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Alcalde propone acabar con las fiestas populares

Por José Arlex Arias Arias  

El señor Bruce Mac Master, uno de los siete acaldes que ha tenido la ciudad de Cartagena en menos de once meses, propuso acabar con las Fiestas de Noviembre o de la Independencia, tras las 24 muertes que se presentaron el fin de semana transcurrido

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Por José Arlex Arias Arias  

El señor Bruce Mac Master, uno de los siete acaldes que ha tenido la ciudad de Cartagena en menos de once meses, propuso acabar con las Fiestas de Noviembre o de la Independencia, tras las 24 muertes que se presentaron el fin de semana transcurrido durante las mismas. Mr Bruce, director nacional del Departamento de la Prosperidad Social, alma del asistencialismo y por doquier del clientelismo reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos, con el argumento de la “seguridad ciudadana”, proscribió las fiestas barriales conocidas como “bandos” o “cabildos”, único espectáculo público que tienen los cartageneros, lo cual originó enfrentamientos con la policía, que llegó con órdenes de arremeter contra la población, como quedó demostrado en múltiples denuncias que duermen “el sueño de los justos”. La implementación y propagación de dichos bandos o cabildos son el trabajo de “avivamiento” que gestores culturales, especialmente independientes, han venido manteniendo para acentuar el verdadero sentido de “Las fiestas de Independencia”, que conmemoran las gestas de nuestros héroes –Cartagena debe ser su pregonera- y rescatarlas de las garras de los mercantilistas, politiqueros y clientelistas. 

En Colombia se aplica el modelo económico neoliberal, que se ha venido profundizando y del cual Cartagena es el laboratorio predilecto, tomada como “conejillo de indias” hasta el punto que fue la puerta para: la venta de las empresas estatales -Puertos de Colombia, Alcalis, Conastil-, privatización de los servicios públicos -liquidación de las Empresas Públicas Distritales para dar paso a la concesión de agua, luz, teléfono, alcantarillado, aseo y gas-, liquidación de hospitales y privatización de sus vías, con la colocación de cinco peajes privados en el perímetro urbano. Todo esto ha ahondando la crisis económica y social de la población, arrojando cerca de setecientos mil habitantes a deambular entre la miseria y la pobreza, que como en el pasaje bíblico del “Rico Epulón y Lázaro”, esperan el mendrugo que dejan los portentos que llegan a disfrutar de la paradisíaca ciudad, cuyas riquezas, por naturaleza y justicia, les debía corresponder a todos sus habitantes.

Claro, que Cartagena es un polvorín de miles de padres de familia rebuscándose día a día, muchos recurriendo a actos ilegales, para conseguir la subsistencia. Claro, que la palmaria desigualdad e inequidad están formando un caldo de cultivo lo suficientemente explosivo, que no podrá ser controlado sólo con la política represiva sino con mucha inversión social; en cuyo caso el presupuesto del Distrito y en general su erario sigue secuestrado por los financistas de las campañas políticas y por los “negociantes” que se quedan con los dineros que deben llegar a las comunidades. Claro, que Cartagena está asentada en ese polvorín, pero no es de exclusividad de los “Heróicos”, sino que existen millones de personas quienes padecen este flagelo en todas las ciudades de Colombia.   

Para los neoliberales, la base esencial de cualquier actividad es que sea auto sostenible, es decir, que produzca lo necesario para poder subsistir; con ello quedan en desuso los presupuestos estatales suficientes. El dogma ordena al Estado no intervenir en la implementación de servicios fundamentales y esenciales como educación, salud, seguridad social, servicios públicos, entre muchos, por lo que la cultura y sus manifestaciones pasan a ser actividades de último orden. Con base en este principio, desalojan y se apropian de las Fiestas, les quitan su protagonismo y las van marchitando, mientras le otorgan todas las garantías al Reinado de Belleza, que era del patrimonio de las Fiestas de Noviembre, hoy de la Independencia, con una patente que lo convirtió en un lucrativo negocio. El pueblo tiene derecho y debe exigir el presupuesto para sus fiestas, que implican goce, disfrute, recordación, recrear sus tradiciones, satirizar sus penas, recurrir a su imaginario, rechazar la iniquidad y disfrutar de sus vivencias culturales.

¡El pueblo tiene que defender sus Fiestas de los bucaneros de nuevo cuño, que piden su extinción para luego privatizarlas, tal como viene sucediendo en todo el país!
arlexariasarias@hotmail.com

Cartagena, 19 de noviembre de 2012.

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