Por Antonio Caballero
La columna de prensa del embajador Whitaker es un buen ejemplo de que la falsedad es parte indisoluble de la diplomacia.
El fiscal Montealegre, otro que ya se volvió loco como un caballo desbocado, como les pasa últimamente a todos los que llegan a un alto cargo en Colombia, está también actuando como si fuera presidente de la República: da órdenes aquí y allá, señala acullá, denuncia acá, insulta… se me acaban los adverbios de lugar. Y además legisla, juzga, sentencia, ejecuta. Como si fuera el procurador Ordóñez. O el senador Uribe.
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