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Banquero ultraconservador sindicado de narcotraficante gana Presidencia del Paraguay con partido de Stroessner

El pasado domingo 21 de abril ganaron los de siempre en Paraguay. El Partido Colorado, el que gobernó el país durante seis décadas hasta 2008 -incluidos los 35 años de la dictadura de Alfredo Stroessner -, el que fundó el general Bernardino Caballero en 1887, el mismo que fraguó su identidad bajo el lema Iglesia-Estado-Fuerzas Armadas. Ganaron los de toda la vida, pero no con la gente de siempre. Para vencer en las presidenciales y legislativas, el partido de los 22 presidentes tuvo que admitir en su seno hace cuatro años al empresario

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El pasado domingo 21 de abril ganaron los de siempre en Paraguay. El Partido Colorado, el que gobernó el país durante seis décadas hasta 2008 -incluidos los 35 años de la dictadura de Alfredo Stroessner -, el que fundó el general Bernardino Caballero en 1887, el mismo que fraguó su identidad bajo el lema Iglesia-Estado-Fuerzas Armadas. Ganaron los de toda la vida, pero no con la gente de siempre. Para vencer en las presidenciales y legislativas, el partido de los 22 presidentes tuvo que admitir en su seno hace cuatro años al empresario

tabacalero Horacio Cartes. En un país donde el voto es obligatorio, Cartes no había votado nunca en sus 56 años de vida, ni siquiera en unas municipales. Los estatutos del partido exigían una afiliación mínima de diez años para presentarse como candidato presidencial. Pero el escollo lo solventó Cartes promoviendo la modificación de los reglamentos en enero de 2011.

El amplio triunfo de Cartes parece indicar una nítida corrección a un período que podría quedar como una anomalía de la historia paraguaya. El primer capítulo de esa fase anómala fue el gobierno del centroizquierdista Fernando Lugo. El segundo, tras el golpe de palacio contra Lugo, el mandato de diez meses del Partido Liberal Radical Auténtico. Jamás había gobernado un presidente de centroizquierda. Nunca un liberal. Paraguay fue siempre para el Partido Colorado. Muchas veces por elecciones. Y muchos años por tiranía. El largo ciclo de Alfredo Stroessner terminó en 1989 con el golpe de Andrés Rodríguez, que inició una transición sostenida por el entonces presidente Raúl Alfonsín.

La investigadora argentina Lorena Soler, una de las pocas expertas sobre Paraguay en el Conicet, definió a Cartes como “un empresario oscuro, dedicado entre otras cosas al comercio ilegal de tabaco con Brasil”.

Lo cierto es que ese personaje es el que encabezará un nuevo gobierno colorado que tendrá amplísimo apoyo en las dos cámaras. Cartes también obtuvo un triunfo resonante en Asunción.

Hicieron un mal cálculo los liberales si pensaron que la presidencia de Federico Franco, el vice de Lugo que lo terminó reemplazando luego del juicio político más corto de la historia, con menos de 48 horas en junio de 2011, remataría en una presidencia validada por el voto popular.

En aquel momento Franco envió a su prima a negociar un gobierno bipartidario con Cartes. El empresario le dijo que los senadores colorados apoyarían el golpe de mano en la Cámara alta pero que Franco debía gobernar solo. Le transmitió que se quedara tranquilo y completase el mandato.

Surgió la candidatura liberal de Efraín Alegre, y con ella la esperanza de conseguir que una anomalía de facto se convirtiese en el primer período legal de un ciclo dominado por el PLRA. Los resultados de ayer sepultaron la esperanza y demostraron que Cartes ya vislumbraba en 2011 lo que quería y lo que podría lograr: que los liberales se quemaran en solitario y, frente a la escasa construcción y la división del centroizquierda, quedase claro para todos que Paraguay es colorado o no es.

Los liberales y los colorados tienen líneas internas que van desde la derecha a la izquierda como el peronismo o el radicalismo en la Argentina. La diferencia es que, mientras peronistas y radicales nunca pilotearon gobiernos inconstitucionales, los colorados tienen en su historia al stronismo y los liberales se apuntaron en el último tiempo el mandato golpista de Franco.

Los resultados de las dos fuerzas de centroizquierda confirmaron que la edificación de partidos sólidos durante la presidencia de Lugo fue una enorme debilidad que facilitó el golpe y ayer no colocó a ninguno de los dos candidatos en segundo lugar.

 

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