Alianza Pacífico. Emilio Sardi

Si algo dejó claro la reciente Cumbre de Alianza Pacífico (AP) es que no hay nada claro en esa quimera. Eso es normal. Desde el nunca suficientemente lamentado gobierno de Gaviria, nuestra práctica es entrar en negociaciones internacionales sin estudios serios que definan los objetivos del país, sus posibles beneficios y sus seguros costos. El caso de la AP no es la excepción. Como en las veces anteriores, con la AP no sabemos para dónde vamos ni cuánto costará el viaje.