Por Agustín Lewit / CELAG
En rigor, nadie que se proponga mirar con justicia lo sucedido en la región durante los últimos años, podría desconocer los notorios avances socio-económicos que han alcanzado a las mayorías populares suramericanas. No obstante ello, sería un grave error desconocer que nuestras sociedades aún se siguen erigen sobre estructuras fundamentalmente desiguales.
Dicho de otro modo: la variopinta batería de políticas heterodoxas que los nuevos gobiernos progresistas llevaron a la práctica en la última década larga, aún cuando la misma haya subsanado muchas de las lesiones provocadas por las décadas neoliberales logrando trazar, además, nuevos contornos a los procesos distributivos, sigue encontrando hasta ahora un límite concreto en la desigualdad intrínseca al orden capitalista que -más allá de los giros discursivos- aún permanece intacto en sus aspectos fundamentales.
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