras pensé que era un momento único con toda Colombia mirando y no podía defraudar”.

“Estaba muy positiva porque sabía que me había preparado bien, con buenos entrenamientos. Cada vez estaba mejor. Sobre todo aquí”.

“Mejoraba los tiempos y disfrutaba la competición”.

“Todo pasa por algo y cada cosa llega en su momento”.

“Voy a disfrutar esto y seguiré preparándome para dar muchas alegrías a mi país”.

“Sentía presión porque Colombia entera pensaba en mí y que podría lograrlo”.

“He soñado muchas veces con esta medalla”.

“Tendré que despertarme mañana y darme cuenta de lo que hice”.

“Todos los días son para conquistar el oro”.

Mariana Pajón ha dicho eso y muchas cosas más. Podíamos coleccionar sus declaraciones y bien quedaría al lado de Cornejo, de Mandino, de Silva y de muchos otros autores de textos que han inspirado muchedumbres. Inspira y puede inspirar a los colombianos de hoy en todos los sitios en los cuales se debe combatir contra tantos escollos: contra la violencia, primero. La violencia política, la violencia intrafamiliar, la violencia contra la mujer, contra la infancia, contra la vida en gestación, contra la vida en botón. Y combatir también contra la injusticia. Contra el indebido aprovechamiento de recursos (los de la salud, los de la niñez, los de las contrataciones). Contra los atentados, las minas antipersona, las voladuras del oleoducto, los falsos positivos, los micos en los recintos sagrados de las corporaciones públicas, la indolencia del ciudadano, la mentira del gobernante, el matoneo entre la comunidad estudiantil, las defraudaciones, los asaltos a la economía doméstica desde el manejo de los servicios públicos y la banca; contra la manipulación de las masas mediante el veneno de los “realities” y los “yo me llamo”, y la manipulación de los gustos de los consumidores a quienes se nos impone el tamaño litro o medio litro o dos litros y medio de la gaseos, y la manipulación de la voluntad infantil a la cual se le ha cambiado el carrito de madera o las muñecas de trapo por las barbies y los hombre-arañas que se cotizan en dólares.

Todos los días son para conquistar el oro, cierto. Pero el oro en el sentido de los mejores logros y no en el sentido del dios dinero que dizque todo lo consigue menos la tranquilidad de las conciencias. Y cada cosa llega en su momento, también verdad. Pero hay que buscar ese momento, hay que luchar, hay que continuar en la preparación y hay que seguir con el pregón desafiante, de frente contra lo vergonzoso practicado por unos pocos saqueadores de los recursos naturales y por unos vendepatrias que se entregan a la voluntad de la banca mundial.

Y seguir soñando en la bondad de las gentes de bien, en la bondad de las grandes mayorías de colombianos, como sueñan aún los sin techo, los sin pan, los sin trabajo, los sin libros, los sin “computadores para educar” (como si sólo los computadores educaran), los sin ropa o sin zapatos. Como sueñan los engañados por iglesias y pastores indignos; los sindicalistas perseguidos, los embaucados electores, los defraudados votantes, los explotados militantes de las viejas o nuevas colectividades. Esos distribuidores cándidos de hojas de vida que duermen en el fondo de los escritorios de los caciques mentirosos de siempre, de quienes viatican y distribuyen recursos a su antojo y a favor de sus familias, de sus queridas, de sus favoritos, o a cambio de un determinado porcentaje de los ingresos de los notarios o de los beneficiados con la administración de los bienes de la dirección nacional de estupefacientes.

Es grande y espinoso el trayecto que debe transitar cada día el colombiano del montón. Pero no debe perder las esperanzas, debe soñar como sueña Mariana y dejar que lata el corazón emocionado al eco de ese Himno, el más hermoso del mundo pese a sus giros culteranos y a su a veces incomprendidas alusiones, pues soñar nos da un segundo aire de vida cada día, nos fortalece para luchar, mejora nuestra sintonía con la existencia. Además, en esta patria que tanto queremos, tal vez lo poco que nos queda sea eso: soñar porque soñar no cuesta nada.

jrenriquez@yahoo.com

Pasto, 13 de agosto de 2012

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