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Nacional

Desterrados por exceso de méritos

Por Cecilia Orozco Tascón  

Desterrado 1.- Ante un sector empresarial extraño al tema, el jefe de Estado se refirió al veto que su gobierno, no la Nación, le puso a la candidatura de un colombiano a la presidencia del Banco Mundial (BM).

Se trata del economista más importante del país en años, a pesar de que esta verdad les duela a los ególatras: José Antonio Ocampo.

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Por Cecilia Orozco Tascón  

Desterrado 1.- Ante un sector empresarial extraño al tema, el jefe de Estado se refirió al veto que su gobierno, no la Nación, le puso a la candidatura de un colombiano a la presidencia del Banco Mundial (BM).

Se trata del economista más importante del país en años, a pesar de que esta verdad les duela a los ególatras: José Antonio Ocampo.

Santos explicó su posición con una alta dosis de veneno: “No es que no nos guste el doctor Ocampo. Él ha querido… ser directivo de una institución multilateral. Quiso ser presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. En su momento Álvaro Uribe le dijo que no… porque estaba apoyando a Luis Alberto Moreno, quien salió elegido. Luego quiso ser director del Fondo Monetario Internacional y hace unas semanas, a través del embajador en Inglaterra, me preguntó (si lo respaldaríamos para el BM)”. El mandatario añadió para justificarse: “el representante nuestro en la OIT por parte del sector privado es el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas. (Éste) me dice que sería fatal que apoyáramos (a Ocampo)… porque debilita nuestra candidatura en la OIT, que ya es bastante difícil”.

Con su declaración descortés, el presidente de la República envió un mensaje obvio y otro que se le filtró. El primero: detesta a Ocampo y está dispuesto a atravesársele a su aspiración, valorada, en contraste, por otros países. Santos apuntó, además, a barrer el prestigio del aspirante al BM con la sugerencia de que es un loquito que anda ‘lagartiando’ puestos internacionales. Nada más irreal. La trayectoria de Ocampo se defiende sin necesidad del certificado de notarios criollos. El mensaje que se le coló al doctor Santos involuntariamente fue revelador: el representante de los industriales reunidos en la Andi protege la candidatura de Angelino Garzón a la OIT. De seguro, si Villegas desea que Garzón acceda al escenario transnacional de defensa de los trabajadores, no es por patriotismo. Debe ser porque le conviene. En efecto, todo indica que en su gremio no existe el término gratis. Por fin confirmamos, de fuente oficial, de cuál lado está y va a estar el señor vicepresidente. Desterrada 2.- El día de la liberación de los 10 uniformados que se encontraban desde hace 13 años en poder de las Farc, el presidente Santos habló: “Quisiera darle las gracias, muchas gracias, al grupo de prestigiosas mujeres que vinieron a acompañar esta liberación; quisiera darle las gracias al gobierno de Brasil, a la Cruz Roja Internacional…”. ¿Perdón? Les agradece a todos, a Rigoberta Menchú, a Socorro Gomes, otros visitantes, ¿y “las mujeres” de su patria no existen? Piedad Córdoba, Marleny Orjuela y quienes han luchado durante años por el regreso de los políticos y los uniformados de las clases bajas que los sucesivos gobiernos no pudieron o no tuvieron la voluntad de rescatar, ¿no merecen un pequeño gesto de caballerosidad, si no de reconocimiento? Juan Manuel Santos debería responder si estas o las demás liberaciones se habrían producido sin el terco esfuerzo de la exsenadora, despojada de su credencial por un juez parcializado y con razones más ideológicas que jurídicas.

Como lo han hecho sus antecesores, el presidente salió, en segundos, ante las cámaras, al lado de los exsecuestrados. Cobraba así, el crédito. El show inaceptable en otros, es bueno para sí. En un mundo de vanidades como el que prima en el entorno político, es común que se nieguen las cualidades del contrario. O incluso, que se incentive su liquidación profesional y ética. Lo diré con franqueza: la actitud del mandatario frente a Ocampo y Córdoba raya en la mezquindad. De humanos son los sentimientos egoístas. Pero de quien es hoy el número uno de los colombianos se esperaría que tuviera, no ya un espíritu generoso, pero sí el sentido de la oportunidad.

El Espectador, abril 4 de 2012.

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